domingo, 29 de junio de 2014

Derechos en la piel: la Copa del mundo y la pobreza.

La Copa del Mundo de fútbol para gran parte de la población en situación de pobreza es un naufragio.
La Copa del Mundo de fútbol para gran parte de la población en situación de pobreza es un naufragio. Las actuales personas sobrevivientes a las olas gigantes de violencia y exclusión se aferran a sus derechos al tiempo que se niegan a entregar conquistas sociales. Las ocupaciones urbanas y rurales y las constantes marchas en las calles son los ideales que las mantienen a flote en medio de un maremoto que no cesa.
En este marco movido y por momentos nauseabundo, la FIFA, artífice y co-organizadora del Mundial junto con el Gobierno, cuenta en Brasil con una especie de “zona liberada” en razón de sus beneficios. Son varios y centrales los aspectos que abarca esta flexibilización de aspectos y que beneficia a la corporación futbolera, entre ellos: leyes extraordinarias para criminalizar la protesta, excepción en el pago de impuestos y una presión sobre vendedores y vendedoras ambulantes en las ciudades-sede, convertidas en áreas de restricción comercial. “Sólo va a vender quien vista la camisa de los patrocinadores”, señalan en un extenso y completo informe de la Agencia Pública de Jornalismo.



El periódico Nova Democracia señala esta condición del país como un “neocolonialismo” cuando remarca que muchas medidas fueron tomadas para que “el inglés lo vea”. El mismo reportaje destaca que la conocida ‘Ley General de la Copa’ suspende -en un período anterior y posterior al evento- artículos de las leyes de Patentes y Extranjería, estatutos de las ciudades, de las hinchadas y de protección a ancianos y ancianas junto con leyes municipales que regulan el libre ir y venir por el territorio. La ciudadanía, sin embargo, no se ha quedado quieta ante magnánimas arbitrariedades. Las doce ciudades que son sede de eventos futbolísticos cuentan también con comisiones creadas y auto gestionadas por ciudadanas y ciudadanos comunes que se oponen a estas violaciones, abusos e ilegalidades en relación al Mundial y, en sólo dos años, a las Olimpiadas en 2016.
En este marco, el periodismo independiente está intentando dar cuenta del sello en la vida diaria que las disposiciones arbitrarias imponen. Políticas que para algunos medios son fácilmente descritas de la siguiente manera: “El objetivo de la reglamentación es dar a la FIFA la posibilidad de conducir las actividades comerciales a las zonas de concentración de fanáticos. Esto busca garantizar la exclusividad comercial y publicitaria de los patrocinadores oficiales”.
La calle, el bar y las paredes hablan. Basta salir a las calles a hablar con el vecindario, preguntar a taxistas, intentar palpar la experiencia diaria. Escuchar sus historias para percibir el impacto real del Mundial de Fútbol. Las consecuencias de estas medidas tienen cara, cuerpo y piel. Provocan angustias y desarman rutinas de aquellas personas que sobreviven en la cuerda floja del capitalismo salvaje.
Sidneia es vendedora ambulante de mini-pizzas, moradora de la ocupación paulista Copa Do Povo, y una activista por los derechos a la vivienda y la vida digna. En el video encarna con su experiencia la de miles de desplazadas y desplazados por la Copa. Aquellas personas que se quedaron sin casa, sin trabajo o que sufren la represión de la militarización.
Sidneia, desde la tienda en la que está viviendo hace pocas semanas, da la cara y describe la situación que vive Brasil: “Mostrar Río de Janeiro, las playas… todo es muy bonito. Pero cuando vas al fondo de las cosas que ves te encuentras con nosotros que somos pueblo sin techo, sin casa, pasando hambre, con un salario que es una miseria aquí en Brasil. Entonces vamos para la calle, pero no vamos para pelear, para enfrentar. Vamos para poder exigir nuestros derechos, el derecho de ser ciudadanos”.