sábado, 17 de mayo de 2014

La ciencia destapa la verdad de Treblinka que los nazis quisieron ocultar.

Caroline Sturdy Colls excava en una de las fosas comunes previamente desconocidas.
Imagen: Dra. Caroline Sturdy Colls
Las fosas comunes clandestinas suelen ser incómodos recordatorios de crímenes del pasado para los perpetradores de los mismos o para quienes en la actualidad se benefician de los frutos de tales crímenes. El holocausto cometido por los nazis en tiempos de la Segunda Guerra Mundial no se puede esconder, pero sí ha habido casos en los que la destrucción de campos de exterminio por parte de los nazis, en un intento de eliminar pruebas de las atrocidades allí perpetradas, ha permitido minimizar la magnitud de las masacres.

Un ejemplo de esto es el del campo de concentración de Treblinka en Polonia. En ese campo de concentración (integrado de hecho por un campo de trabajos forzados y por otro de exterminio), los nazis asesinaron a unas 800.000 personas. Cuando abandonaron las dos partes del campo en 1943 y 1944, intentaron ocultar los rastros de sus crímenes. De cara a una corte penal, no es lo mismo un campo de prisioneros donde las condiciones sean duras, que un campo de exterminio cuya única finalidad es matar hombres, mujeres y niños, bebés incluidos. Se calcula que la esperanza media de vida en el campo de exterminio de Treblinka era de una hora y media. No había barracones para los prisioneros que llegaban porque una vez bajaban de los trenes comenzaba su itinerario final que culminaba poco después en las cámaras de gas. No extraña pues que los nazis se empleasen a fondo en borrar del mapa aquel lugar monstruoso, arrasando todos los edificios, quemando tantos restos humanos y tan a fondo como pudieron, tapándolo todo con tierra, y por último dándole a la zona el inocente aspecto de tierras agrícolas. Esto resultó en la percepción popular de que el campo de concentración había sido destruido más allá de cualquier posibilidad de hallar en él vestigios significativos de las masacres, y por eso se desistió de intentar localizar las evidencias de los crímenes o encontrar fosas con restos mortales de las víctimas.

Por su parte, los escépticos del holocausto nazi han usado durante décadas el campo "fantasma" de Treblinka como argumento a favor de su tesis.

A ello ayudó la escasez de testigos vivos. Fueron menos de cien los prisioneros supervivientes del campo de Treblinka que fueron encontrados al terminar la guerra, incluyendo a Hershl Sperling, quien logró escapar del campo trepando por pilas de cadáveres hasta poder saltar la alambrada, y que tras su recaptura y estancia posterior en el temible campo de concentración de Auschwitz describió a este último como un "paseo por el parque" en comparación con el campo de Treblinka. La conveniencia para el Tercer Reich de deshacerse de testigos de lo que se hacía en Treblinka también abarcó a los oficiales que sabían demasiado. Por ejemplo Franz Stangl, oficial de las SS que estuvo al mando del campo de exterminio, fue enviado al frente por el alto mando, tras el desmantelamiento de dicho campo, asumiéndose que él, al igual que otros en su misma situación, no sobrevivirían a los combates y por tanto no podrían explicar nunca nada sobre el genocidio. Sin embargo, en contra de sus previsiones, Stangl llegó con vida al final de la guerra. Arrestado inicialmente por el bando aliado solo por sus actividades como combatiente en la última etapa de su carrera, cuando estaba a punto de ser liberado se comenzó a sospechar de su implicación previa en crímenes contra la humanidad, pero entonces logró fugarse y empezar una nueva vida, primero en Siria y después en Brasil, donde en 1964 fue localizado por el famoso cazador de nazis Simon Wiesenthal, y tras estrecharse el cerco en torno a él se consiguió en 1967 su detención, seguida luego por su extradición.

Con tan pocos testigos, y tan difíciles de encontrar, y ante la aparente ausencia de pruebas materiales de lo que se hacía en ese campo de concentración "fantasma", los escépticos del holocausto tuvieron durante décadas sus mejores bazas para defender la tesis de que en Treblinka no se exterminó gente.

Sin embargo, en años recientes, el progreso tecnológico en arqueología forense, así como diversos hallazgos, han demostrado más allá de toda duda que en el lugar se conserva una cantidad considerable de pruebas contundentes de la actividad en ese campo de concentración.


Cartucho de bala extraído de bajo tierra // Imagen: Dra. Caroline Sturdy Colls
El equipo de la arqueóloga forense Caroline Sturdy Colls, con la que desde NCYT de Amazings hemos estado en contacto con ocasión de la preparación de este artículo, ha hecho una labor admirable en Treblinka, sacando a la luz cuantiosas pruebas de las atrocidades nazis allí cometidas.

Entre otras actividades vinculadas a su oficio de arqueóloga forense, Sturdy Colls, del Centro de Arqueología de la Universidad de Staffordshire en el Reino Unido, hace trabajos para la policía británica en actividades de búsqueda y extracción de restos mortales ocultos bajo tierra. Esta joven y brillante científica está especializada en fosas comunes clandestinas, y en la investigación de antiguos campos de concentración nazis. Teniendo en cuenta las dificultades con que a veces se topan los proyectos de excavación de este tipo, Sturdy Colls ha desarrollado una metodología no invasiva que permite satisfacer las necesidades científicas sin perturbar los aspectos éticos y religiosos vinculados a la exhumación de restos mortales de difuntos de épocas recientes.

