miércoles, 26 de noviembre de 2014

Las técnicas vinícolas de los romanos se extendieron hasta el siglo XIX.

Según la arqueóloga e investigadora Yolanda Peña, los vinicultores romanos lograron unos niveles “muy altos” de tecnificación en la elaboración de vino, que prácticamente se extendieron hasta mediados del siglo XIX en España.
Relieve representando el pisado de la uva. Roma, segunda mitad del siglo I d.C.
La arqueóloga e investigadora Yolanda Peña ha asegurado hoy a Efe que los vinicultores romanos lograron unos niveles “muy altos” de tecnificación en la elaboración de vino, que prácticamente se extendieron hasta la industrialización de las labores del campo, a mediados del siglo XIX en España.
Peña ha intervenido en el XII Congreso Nacional de Museos del Vino de España, que se celebra hasta el próximo día 14 en La Rioja, el Museo Vivanco de la Cultura del Vino de Briones y en la Escuela de Patrimonio Histórico de Nájera.
Esta doctora en Arqueología ha pronunciado una ponencia sobre “La producción vinícola en Hispania: procesos de producción y comercialización del vino romano”.
Ha explicado que los romanos controlaban maquinaria como las prensas de viga y quintal, que se accionaban mediante un mecanismo de tornillo fijado a un contrapeso.
También utilizaban prensas de tornillo directo, que son las prensas móviles que se ven aún en los lagares, realizadas íntegramente en madera, ha detallado.
Los romanos controlaban casi todo el proceso de vinificación, ha indicado, a excepción del uso del azufre y de la estabilización por frío, lo que permite a los caldos actuales “conseguir esa segunda vinificación que les dota de un sabor más agradable”.
Para conservar el vino, en Hispania, los romanos utilizaron mayoritariamente tinajas de barro, entre las que había unas más grandes denominadas dolia, que se dejaban enterradas para mantener constante la temperatura del vino.
Sin embargo, en la zona del valle del Ebro, especialmente en La Rioja y Navarra, se emplearon recipientes exentos más pequeños, que se colocaban sobre el suelo de las salas de fermentación en las bodegas, que eran unos hangares con un tejado a dos aguas, donde reposaba el vino “joven” durante un mínimo de seis meses.
El vino destinado a “viejo” se dejaba reposar el tiempo que estimase necesario el vinicultor, ha detallado esta arqueóloga, pero, como tenían problemas de conservación, la mayoría de los caldos que se consumían eran jóvenes o de “añada”.
En cuanto a las variedades de uva que cultivaban los romanos, ha explicado que la mayor parte eran blancas, que mezclaban con tinta, pero estas la retiraban durante el proceso de fermentación para evitar la proliferación de bacterias.
“Frente a lo que se pueda imaginar, ya que uno siempre se imagina a los romanos bebiendo vino tinto”, elaboraban principalmente blancos y claretes, dado que el tinto era muy difícil de estabilizar, ha añadido Peña.
En el proceso de elaboración del vino, los romanos se adaptaron a las costumbres previas que había en cada zona y a sus condiciones climáticas, ya que durante el Imperio se producía vino desde el norte de Marruecos y Cádiz, hasta el valle del Mosela, en Alemania.
En el caso de Hispania, en vez de ser una provincia que recibió tecnología del Imperio, ha precisado que parece ser que la “irradió” a Roma.
A pesar de los problemas de conservación de los vinos, los romanos desarrollaron una importante red de comercialización en todo el Imperio, especialmente en el siglo I después de Cristo, tras las anexiones de nuevos territorios, cuando el emperador Augusto potenció la vinicultura y la exportación de este producto.
Vía: La Rioja