martes, 5 de agosto de 2014

El retratista de la memoria.

El Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid repasa 40 años de arqueología española a través de un centenar de imágenes.
Autorretrato del fotógrafo José Latova junto a la Dama de Elche (1995). JOSÉ LATOVA
Su primera cámara profesional fue una Braulio López de madera: «Era muy grande y se fabricaba en la calle del Ángel de Madrid», recuerda José Latova Fernández-Luna, fotógrafo especializado en patrimonio arqueológico. Desde mediados de los años 70, cuando realizó sus primeros trabajos en la Inspección Técnica de Arqueología en la Biblioteca Nacional, han ido pasando por sus manos muchos otros equipos fotográficos. De las tradicionales Minolta Nikon a las cámaras digitales de alta resolución más avanzadas, las multiespectrales o los escáneres, capaces de realizar composiciones en tres dimensiones y desvelar detalles invisibles al ojo humano de obras de arte de numerosos periodos históricos.
Proceso de montaje de una escultura romana en el Museo de Mérida...
Proceso de montaje de una escultura romana en el Museo de Mérida (1986) 
Así, su objetivo ha fotografiado tanto fósiles de los primeros homínidos hallados en los yacimientos de Atapuerca (Burgos) o cuevas que albergan arte rupestre (hizo el primer inventario nacional), como el paisaje minero leonés de Las Médulas, del que los romanos extraían oro, o patrimonio del siglo XIX. «Latova ha trabajado en todos los ámbitos de la arqueología. Ha hecho fotografías en excavaciones, exposiciones, museos...», enumera Enrique Baquedano, director del Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid (MAR), en Alcalá de Henares, durante la inauguración de una exposición en la que se repasa su obra y se reflexiona sobre la importancia de la fotografía de patrimonio como método de documentación y herramienta científica.
«Los arqueólogos no podemos excavar dos veces en el mismo yacimiento, como Heráclito no podía bañarse dos veces en el mismo río», señala Baquedano en el prólogo del libro de la exposición para recordar la gran responsabilidad que tienen a la hora de documentar sus trabajos, pues «cualquier excavación implica una destrucción».
Restos en una antigua taberna en el foro de la ciudad de Valeria, en...
Restos en una antigua taberna en el foro de la ciudad de Valeria, en Cuenca (1981) 
La muestra José Latova. Cuarenta años de fotografía arqueológica española. 1975-2014 podrá visitarse hasta diciembre y recoge más de un centenar de imágenes, instalaciones audiovisuales y revistas en las que se ha publicado su obra. «Realizar la selección ha sido una tarea muy ardua», asegura Baquedano mientras realiza una visita guiada a la muestra. Y es que, según estima Latova, a lo largo de estas cuatro décadas, ha debido tomar más de un millón de fotografías. Quizás un millón y medio. Parte se conserva en los archivos del Ministerio de Cultura, pues hasta 1989 trabajó como fotógrafo para la administración estatal.
Desde 1990 ejerce su labor de forma independiente. La mayor parte de los proyectos que conforman su trayectoria han sido realizados conjuntamente con Miguel Ángel Otero, al que considera su maestro. A través de imágenes como la que tomó en 1977 de la antigua sede del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz puede comprobarse la transformación del concepto de museo. También se muestran losavances que han permitido tomar fotos de calidad en cuevas o bajo el agua, dando lugar a la arqueología submarina. Algunas de las obras retratadas han sido destruidas y sólo se conservan en fotos y en la memoria.
Vicente Bayarri trabaja en la Cueva de Altamira (Cantabria).
Vicente Bayarri trabaja en la Cueva de Altamira (Cantabria).
«Me ha gustado recuperar imágenes que hacía muchos años que no veía, de los comienzos, en los 70», relata Latova, que recuerda bien la primera foto que publicó a color. Fue el acueducto romano de Los Milagros (Mérida) en la portada de las Actas del Centenario de Augusta Emerita, en 1976.
La mayoría de las fotos fueron tomadas en España, aunque también ha trabajado en otros países como Túnez y Egipto. A Luxor viaja anualmente para documentar las excavaciones del Proyecto Djehuty, dirigido por José Manuel Galán.
Entre los últimos trabajos de Latova, que a sus 60 años sigue plenamente activo, destaca la documentación de las cuevas de Altamira (en Santillana del Mar, Cantabria) con equipos que permiten estudiar sus pinturas con resoluciones tan altas que incluso pueden observarse las bacterias que hay en el techo.
La muestra concluye con una zona dedicada al arte rupestre. Una impresionante ampliación de una fotografía de Altamira a tamaño real cubre el techo. El visitante puede asimismo conocer todos los detalles del Techo de los Polícromos de la cueva cántabra a través de una pantalla en la que se muestra una imagen compuesta a partir de mil tomas realizadas con una cámara Hasselblad. Este tipo de fotografía (denominada ortogigaimagen) está realizada con una técnica mixta que combina el escaneado láser tridimensional con la llamada fotogrametría digital.
Fósil de la falange de 'Homo antecessor' encontrado en el yacimiento...
Fósil de la falange de 'Homo antecessor' encontrado en el yacimiento de Atapuerca (Burgos). El primer homínido fue descubierto en 1976 en la Sima de los Huesos. 
La tecnología ha evolucionado pero lo que no parece haber cambiado es la curiosidad y las ganas de aventura que sigue conservando Latova y que bien podría resumirse con la cita del fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson que da la bienvenida a la exposición: «Hacer una foto es alinear la cabeza, el ojo y el corazón. Es un estilo de vida».
Latova atesora todas las cámaras y accesorios que ha utilizado en su carrera: «Las conservo porque funcionan y porque les tengo mucho cariño. Son las herramientas con las que he trabajado y sentimentalmente tienen mucho valor. No podría abandonar a ninguna de ellas». Parece que su colección seguirá ampliándose: «40 años no son nada para un caminante», asegura.
Vía: El Mundo