jueves, 11 de diciembre de 2014

Los carpinteros del Neolítico.

La arqueología demuestra que los primeros agricultores de Europa fueron también los primeros carpinteros.

Estructura neolítica de madera para un pozo de agua.
Imagen: Tegel W, Elburg R, Hakelberg D, Stauble H, Buntgen U / PLOS ONE

La carpintería fue, en el pasado remoto, una tecnología mucho más avanzada de lo que se creía. ¿Por qué?

El arqueólogo Willy Tegel, y sus compañeros de la Universidad de Friburgo en Alemania, hizo en 2013 un descubrimiento que le convenció de la sofisticación a la que llegaron los artesanos del Neolítico. Durante unos trabajos de construcción que se realizaban en Altscherbitz, en las cercanías de la ciudad de Leipzig, al este de Alemania, se halló una caja de madera en el fondo de un pozo. La caja estaba enterrada a más de 20 metros de profundidad y se conservó durante 7000 años gracias a las condiciones propicias de humedad, frío y poca oxigenación de la tierra. Se comprobó que, más que una caja, era una estructura de madera de roble intacta elaborada para encajonar un pozo de agua. Se convirtió, por tanto, en la estructura de este material más antigua que se conoce en el mundo.

El hallazgo revela que los primeros agricultores europeos eran unos carpinteros experimentados, que trabajaron la madera con maestría mucho tiempo antes de la utilización de las herramientas de metal. Se rompe así con la creencia común de que era necesario el uso de herramientas metálicas para la elaboración de estructuras más complejas de madera.

El arqueólogo Rengert Elburg  y su equipo, por otro lado, han desplazado el antiguo pozo, en un solo bloque de 70 toneladas, del Departamento de Arqueología del Estado Sajonia, donde se encontraba, a su laboratorio en Dresde para practicarle una cuidadosa excavación, documentación y preservación. Allí se han recuperado 151 piezas de madera del pozo que, durante el Neolítico, abasteció de agua a un gran asentamiento de unas cien casas largas de madera. Su detallado análisis, y gracias al extraordinario estado de conservación del pozo, ha dado también a los investigadores pistas sobre las herramientas y técnicas que los antiguos artesanos utilizaron. Se observa, por ejemplo, que aprendieron a reforzar el fondo del pozo con piezas de madera de roble más envejecida y de mayor espesor, y a hacer las paredes del encajonamiento más resistentes mediante el ensamblaje de las piezas con espiga y mortaja, una técnica que no vuelve a ver de nuevo hasta el Imperio Romano, cinco milenios más tarde.

Los primeros agricultores de Europa central emigraron, hace aproximadamente 7500 años, desde la Gran Llanura Húngara hasta el viejo continente, dejando todo un sendero arqueológico de huellas de asentamientos, cerámica y herramientas de piedra por todas las regiones fértiles del continente.

No obstante, como se demuestra, se desconoce muchos factores del estilo de vida de estos antiguos colonos, incluso el clima en el que vivieron y la tecnología o los métodos que utilizaron para adaptarse a su entorno.

Según se desprende de los resultados del estudio, las maderas de roble que se analizaron fueron también un nuevo y valioso archivo de datos medioambientales. Los anillos de crecimiento anual de los árboles dan pistas del medio ambiente de la época. Este archivo de la madera podría contar una historia fidedigna, año por año, del clima en que vivieron estos colonos del Neolítico.