La investigación del equipo de Sturdy Colls en el campo de concentración de Treblinka, uno de los más letales del régimen de Adolf Hitler, ha recibido recientemente una notable atención periodística tras la emisión de los documentales "The Hidden Graves of the Holocaust" ("Las Fosas Ocultas del Holocausto") en Radio 4 de la BBC, "Treblinka: Hitler’s Killing Machine" ("Treblinka: La Máquina de Matar de Hitler") en el Smithsonian Channel, y "Treblinka: Inside Hitler’s Secret Death Camp" ("Treblinka: Dentro del Campo de Exterminio Secreto de Hitler") en el Canal 5 del Reino Unido. Esta difusión de la labor de investigación realizada por el equipo de Sturdy Colls llega a raíz de la presentación pública de los últimos resultados obtenidos en Treblinka. El trabajo allí realizado ha conducido al descubrimiento, entre otros, de restos de las cámaras de gas, y ha permitido marcar la ubicación exacta de fosas comunes por vez primera.

Desde que completó su doctorado en Arqueología del Holocausto, Sturdy Colls se ha esforzado por sacar a la luz algunas de las tenebrosas páginas de la historia del Tercer Reich que éste intentó hacer desaparecer bajo tierra. En los últimos años, Sturdy Colls ha trabajado duro para aclarar con precisión forense lo que hay en el subsuelo de Treblinka y la magnitud de lo que allí ocurrió. Para lograr este objetivo, primero tuvo que ganarse la confianza de las autoridades del Museo de Treblinka, lo que consiguió gracias a la citada metodología de trabajo no invasiva de la cual ella es una pionera. Al permitírsele trabajar allí, la investigación arqueológica de Sturdy Colls se convirtió en la primera desde finales de la década de 1940, cuando finalizó la última de las realizadas tras la caída del régimen de Adolf Hitler.

 Descrito como el más "perfeccionado" de los campos de exterminio de la Operación Reinhard (el plan para aniquilar a los judíos polacos y a otras personas), el campo de Treblinka, construido en 1942, fue el escenario de matanzas sistemáticas que acabaron con la vida de unos 800.000 judíos europeos, polacos, gitanos y prisioneros políticos. Situado a 108 kilómetros de Varsovia, esta remota área boscosa albergó un centro de exterminio (Treblinka II), que constaba de un complejo de cámaras de gas, barracones para personal, fosas comunes y, más tarde, piras de cremación. En su momento álgido, Treblinka II era capaz de "procesar" entre 10.000 y 12.000 personas al día.

Además, la existencia de un campo de trabajos forzados en el lugar (Treblinka I), que estuvo operativo desde 1940 hasta casi un año después de que fuera cerrado Treblinka II, facilitó la puesta en práctica de la política nazi de convertir a los prisioneros en esclavos y hacerles trabajar hasta morir.

Sin embargo, a pesar de la importancia del campo de Treblinka en la puesta en práctica de la Solución Final, así como para la Operation Reinhard y para la historia del Holocausto en general, el conocimiento de la antigua función del lugar se ha ido desvaneciendo de la conciencia del público en general. Se han hecho pocos intentos después de la guerra de evaluar las evidencias físicas relacionadas con los dos complejos del campo y se ha estado argumentando durante mucho tiempo que los nazis destruyeron con éxito todos los rastros del campo de exterminio cuando lo abandonaron en 1943.

Asumiendo que era imposible que no quedase bajo tierra ningún vestigio de las atrocidades nazis, y que mediante la tecnología moderna (ver nuestro artículo "Impulsando avances en técnicas geofísicas para detectar fosas clandestinas", http://noticiasdelaciencia.com/not/7361/), y una metodología adecuada a la situación, se podrían obtener resultados con una eficacia mucho mayor que al acabar la Segunda Guerra Mundial, se puso en marcha el programa descrito de investigación arqueológica forense, con el objetivo de identificar, documentar y analizar todas las evidencias físicas conservadas en este escenario del genocidio.

La metodología empleada para documentar los restos físicos delatadores incluye rastreos por GPS, confección de mapas topográficos, e inspección geofísica no invasiva del subsuelo (usando radares con capacidad de penetrar bajo tierra).


Aquí había una cámara de gas // Imagen: Dra. Caroline Sturdy Colls
Los hallazgos hechos hasta ahora documentan, entre otras cosas, que las ruinas de muchos de los edificios del campo, que no son visibles en la superficie, existen bajo tierra, y que la extensión del campo de exterminio (Treblinka II) fue mucho mayor de lo que se ha venido asumiendo hasta ahora. Mediante inspecciones arqueológicas sobre el terreno, exploraciones geofísicas, análisis de fotografías aéreas y de datos obtenidos mediante radar de tipo LiDAR, se ha conseguido identificar cerca de un centenar de estructuras, así como detalles de las mismas, que encajan con la historia del campo.

Los análisis del rastreo mediante LiDAR sugieren que existen en el lugar varias fosas comunes anteriormente desconocidas. No fue posible llevar a cabo inspecciones geofísicas en esas áreas debido a que el bosque ha crecido hasta cubrir toda su superficie y es muy espeso.

Pequeñas excavaciones en puntos seleccionados a partir de análisis de datos del LiDAR han confirmado la presencia de fosas comunes previamente sin marcar. También se han hallado restos humanos, algunos quemados y otros no.

La investigación prosigue, tanto en los análisis de las pruebas encontradas como en las inspecciones del terreno, y se prevé detectar muchas más fosas comunes desconocidas. Los informes en revistas académicas, en inglés y en polaco, también se suceden.

Hasta la fecha, el proyecto en Treblinka ha demostrado claramente que existe una considerable cantidad de evidencias enterradas en relación con los campos de exterminio y de trabajos forzados en la zona. El proyecto está permitiendo esclarecer hechos históricos que el nazismo intentó silenciar, y se está logrando cartografiar y caracterizar los dos campos de una manera que aporta datos más precisos y fidedignos de las tragedias sufridas por las víctimas y las acciones perpetradas por sus verdugos y torturadores.