domingo, 8 de febrero de 2015

Las estatuas de Nemrut, un tesoro frágil.

Leones y águilas, reyes y dioses rodean una montaña artificial de unos 50 metros de altura, un perfecto cono. Es el Monte Nemrud en el sureste de Turquía, un lugar donde se cruzan la Grecia clásica y los reyes persas, la arquitectura y los misterios arqueológicos.

Las estatuas de Nemrut, un tesoro frágil.
Nemrut, un monte artificial a 2.200 metros sobre el nivel del mar, es una instalación del siglo I a.C., erigida por el rey Antíoco I de Comagene, un reino que fusionaba tradiciones helénicas, persas y armenias.

Se cree que la tumba del propio rey se halla en el interior del impresionante cono, de 50 metros de alto y 145 de diámetro, pero es imposible de excavar: toda la colina consiste de pequeños fragmentos de piedra entre las que no se pueden abrir zanjas ni galerías sin destruir todo el monumento.

A pesar de que no se ha podido revelar el misterio, lo que queda a la vista es suficientemente impactante: decenas de esculturas talladas en piedra calcárea que siembran sendas terrazas al este y al oeste del imponente cono.

En cada terraza, una hilera de pedestales y cuerpos construidos con toscos bloques de piedra componen lo que antiguamente debió de ser un impresionante desfile real, flanqueado por águilas y leones, pero los dos mil años transcurridos no han dejado títere con cabeza.

Al pie de los zócalos hay las testas: caras bigotudas con extraños gorros puntiagudos que representan a Zeus, Hércules, Apolo o sus equivalentes persas y zoroastras, una diosa identificada como Comagene, la patrona del reino, y desde luego el propio rey Antíoco.

El lugar está inscrito desde 1987 como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, que destaca su “valor artístico único” y describe “la creación del paisaje del monte Nemrut” como “una de las empresas más colosales de la época helenística”.

El monte es parque natural desde 1988 y ha sido acondicionado para las visitas con una carretera asfaltada, un pequeño complejo hostelero y de tiendas a una respetuosa distancia del monte, así como dos caminos que facilitan un ascenso a pie de unos diez minutos hasta los recintos históricos.

Pero allí, las medidas de seguridad se reducen a una simple cadena más bien simbólica para evitar que alguien toque las piedras, y algún letrero que prohíbe escalar el propio túmulo.

No hace falta ser experto para distinguir las enormes grietas en la porosa piedra calcárea de las impresionantes cabezas que parecen acusar sus dos mil años a la intemperie.

Las enormes diferencias de temperaturas, de decenas de grados bajo cero en invierno, con abundante nieve, y un sol inclemente en verano, han afectado el poroso material.

Para salvar las estatuas se han propuesto varias soluciones. La más polémica es la que lanzó el Gobierno turco en 2011, de trasladar todo el panteón a un edificio bien acondicionado, que ya está construido al pie de la montaña.

En ese caso, sólo quedaría por aclarar qué parte se quedaría con la etiqueta de patrimonio de la humanidad: las cabezas en sus vitrinas o la colina desnuda, al fin y al cabo una obra humana mucho más monumental que las esculturas.

La profesora Nerihan Sahin Güçhan, de la universidad ODTÜ de Ankara, tiene una idea mejor: junto a su equipo ha desarrollado un mortero que puede consolidar la superficie de la piedra calcárea y arenisca y protegerla contra la erosión.

Además propone cubrir las estatuas durante los cuatro meses de invierno, en los que el lugar está cerrado a las visitas, para evitar que la nieve se cuele en las fisuras y se produzca el nocivo ciclo de infiltración, congelación y fundido.

Para ello, la experta está desarrollando un textil especial que debe ser impermeable pero permitir la evaporación para mantener la piedra seca.

Nemrut recibe alrededor 100.000 visitantes al año pero no se ha convertido todavía en una fuente de ingresos importante para la población local.

Frente a ello, Güçhan propone elaborar visitas guiadas que no sólo muestren al turista este monumento sino también la enorme riqueza histórica presente en montes y valles cercanos.

Así, a pocos kilómetros, en Arsameia, están los fundamentos de un palacio de los reyes de Comagene, galerías subterráneas, inscripciones en griego y un espectacular relieve que muestra a un rey con Hércules.

No lejos de ahí hay un puente romano sobre el río Éufrates, bien conservado, y bajando de las colinas de Nemrut, el paisaje de los valles, precipicios y riachuelos es también impresionante.

Vía: La Razón