martes, 15 de julio de 2014

El yacimiento de Fuente Álamo, once siglos de historia romana y árabe.

Yacimiento de Fuente Álamo. - G.C.
El yacimiento arqueológico de Fuente Álamo, ubicado a tres kilómetros del municipio cordobés de Puente Genil, es hoy un ejemplo de uso público de un espacio de gran valor, al igual que, durante once siglos, romanos y árabes se valieron de su fertilidad para establecer unas termas, una villa y una almazara.
Al contrario que otros yacimientos arqueológicos diseminados por la provincia, el de Fuente Álamo, de titularidad municipal, está hoy lleno de vida cultural, mientras que las excavaciones sobre su rico patrimonio, que se iniciaron en los años ochenta, van arrojando luz sobre un espacio que permite trazar una visión diferente de la historia a través de tres épocas distintas.
Al menos, así lo ve el arqueólogo del yacimiento, David Jaén, un joven del municipio muy ligado desde su infancia a Fuente Álamo y que finalmente ha acabado trabajando en él.
Jaén ha explicado a Efe que, en Fuente Álamo, el visitante se puede transportar a través de tres épocas distintas, entre el siglo I y el siglo XI después de Cristo, y dos de ellas de época romana, en las que se construyó un balneario y una villa posterior que amortizaba las instalaciones de las termas.
La tercera época de esplendor se produjo gracias a un asentamiento rural islámico, que reutilizó algunas estancias y espacios de la villa romana para la extracción de aceite de oliva y que llegó a construir en ella un molino de viga.
Su época de máximo esplendor corresponde a los últimos cinco siglos de dominación del Imperio Romano en el sur de la península Ibérica, aunque el asentamiento de Fuente Álamo tenía un matiz distinto, puesto que se aprovechó de la fertilidad de la tierra, enclavada en plena campiña cordobesa, para levantar en primera instancia un balneario, con claros fines relajantes.
Las piscinas se abastecían de las aguas del arroyo y las utilizaban aquellas personas que no tenían buen poder adquisitivo, como los plebeyos o los esclavos, y se mantuvieron hasta finales del siglo III después de Cristo.
Era, según Jaén, una zona de ocio y baño pública, cuyas estructuras fueron posteriormente reutilizadas para la villa romana, a principios del siglo IV, construida por un noble, seguramente un alto cargo romano, sobre los estanques.
La última época de vida llegó con el asentamiento árabe, ya en época califal, y es la que ha arrojado hasta ahora el mayor número de restos, la mayoría provenientes de una necrópolis.
No obstante, hoy Fuente Álamo sigue vivo, y el visitante puede contemplarlo gracias a la labor del ayuntamiento, que no sólo lo tiene abierto al público y a visitas especializadas, sino que también programa actividades culturales como conciertos, teatro o proyecciones en el yacimiento.
También continúan los trabajos arqueológicos, una tarea titánica, puesto que sus paredes encierran siglos y siglos de historia, pero que hasta el momento ya han ofrecido al mundo piezas tan singulares como un mosaico del dios Nilo, una obra única en el mundo que narra a modo de cómic una historia de lucha de pigmeos y grullas, lo que le otorga un valor incalculable.
Tal es su importancia que el mosaico fue extraído tras su excavación y actualmente se ubica en el Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba.
No es el único tesoro. Las paredes de Fuente Álamo aún guardan dos sorpresas más en forma de mosaicos únicos en España: por un lado el de las tres gracias, con teselas de color blanco, negro, rojo, naranja, amarillo y marrón, y por otro el mosaico de Baco, que representa dos escenas de esta divinidad enmarcadas por diferentes cenefas con motivos geométricos.
Son sólo algunas de las joyas que esconde uno de los yacimientos mejor conservados de Andalucía, y que, diez siglos después de ser abandonado, recuperó la vida gracias a una efectiva gestión por parte del Ayuntamiento de Puente Genil.