domingo, 11 de mayo de 2014

Somos lo que nuestros antepasados sembraron.

El cultivo de arroz favoreció en Asia el pensamiento colectivo mientras que el de trigo, el individualismo de Occidente.

Los cultivos de arroz favorecen el trabajo colectivo.
Puede que las diferencias entre la cultura asiática y occidental se hayan cimentado durante años en los campos de cultivo. Si americanos y europeos poseen un carácter más individualista e innovador y los asiáticos son, a grandes rasgos, más conformistas y piensan más en la colectividad, quizá sea por su agricultura. Occidente optó por el trigo y Oriente por el arroz. Y en su elección fueron cincelando durante años el carácter de sus habitantes. No solo por lo que comían sino cómo lo cultivaban. El cultivo de arroz favoreció el pensamiento colectivo mientras que el de trigo, el individualismo. Al menos, esta es la conclusión de una investigación que ha merecido la portada de la revista «Science».

Durante años se habían propuesto diferentes explicaciones para determinar los diferentes estilos culturales. Se han tenido en cuenta desde las diferencias de prosperidad («teoría de la modernización») a los índices de enfermedades infecciosas («teoría de los patógenos»).

Thomas Talhem de la Universidad de Virginia (EE.UU.) pensó en una tercera posibilidad, en la «teoría del arroz». Talhem partió de la idea de que lo que realmente importaba era la forma de vida a lo largo de años. Y después se fijó lo que ocurría dentro del mismo continente asiático, con zonas donde se cultivaba tradicionalmente arroz frente a otras donde se había optado por el trigo, dos de los alimentos básicos de la nutrición humana. Descubrió que las regiones del este de China con grandes extensiones de arroz eran menos individualistas que las del oeste o norte de China.

El doble de trabajo para cultivar arroz.

El cultivo del arroz es muy laborioso porque requiere el doble de trabajo desde su siembra hasta su recolección que otros cereales. El arroz necesita mucha agua por lo que los vecinos debían ponerse de acuerdo para regar, construir diques, coordinar la fecha de la cosecha y ayudarse los unos a los otros. Un trabajo en comunidad que no se reproduce con el cultivo de trigo.

El trigo se cultiva en tierra firme, confiando en la lluvia para su riego, de forma que los agricultores pueden depender más de sí mismos, lo que lleva más a una forma de pensar independiente que impregna la cultura del norte de China.

Talhelm desarrolló su teoría del arroz después de haber vivido en China durante cuatro años, llegando al país en 2007 como profesor de inglés en una escuela de secundaria en Guangzhou, en el sur, y trasladándose un año después a Beijing, en el norte, donde vio que la gente era más extrovertida e individualista que en el sur.

La frontera del Yangtze.

Tras su regreso a Estados Unidos, descubrió que el río Yangtze fue un importante divisor cultural en China. «Me enteré de que el río Yangtze ayudó a dividir los dialectos en China y pronto comprendí que también fragmenta más o menos el cultivo de arroz y el cultivo de trigo», dijo. Por ello, trabajó junto con sus colegas chinos realizando estudios psicológicos sobre la forma de pensar de 1.162 estudiantes universitarios chinos de la etnia Han en el norte y sur y en los condados en las fronteras de la división de arroz-trigo.

Los científicos encontraron que los chinos del norte eran más individualistas y analíticos, más similares a los occidentales, mientras que los sureños eran interdependientes, de pensamiento holístico y muy leales a sus amigos.

Vía: ABC