lunes, 8 de septiembre de 2014

Consumo de caracoles en la Cova de la Barriada en el Paleolítico.

A comienzos del Paleolítico Superior, el «Homo sapiens» que habitaba el suroeste de Europa recolectaba y consumía caracoles terrestres de forma sistemática.

Consumo de caracoles en la Cova de la Barriada en el Paleolítico.
En la Cova de la Barriada, situada en la ladera occidental de la Serra Gelada, en Benidorm (Alicante), se ha hallado la evidencia más antigua de explotación de caracoles terrestres como recurso alimenticio, según sostienen los investigadores Javier Fernández-López de Pablo, Ernestina Badal, Carlos Ferrer García, Alberto Martínez-Ortí y Alfred Sanchis Serra en un artículo científico publicado recientemente en Plos One.

El hallazgo data del Gravetiense, una fase climática fría del Paleolítico Superior que se desarrolló en Europa hace unos 30.000 años. Los centenares de conchas de Iberus alonensis, un caracol típico del este y sureste de la península Ibérica, excavados en la Cova de la Barriada -y en la Cueva de Nerja, en Málaga-, destinados al consumo humano, son unos 10.000 años anteriores que aquellos hallados en otras áreas de la cuenca mediterránea como Marruecos, Francia, Italia y los Balcanes. Por tanto, la recolección y explotación sistemática de caracoles terrestres parece restringirse al sureste de Europa durante el Gravetiense, sin precedentes conocidos en el Paleolítico Medio ni en el Auriñaciense. Esta nueva forma de subsistencia en el este y sur de España es coetánea a otras transformaciones en la dieta humana, al incremento del número de asentamientos y a la aparición de una nueva forma de expresión artística como son las pinturas rupestres. 

Las acumulaciones de conchas fueron halladas en tres niveles arqueológicos diferentes junto a restos que muestran indicios de combustión, además de industria lítica y restos de flora y fauna. Por tanto, queda prácticamente descartada la posibilidad de que las conchas fueran amontonadas por pequeños mamíferos como el tejón y el ratón o por aves como el mirlo y el zorzal, que se alimentan de caracoles. Los resultados muestran una marcada recolección monoespecífica de individuos adultos, la mayoría con más de 55 semanas de vida, que fueron asados con ámbar de pino y enebro por debajo de los 375 grados de temperatura, revela el estudio.