lunes, 19 de mayo de 2014

La operación secreta en Cádiz que pudo cambiar el curso de la II Guerra Mundial.

Imágen de Winston Churchill.
Se trata de una de las historias más fascinantes que los últimos años de la Segunda Guerra Mundial dejó. Se ubica en tiempo en los últimos años de la contienda bélica donde la isla italiana de Sicilia adquiere un notable valor estratégico y cuando la campaña en África tenía ya vencedores y vendidos: Montgomery por un lado y el astuto (pero derrotado) general Erwin Rommel por el otro con sus temibles Afrika Korps.
Así la situación se comenzaba a establecer la “hoja de ruta” para la invasión de Europa y avanzar hacia Berlín para acabar con el Tercer Reich, con dos escenarios posibles o complementarios: el Atlántico y el Mediterráneo, formar una pinza que acabe con la Guerra y el fascismo.
Así, en ese marco, los aliados creen que una invasión por el sur de Italia y avanzar hacia Europa es ideal, máxime por la buena ubicación y dominio del mismo, así comenzó la lucha por esta zona. Hitler tenía la convicción que una invasión por el Mediterráneo tendría como objetivo la penetración aliada por Grecia y fue las costas del Grecia las que mandó fortificar como previsión.
Fue en la Conferencia de Casablanca (Marruecos) de enero de 1943 cuando el presidente estadounidense Eisenhower y el primer ministro británico Winston Churchil decidieron que el desembarco en el Mediterráneo sería por Italia, por Sicilia y en el mes de julio de ese mismo año.
Alemanes e italianos sabían que la posibilidad de un desembarco aliado estaba próximo y se esforzaba en vigilar cualquier enclave. La Luftwaffe controlaba aquel espacio aéreo y suponían una amenaza para cualquier intento aliado. Así comenzó la tarea de “despiste” que tenían planeada los aliados, con una campaña que debía engañar al servicio secreto alemán, la Abwehr. La misión era hacer creer que, efectivamente, el desembarco sería por Grecia y Cerdeña, pero nunca por Sicilia.
Sir Charles Cholmondley y el capitán de corbeta Ewen Montagu, de la División de Inteligencia Naval del Almirantazgo del Reino Unido, pensando posibles alternativas creyeron encontrar algo que confundiría al enemigo y les daría la ventaja, el historiador Ben Macintyre decía sobre ello que “la idea primigenia surgió de la mente de Ian Fleming, reclutado en aquel momento por la Oficina de Inteligencia Naval británica. Éste se basó en la historia de una novela de detectives publicada en la década de los años 30, escrita por Basil Thomson”.
La acción más hábil fue la llamada “Operación Mincemeat” en la que los aliados dejaron flotar frente a las costas de Huelva el cadáver de un aviador que portaba unos documentos claves para el desembarco, información falsa en la que se daban órdenes concretas de un desembarco por Grecia y Cerdeña. Los nazis cayeron en el engaño, los documentos se enviaron a Berlín y Berlín ordenó centrarse en Gracia y Cerdeña, el resultado había sido el apetecido para beneplácito de los Aliados y condena de los nazis (para mayor información consultar “Nazis en Sevilla”, Absalon).
Pero hubo otra acción muy interesante que es muy desconocida y que se centró en la provincia de Cádiz, el resultado fue negativo pero enseñó el camino del éxito a los aliados.
Todo comenzó en el mes de septiembre de 1942, un hidroavión PBY Catalina se estrella en aguas gaditanas y los restos llegan flotando a Tarifa, a una de sus playas. En aquel avión viajaba un correo, el teniente de navío James Hadden de la Royal Navy cuyo nombre clave era “Paymaster”. Su cuerpo apareció en la playa y debía ser entregado, o recuperado, por las autoridades españolas pues España era un país neutral aunque con influencias del Tercer Reich.
El cuerpo debía llevar una carta del general Mark Clark, general del ejército de los Estados Unidos y “presunto” segundo al mando de la invasión del norte de África.
Varias semanas antes de la invasión habría desembarcado secretamente desde un submarino y llevaría la misión de negociar con las tropas francesas, aliados de la Francia de Vichy y de la política colaboracionista del mariscal Philippe Pétain. Las líneas maestras estaban bien trazadas.
La carta estaba destinada al gobernador de Gibraltar y contenía los nombres de los agentes franceses en el norte de África informándole que la acción militar sería el 4 de noviembre. Este cuerpo debía ser interceptado por las autoridades españolas, registrado, hallada la carta y, debido al interés militar para los nazis, pasado a la inteligencia alemana para que informaran a Berlín. Pero no salió tal y como se planeó, los españoles recuperaron el cuerpo que lejos de ser registrado fue devuelto a los británicos, la misión había sido un fracaso debido a la honradez de las autoridades. La carta no había sido ni tan siquiera abierta.
Así la operación “Paymaster” fue un fracaso pero sentó las bases para que una posterior si resultara atractiva a los españoles para un registro exhaustivo –por otra zona de la costa- y que hallaran un documento que les confundiría, esa operación será la “Mincemeat”, la operación de engaño que cambió el curso de la guerra.