jueves, 1 de mayo de 2014

Tutankamón ya tiene dos tumbas en Luxor.

La inauguración de la copia facsímil de la sepultura a la entrada del Valle de los Reyes se convierte en una rogativa para la vuelta del turismo a Egipto.

Un detalle de la réplica de la tumba de Tutankamón.
La inauguración ayer en Luxor por todo lo alto de la sorprendente copia facsímil de la tumba de Tutankamón provocó escenas dignas de los tiempos del descubrimiento de la de verdad. Por un momento, braceando entre la sudorosa, expectante e impaciente multitud de autoridades, diplomáticos, arqueólogos, periodistas y curiosos que se habían colado, uno sentía que estaba en 1922 y pugnaba por entrar en el sepulcro recién descubierto por Howard Carter y Lord Carnarvon. Solo faltaban la reina Isabel de Bélgica, Lord Alllenby, algunas pamelas, tarbouches rojos, un par de borriquillos y que los soldados de vigilancia llevaran máusers y no metralletas para que la ilusión fuera completa. Incluso pudo verse a un individuo vestido con traje blanco de lino, corbata y panamá que lucía bigote y que parecía el mismísimo fantasma de Carter.

La tentación de decirle “¿Mister Carter, supongo?” al facsímil del personaje era irresistible: “Yes, the man himself”, respondió guiñando un ojo. En realidad era un miembro del cuerpo diplomático; el verdadero Carter hubiera refunfuñado: no le gustaba nada que se perturbara el trabajo en la tumba. La gente, incluidos varios egipcios en galabiya que contribuían a crear ambiente (uno invitaba a visitar su tienda de alabastro y a otro le sonó el móvil con la marcha triunfal de Aida), fue entrando en grupos en el pequeño recinto y mostrando un asombro digno del sepulcro original. Alguien preguntó por lo bajo si no se habrá hecho también un facsímil de la maldición…

La nueva tumba de Tutankamón, si se la puede llamar así, no posee nombre oficial, claro (pongamos KV 62 bis), aunque el letrero, en un simpático acto de verismo, lo ha hecho el mismo artesano que confeccionó el de la auténtica (y las otras del Valle de los Reyes). El facsímil no está en el mismo Valle sino en su entrada frente a El Taref y muy adecuadamente a veinte pasos de la antigua casa de Carter, convertida desde hace años en museo y con la que a partir de ahora compone un polo de atracción cultural muy interesante.

Fundida con el paisaje desértico, la tumba –cuyo acto de inauguración oficial incluyó una auténtica rogativa general para la vuelta del turismo- arroja una imagen muy romántica y transpira autenticidad. El acceso es más fácil que en la de verdad (que sigue siendo visitable, lo que invita a comparar ambas); no hay escaleras sino una corta rampa poco empinada que introduce al visitante, a través de un pasillo, en la antecámara. La reja de la entrada es igual que las auténticas del Valle.

El facsímil ha sido creado por la empresa Factum Arte de Madrid, puntera en la realización de copias exactas de grandes obras artísticas, mientras que la construcción arquitectónica en buena parte subterránea que lo acoge la ha realizado el Tarek Waly Center de El Cairo. En realidad, el facsímil, esto es la reproducción milimétricamente idéntica (a la micra), es solo la cámara funeraria de la tumba, con las pinturas y el gran sarcófago de cuarcita rojo. El resto (la entrada, la antecámara, el anexo y la pequeña habitación denominada tesoro) son recreaciones aproximadas para rodear con propiedad al facsímil y se ha hecho un esfuerzo para, por ejemplo, que las paredes tengan un aspecto de picado como el de la piedra de las tumbas del valle, aunque no son de roca. En la antecámara se ha instalado una exposición (con textos de Jaromir Malek y Nicholas Reeves) sobre el hallazgo y la investigación de Carter, y en el anexo un facsímil de la pintura perdida al romper los descubridores la pared para acceder a la cámara funeraria, y una muestra muy elocuente de los daños actuales en la tumba original. 

