miércoles, 21 de mayo de 2014

Piauí: un gigante para la investigación científica, invisible para Brasil.

El parque arqueológico del estado más pobre del país fortalece la tesis de que el hombre llegó al continente hace 100.000 años. El lugar, sin embargo, está abandonado.
Pintura rupestre que es símbolo del Parque Nacional da Serra da Capivara, en el Piauí, nordeste del país.
La investigadora franco-brasileña Niéde Guidon, de 81 años, se encontraba en una exposición de pintura en el Museu do Ipiranga (São Paulo), al principio de los años setenta, cuando un hombre se le acercó y le dijo:

 -En mi ciudad hay un montón de dibujos como estos.

Guidon, que en esa época era profesora de la École des Hautes Études en Sciences Sociales de Paris, organizó junto a otros investigadores un viaje a São Raimundo Nonato, un municipio del Polígono das Secas, ubicado en el interior de Piauí, un estado del norte de Brasil. Al llegar, los moradores la llevaron a un cobijo de piedra –similar a una caverna, pero menos profundo- en cuyas paredes estaban entalladas imágenes de animales en rojo y escenas de baile, sexo y caza. Guidon decidió entonces dedicarse a la investigación en este lugar. Y allí se quedó.

En 1979, la investigadora consiguió que el área de 129.000 hectáreas fuera demarcada para su preservación, que pasó a ser llamado Parque Nacional da Serra da Capivara. Allí, descubrió con su equipo 1.350 yacimientos arqueológicos con aproximadamente 750 pinturas rupestres, la mayor concentración del continente americano. Fue cuando empezó una disputa científica que tiene el objetivo de demostrar que la presencia del hombre en la región es mucho más antigua de lo que se imaginaba. Las últimas descubiertas en Capivara apuntan a que la llegada a América ocurrió 10.000 años antes de lo que dice la teoría dominante, el paradigma de Clovis First. Indican, además, que la ocupación empezó en Sudamérica, y no en la América del Norte.

Los investigadores Christelle Lahaye y Eric Boëda dirigieron la excavación en la Toca da Tira Peia, en el Parque Nacional da Serra da Capivara. Según una publicación en el periódico científico Journal of Archaeological Science, descubrieron 113 artefactos de piedras lascadas o pulidas, hechas con una materia prima que no había sido antes identificada cerca del yacimiento excavado, lo que indicaría una manipulación de esos objetos por los hombres. El análisis demostró que los artefactos más antiguos habían sido utilizados hace unos 22.000 años.

Estos hallazgos fortalecen las evidencias contrarias a la teoría de Clovis, al mismo tiempo en que dan la razón a Guidon en su lucha, iniciada en los años 70 cuando empezaron las primeras excavaciones en la Serra da Capivara. Para ella, el lugar estuvo habitado hace más de 100.000 años, una fecha considerada “absurda” por los discípulos de Clovis.

Arqueólogos norteamericanos propusieron la teoría de Clovis First en la década de 1930, tras el descubrimiento de las puntas de lanza hechas con huesos de mamut en la ciudad de Clovis, en Nuevo México (EE UU). Los investigadores norteamericanos aseguran que el hombre llegó desde Asia, a pie, hasta esta localidad hace 11.500 años, durante el Pleistoceno (la Era del Hielo). Después, se extendieron por América del Norte y, luego, poblaron el sur.

Sin embargo, las excavaciones del equipo de Guidon, en Piauí, empezaron a cuestionar esta teoría desde el principio, en 1983. En esa época, trozos de carbón hallados en el yacimiento Paraguaio, el primero en ser averiguado por la investigadora, indicaban que la ocupación en este lugar era de unos 31.500 años. En 1984, otros trozos de carbón apuntaban a 32.160 años. Los hallazgos fueron publicados en la revista Natura en 1986. Tras algunos años, sin embargo, hallaron evidencias de 58.000 años y, en 1991, se llegó a la fecha que dejaba, y mucho, a Clóvis detrás: los 100.000 años. “Como el Carbono-14 no funciona para fechas tan antiguas, aplicamos la termoluminescencia, que hace que el material emita luz, lo que permite saber cuándo encendieron el fuego”, cuenta.

