miércoles, 4 de junio de 2014

Los perros llevaron a los mamuts a la tumba.

Investigadores sugieren que los europeos primitivos se ayudaron de los primeros canes domesticados para cazar grandes animales de forma masiva.

Un hueso, probablemente de mamut, colocado en la boca de un perro de hace 27.000 años
después de su muerte. Un trato mortuorio especial quizás por su papel en la caza.
En el centro y este de Eurasia existen espectaculares yacimientos arqueológicos con un extraordinario número de restos de mamuts, incluso de cientos de individuos, de entre 45.000 y 15.000 años de antigüedad. Algunos de estos misteriosos cementerios albergan chozas construidas con huesos de estos animales extintos en complejos patrones geométricos, así como montones de huesos descuartizados. Los científicos creen que semejante matanza conjunta no puede ser producto de un violento episodio natural, hipótesis que contribuye a reforzar la presencia de vestigios humanos. Es más probable que fueran los cazadores de la época quienes ejectuaron las muertes pero, ¿cómo lo hicieron? Sus armas no permitían acabar con tantos animales y tan grandes. Investigadores de la Penn State University creen que no actuaron solos, sino que recibieron una valiosa ayuda de los primeros perros domesticados.

«Uno de los mayores enigmas de estos yacimientos es cómo un número tan grande de mamuts pudo haber sido aniquilado con las armas disponibles durante esa época», dice Pat Shipman, responsable de la investigación. Estudios previos habían establecido similitudes entre los restos de mamuts encontrados en estos yacimientos y los restos de elefantes modernos muertos por la caza o por desastres naturales. Según Shipman, «algunos de los patrones de mortalidad de estos mamuts encajan con los de las muertes naturales de elefantes actuales, por sequías o por armas modernas capaces de acabar con familias enteras de elefantes de una sola vez».

Este hallazgo sugiere, continúa la investigadora, que en aquella época los humanos idearon una novedosa y eficiente técnica de caza de animales muy grandes, cuyo uso se extendió, lo que podría explicar la presencia masiva de huesos de mamuts en yacimientos de Europa. ¿Cuál era ese método?

La clave para que Shipman formulara su hipótesis es un trabajo reciente realizado por un equipo del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales, que descubría evidencias de que algunos de los grandes carnívoros hallados en esos yacimientos eran los primeros perros domesticados y no lobos, como se había asumido recientemente.

Caza más eficaz.

Shipman cree que los perros ayudaron a los cazadores «a encontrar presas más rápido y más a menudo. Los perros también pueden rodear un gran animal y mantenerlo en su lugar a base de gruñidos mientras los cazadores se acercan. Ambos efectos podrían aumentar el éxito de la caza». Por otra parte, «los perros grandes bien pudieron ayudar a llevar las presas a casa o a proteger a los cazadores de otros carnívoros, para que pudieran acampar en los sitios de caza sin peligro», explica. Además, «si los cazadores que trabajan con perros capturan más presas, tienen una mayor ingesta de proteínas y grasas y un menor gasto de energía, por lo que su tasa de reproducción es probable que aumente».

Otra característica inusual de estos grandes sitios de matanzas de mamuts es la presencia de un número extraordinario de otros depredadores, en especial de lobos y zorros. «Tanto los perros como los lobos están muy atentos a la presencia de otros carnívoros relacionados -los cánidos- y defienden sus territorios y alimentos con fiereza», apunta Shipman. «Si los humanos cooperaban y vivían con perros o lobos domesticados, incluso semi -domesticados, es normal encontrar restos de los lobos salvajes aniquilados».

Otros dos tipos de estudios han arrojado datos que, al parecer, apoyan la hipótesis de Shipman. Investigadores de la Universidad de Tubingen en Alemania llevaron a cabo un análisis isotópico de los restos de los lobos y supuestos perros en el yacimiento checo de Předmostí. Encontraron que los individuos identificados como perros tenían dietas diferentes de los identificados como lobos, lo que posiblemente indica que fueron alimentados por seres humanos. Además, el análisis del ADN mitocondrial por la Universidad de Turku en Finlandia muestra que los individuos identificados como perros tienen una firma genética distintiva que no es conocida en cualquier otro cánido. «Dado que el ADN mitocondrial es portado solo por las hembras, este hallazgo puede indicar que estos cánidos no dieron lugar a los perros domésticos modernos y eran simplemente un grupo peculiar, extinto de los lobos», dice Shipman. «Alternativamente, puede indicar que los primeros humanos domesticaron a lobos como a perros, pero cruzaron a las hembras de los cánidos con machos de lobo salvaje, por lo que el linaje del ADN mitocondrial femenino distintivo se habría perdido».

A medida que se recoga más información sobre los fósiles de cánidos de hace entre 45.000 y 15.000 años, la hipótesis de perros de caza de Shipman cobrará más fuerza. «Si hay más de estos cánidos distintivos, similares al perro, en grandes yacimientos, acompañados de un número inusualmente alto de mamuts y lobos, si esos cánidos son consistentemente grandes y fuertes y si sus dietas difieren de las de los lobos... entremos podremos afirmar que los perros son realmente el mejor amigo del hombre».

Vía: ABC