Un momento de la inauguración de la réplica de la tumba de Tutankamón en Luxor.
Cuando uno entra en la tumba, si conoce la de verdad, siente una rara sensación de “esto es y no es” y un lógico déjà vu. En la antecámara se echa a faltar la momia de Tutankamón, instalada en una urna acristalada en su tumba desde 2010. “Renunciamos a hacer un facsímil de la momia”, subraya Adam Lowe, director y fundador de Factum Arte, “me parece humillante mostrarlo así a los turista”. Lowe considera que sería un “show freak” y “un crimen” exhibir una copia del cuerpo.

Cuando uno desciende a la cámara funeraria –el sanctasanctórum de la tumba y de su copia- la impresión de realidad es muy intensa aunque, siendo estrictos (o puñeteros), se percibe la ausencia de la digamos pátina de verdad del original. Al golpear suavemente las paredes o el sarcófago te das cuenta de que los materiales son falsos.

La copia de la tumba de Tutankamón se ha instalado en Luxor, y eso fue enfatizado ayer en la inauguración, en la que participaron junto a los responsables de Factum, los ministros de Turismo y de Antigüedades de Egipto (que hicieron votos por la vuelta de los turistas), no solo como una atracción turística y una virguería tecnológica (que también lo es, ambas cosas) sino como la punta de lanza de un ambicioso proyecto de futuro de “turismo sostenible” y “uso responsable del patrimonio cultural”.

La idea es que la copia proporcione un respiro de momento a la maltrecha tumba original, que se deteriora más rápidamente desde su descubrimiento que en los tres mil años que pasó escondida, al ofrecer una alternativa de visita. En la tesitura actual, las autoridades egipcias no se pueden permitir cerrar la de verdad –como se le escuchó decir a un alto responsable de antigüedades, “los japoneses cancelarían en masa si cerramos Tutankamón”-. No está el horno turístico para bollos. Pero antes o después, como ha pasado con las tumbas de Seti I y Nefertari, esa decisión habrá que tomarla. Y ahí estará la copia.


Un turista saca una foto de una pintura en la réplica de la tumba de Tutankamón en Luxor.
“Los egipcios construían sus tumbas para la eternidad, pero no para ser visitadas”, señala la paradoja Lowe. El facsímil, resalta, va a ayudar a preservar la tumba de Tutankamón y marca el camino a seguir con las demás tumbas. “¿Visitarías el original a sabiendas de que lo estás dañando irremediablemente?, tenemos una responsabilidad”. Lowe abomina del fetichismo y recalca que hay “muchos niveles de autenticidad”. Recuerda que la copia –al haberse recogido todos los datos del original para hacerla- garantiza además que la memoria de la tumba se va a preservar, esta vez sí para siempre. En realidad, apunta, se pueden hacer ahora todas las copias de Tutankamón que se quiera.

El facsímil, destaca Lowe, es un regalo de Factum para Egipto, que incluye además la transferencia a los egipcios de tecnología y conocimientos adquiridos en el proyecto para la creación de un centro en Luxor que pueda acometer nuevas copias, empezando por las de las tumbas de Nefertari y Seti I. De hecho, la idea inicial, de 1988 (antes de que entrara Factum en el proyecto), era empezar por escanear la de Seti I y fue por causa de Zahi Hawass que se pasó en 2009 a la idea de replicar la de Tutankamón.

Ayer, tras visitar la sepultura, uno podía refugiarse de los fastos y del calor en la casa de Howard Carter. Al poco de entrar te sorprendía una voz profunda: la auténtica del propio descubridor en un viejo documental en blanco y negro sobre la tumba que se proyecta continuamente en una de las habitaciones y que muestra gente entrando y saliendo del recinto. Un bucle perfecto para reflexionar, en la tierra de la eternidad, sobre originales y copias.

Vía: El País