sábado, 19 de julio de 2014

La tumba gala de Warcq contenía los restos de cuatro caballos.

Nuevos datos sobre la sepultura de la aristocracia gala excavada en Warcq, al norte de Francia, durante el pasado mes de junio.

En la tumba gala de Warcq han aparecido los restos de cuatro caballos en buen estado de conservación. 
A comienzos de este mes de julio ha finalizado la excavación de la tumba de la aristocracia gala hallada en la localidad de Warcq, al norte de Francia, según informa Bertrand Roseau, el director de las excavaciones, a Historia National Geographic. La tumba apareció casualmente mientras excavábamos un edificio de época romana que se derrumbó en el pasado. Al retirar los escombros y la tierra apareció una fosa rectangular cubierta con una techumbre de madera. En un principio pensamos que podía tratarse de una bodega, explica Roseau. Creemos que cuando los romanos construyeron el edificio no sabían absolutamente nada de la tumba, añade.

Se trata de una tumba de carro, es decir, un tipo de sepultura aristocrática en la que el difunto era inhumado sobre un carro, que era un símbolo de prestigio social. En este caso tenía dos ruedas, un vehículo propio de finales del período galo, antes de la conquista de la Galia por parte de los romanos en el siglo I a.C. Al principio creíamos que había dos caballos, pero hemos identificado los restos de cuatro, un hecho totalmente excepcional en este tipo de tumbas, afirma Roseau. Es la primera tumba en esta parte de Francia en la que han aparecido los caballos enteros, es decir, con todos sus restos óseos, agrega.

Los arqueólogos también han identificado los huesos del difunto, pero en un estado de deterioro más avanzado. Se han conservado los huesos de las piernas y los brazos, parte de la pelvis, restos de la columna vertebral y del cráneo y algunos dientes que permitirán determinar la edad del individuo en el momento de su muerte, además de otros datos relevantes. El difunto fue enterrado con un collar rígido alrededor del cuello abierto por la parte delantera, con dos esferas doradas en cada extremo, una fíbula en la cintura y probablemente un vestido, del que sólo se han conservado unos adornos realizados en pasta vítrea. El ajuar funerario, consistente entre otras cosas en una navaja de afeitar, indica que probablemente se trataba de un hombre, sostiene Roseau. Uno de los hallazgos más sorprendentes consiste en una vaina para una espada plegada por la mitad; no sabemos cuál era su significado, añade. En primer lugar, los galos debieron preparar la tumba con los caballos dentro, aunque no sabemos si vivos o muertos. A continuación debieron llevar al difunto en procesión hasta que fue depositado en la tumba y enterrado, concluye.