Los análisis, considerados “irrefutables” por Guidon, fueron cuestionados por los investigadores que decían que el carbón hallado sería consecuencia de incendios naturales. Guidon y su equipo sostenían que los incendios no eran naturales, porque las marcas estaban solamente en las paredes, dentro del cobijo. Cerca de esos lugares, hallaron evidencias de piedras lascadas por el hombre y de pinturas rupestres. La teoría de la investigadora es que el hombre había llegado desde África directamente a Sudamérica, en una época de seca en el continente africano.

La disputa científica siguió, debido a lo que los expertos llaman “imperialismo académico” norteamericano. Pero las evidencias halladas los últimos años en el propio suelo norteamericano empezaron a demostrar que la teoría de Clovis ya no se sustentaba.

En 2008, en Oregón, investigadores descubrieron, a través del análisis del ADN en huesos humanos, que la ocupación ya se había celebrado hace 14.000 años. En 2011, descubrieron en el llamado complejo Buttermilk Creek, en Texas, 15.528 artefactos de entre 13.200 a 15.500 años. Tom Dillehay, un investigador norteamericano, ya había conseguido en la década anterior el reconocimiento académico por sus descubiertas en el yacimiento arqueológico Monte Verde, en Chile, donde encontró artefactos que datan de 12.500 años atrás.

El año pasado, con la publicación de los nuevos hallazgos en la Serra da Capivara, la comunidad científica volvió sus ojos otra vez al estado de Piauí. Las evidencias de piedras lascadas o pulidas de 22.000 años son menos polémicas que los trozos de carbón de los incendios. Y la tesis de Guidón empieza a parecer menos “absurda”.

“Decir que la llegada del hombre a América hace 100.000 años es algo absurdo no es una afirmación muy científica. En ciencia, uno no puede decir, en principio, que algo no ocurrió. Pero es necesario más datos [para la tesis de Guidon]”, explica Astolfo Araújo, profesor del Museu de Arqueologia e Etnologia de la Universidad de São Paulo.

“Por supuesto que, al hablar de 100.000 años, la gente se queda asustada. En cambio, la presencia del hombre en África es de 200.000 años. No es imposible que alguien haya venido en barco a Sudamérica”, añade.

El profesor subraya que una de las posibilidades para el intervalo entre las evidencias de la presencia del hombre hace 100.000 años y las de hace 22.000 años podría ser la desaparición de la primera población, la más antigua, de América del Sur. “Los mapas del genoma indicaron que nosotros tenemos muy poca variabilidad genética, lo que podría suponer que nuestra población casi se extinguió”, explica. Un estudio publicado en 2008 en American Journal of Human Genetics evidenció que, hace 70.000 años, el ser humano pudo haber encogido a solo 2.000 personas debido al clima extremo. Esta “casi extinción” supuestamente ocurrió durante el intervalo de años que apuntan los descubrimientos en el continente americano.

Según defiende el profesor, hay la posibilidad de que haya habido dos entradas de hombres en el continente americano. Esta hipótesis es defendida también por el profesor del Instituto de Biociências de la USP, Walter Neves, quien descubrió un cráneo de 11.000 años –nombrado Luiza- en la región de Lagoa Santa, en Minas Gerais, un estado del sureste de Brasil. Para Neves, sin embargo, hubo dos olas migratorias desde Asía. La primera, hace 14.000 años, de individuos parecidos a Luiza, y de morfología parecida a la de los australianos y africanos actuales. Esta especie no dejó descendientes.

La segunda llegó hace 12.000 años. Eran individuos con la tipología física del asiático, parecida a la de los indios americanos actuales, según explicó Neves en una entrevista a la revista de la Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo (Fapesp). El profesor, que fue el “enemigo científico” de Guidon durante años, cuenta que finalmente visitó el parque de la Capivara para evaluar la colección de yacimientos, y volvió convencido “al 99,9% de que sí hubo una ocupación anterior a 30.000 años en el lugar”. Pero todavía queda una duda significativa, sostiene en la misma entrevista.

Mientras el debate científico continúa y el Piauí se convierte en un lugar esencial para explicar la llegada de los hombres a América, Guidon, de 81 años, lucha para hacer nuevos discípulos que puedan seguir con sus investigaciones en una región que sufre con la precariedad y la falta de inversiones del Gobierno. La falta de dinero hizo que tuvieran que echar a muchos empleados y que los yacimientos arqueológicos sufrieran por falta de mantenimiento.

Vía: El País