jueves, 24 de julio de 2014

Holanda aplaza su decisión sobre el tesoro de Crimea.

Prestados por Ucrania y reclamados por Rusia, los objetos más preciosos de los museos de Crimea se han quedado en el limbo de Ámsterdam.

La exposición muestra los sofisticados aspectos de la antigüedad en el mar Negro, el extremo oriental del Mediterráneo donde nació la civilización europea.
Empezó como un asunto puramente técnico y lleva camino de ser uno de los problemas diplomáticos más complejos de los últimos tiempos. De hecho, aunque no ha entrado todavía en la agenda de los ministros europeos de Asuntos Exteriores, no sería de extrañar que acabe mezclándose en el conflicto de Europa y Estados Unidos con Rusia por su anexión de la península de Crimea. Por ahora, el Gobierno de Holanda ha decidido ganar tiempo, pero Rusia ha encargado ya a los responsables del ministerio de Cultura que reclamen los objetos que llegaron a Occidente como propiedad de Ucrania, pero que pertenecen a museos de Crimea, donde ahora se enarbola la bandera rusa.

Algo parecido les sucedió a los cosmonautas que estaban en órbita en 1991 cuando la URSS se desintegró: habían salido de un país y regresaron a otro. Para las piezas del museo de la ciudad de Kerch, en Crimea, ha sido como aquel viaje al espacio porque cuando partieron para una serie de exposiciones en Alemania y Holanda eran propiedad de Ucrania, y ahora Crimea forma parte de Rusia. Por eso, los responsables del museo Allar Pierson de Ámsterdam aún no saben qué hacer con este lote de objetos escitas ni a quién deben devolverlo. Por ahora, este valioso patrimonio, de objetos preciosos en oro y lacados, algunos con más de dos mil quinientos años de antigüedad, puede quedarse orbitando entre los despachos jurídicos y diplomáticos de media Europa.

Por ello, el museo Pierson, adscrito al departamento de arqueología de la Universidad de Ámsterdam, ha decidido consultar con el ministerio holandés de Asuntos Exteriores y a su propio servicio jurídico para decidir qué hacer con un lote que formalmente debía ser devuelto al término de la exposición, y no está claro quién es su legítimo propietario. Ante la evidencia de que no existe una respuesta fácil a este dilema, la única medida que han tomado hasta ahora es la de prolongar la exposición hasta finales del mes de agosto, para dar tiempo a los responsables políticos a decidir qué hacer con las piezas.

Decisión inminente.

Amber van Schagen, portavoz del museo, declaró a ABC este viernes que la decisión «debería ser anunciada pronto», es decir, que no existe -al menos oficialmente- el propósito de eternizar la duda. Pero, mientras no se decida otra cosa, «los objetos se quedarán en Holanda», al menos hasta que termine la exposición, el 31 de agosto.

El material llegó a Ámsterdam desde Bonn (Alemania) en febrero, gracias a un acuerdo con el Ministerio de Cultura de Ucrania, que a su vez actuaba como representante de los museos a los que pertenecen algunas de las mejores piezas. La exposición se titula «El Oro de Crimea y los Secretos del Mar Negro» e incluye material de cinco instituciones que eran indudablemente ucranianas hasta hace semanas. Pero, precisamente por las características y el tema de la exposición, cuatro de ellas se encuentran en la península de Crimea, que Rusia acaba de anexionarse, aunque por ahora sin ningún reconocimiento internacional. Y algunas piezas que pertenecen al museo de Kiev son reclamadas ahora por los responsables rusos de la península.

Entre los museos de Crimea están el de la ciudad de Kerch, en el estrecho del mismo nombre por el que Moscú quiere construir un puente hasta territorio ruso, ya que Crimea está unida por tierra solo con Ucrania, y el del Palacio de los Tartaros de Bakhchysarai. Entre los objetos en disputa hay joyas antiguas, un casco de oro, armaduras y puñales del siglo IV antes de Cristo, atribuidos a la civilización escita, una enigmática sociedad a la que Heródoto situaba entre los pueblos cultos de la antigüedad, a pesar de que no dejó testimonios escritos. También hay una colección de cajas lacadas chinas, que fueron halladas junto a vasijas romanas del primer siglo antes de Cristo y que muestran el punto de contacto más occidental del Imperio Romano con la China de la antigüedad. Los arqueólogos no han encontrado hasta ahora pruebas más evidentes del contacto comercial entre los dos grandes polos de la civilización de la antiguedad.

Ofensa para las autoridades.

En origen, la gestión de todo el préstamo estuvo a cargo de la sección de Crimea de la Academia de Ciencias de Ucrania, que ahora, después de la anexión, pertenece a la de Rusia. En caso de que Holanda decidiera devolver todos los objetos a Ucrania, probablemente crearía un conflicto con Rusia y con los propios museos de origen. Si las devuelve a Crimea, estaría aceptando el hecho de su anexión a Rusia -o al menos su separación de Ucrania-, con lo cual sentaría un precedente jurídico que sería considerado como una ofensa por las autoridades de Kiev. Este lunes hay un consejo de relaciones exteriores en el que los ministros europeos tienen previsto revisar al alza las sanciones contra Rusia y que incluirá probablemente sanciones contra empresas basadas en Crimea.

En todo caso, sobre el terreno están dejando pocas opciones. En su página web, el museo de Kerch se define como una institución situada «en Rusia y con Rusia» y reclama los objetos que le pertenecen como parte de su patrimonio y el de toda la península de Crimea.

Un asunto interno para Rusia.

La visita de Vladímir Putin a Crimea para presidir las celebraciones del aniversario de la victoria sobre la Alemania nazi es un gesto que demuestra que el Kremlin tiene intención de considerar como propios a todos los efectos los asuntos de la península. Uno de los más fervientes partidarios de que los objetos sean devueltos a Rusia es Mijail Piotrovsky, director del Museo Hermitage de San Petersburgo, que dirigió durante décadas las principales excavaciones en Crimea, entonces territorio soviético. Piotrovsky ya ha sido llamado a informar ante el Parlamento ruso sobre la situación de los objetos que se encuentran en Holanda y en recientes declaraciones en medios rusos ha recordado que Crimea en particular y la costa del mar Negro en general son zonas donde se producen abundantes pillajes por parte de cazatesoros, por lo que el valor de lo que está en el poder de los museos de la península ahora controlada por Rusia es aún mayor.

Los cazatesoros se aprovechan de la indefinición política para hacer excavaciones clandestinas en la región. Se sabe, por ejemplo, que en estos momentos actúan con impunidad en Sujumi, la capital de Abjasia, una región de la costa oriental escindida de Georgia, pero cuya independencia no ha sido reconocida por la comunidad internacional. Los restos de la importante colonia griega de Discurius son «peinados» con detectores de metales.

Vía: ABC