lunes, 23 de marzo de 2015

Una economía competitiva pudo causar el colapso de Teotihuacán

Hombres decapitados en Teopancazco, un barrio dentro de la antigua
ciudad mexicana de Teotihuacán / Linda Manzanilla
Un estudio de una investigadora mexicana sostiene que las elites intermedias que administraban los centros de barrio de la ciudad prehispánica de Teotihuacán (México) se comportaban como empresarios que competían entre sí, lo que era contrario a la organización corporativa del gobierno. Estas tensiones pudieron deparar en el colapso y posterior caída de esta cultura mesoamericana.

La economía competitiva de la antigua sociedad de Teotihuacán, uno de los centros culturales más poderosos de Mesoamérica entre los siglos I y VI de nuestra era, pudo haber causado tensión entre los gobernantes y las élites intermedias y, en último término, el colapso y caída de esta sociedad.

Esta es una de las principales conclusiones de un estudio llevado a cabo por Linda R. Manzanilla, científica del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que se acaba de publicar en la  revista PNAS.

Manzanilla ha estudiado los primeros desarrollos urbanos del mundo antiguo: cómo surgieron, la vida diaria, la forma de gobierno y su declive. En lo que hoy es el centro de México, "Teotihuacán fue la primera gran ciudad, tenía más de 20 kilómetros cuadrados de extensión, estaba muy planificada (con una traza ortogonal), era multiétnica, y contaba con una estructura corporativa donde los grupos predominaban sobre los individuos, era todo un paradigma", comenta a Sinc la autora.

La primera excavación de la investigadora en el valle de Teotihuacán se desarrolló hace 40 años. En ella profundizó, primero, en cómo se vivía en aldeas previas al surgimiento de la gran ciudad. Después, estudió cómo era la vida en la ciudad y en los barrios multiétnicos. También investigó la forma en la que actuaban las élites gobernantes.

Además, estudió los túneles de la parte norte de la ciudad que conservan vestigios de la forma de vida de los grupos que llegaron cuando colapsó la ciudad.

Uno de los últimos trabajos de la científica se ha dirigido al centro de barrio de Teopancazco con el objetivo el determinar, con las técnicas científicas del siglo XXI, de dónde vinieron algunos de los individuos enterrados en el barrio, qué comieron, a qué actividades se dedicaron, a qué grupo genético pertenecían, si participaron o no en el abasto de bienes foráneos hacia Teopancazco; si era artesanos multiespecializados o si pertenecieron a los grupos de privilegio.

El trabajo se ha llevado a cabo a través de excavaciones y de un análisis multidisciplinario de cuerpos enterrados en Teotihuacán y, en particular, en el centro de barrio Teopancazco.

En concreto, se han empleado como metodologías la investigación genética sobre ADN antiguo, isótopos de estroncio para ver los lugares de procedencia eisótopos de oxígeno que indican las altitudes de donde procedían.

Los isótopos de nitrógeno se han usado para medir sus niveles tróficos. El equipo también ha empleado elementos traza para determinar su paleodieta, así como entesopatías o marcas de actividad en el esqueleto y paleopatologías (con análisis osteológico).

Además, ha analizado las prácticas funerarias diversas que se observan en Teopancazco. Para ello, se ha contado con expertos de diferentes institutos de la UNAM y de otros centros mexicanos como el Cinvestav.

Un barrio multiétnico

Los resultados de los análisis ponen de manifiesto que se trataba de un barrio multiétnico que tuvo afluencia de personas locales y de otras que venían de Puebla, Tlaxcala, Hidalgo, Veracruz y posiblemente de Oaxaca y Chiapas, es decir, una población muy heterogénea. “Genéticamente, los cuatro haplogrupos de Mesoamérica (A, B, C y D) están presentes en Teopancazco”, señala la investigadora.

Muchos de estos individuos posiblemente fueron convocados por las élites teotihuacanas para venir a la gran ciudad como artesanos multiespecializados, como sastres y lapidarios.

“Sólo tenemos un 15% de mujeres enterradas en el centro del barrio que, además, eran también artesanas multiespecializadas, por lo que este espacio es más bien de hombres”, señala Manzanilla, quien agrega que en Teopancazco “hay presencia de muchísimas materias primas y objetos de procedencia foránea, y es probable que por medio de un sistema de caravanas, las elites intermedias de los barrios trajeran materias suntuarias así como personas cualificadas”.

Muchos de estos migrantes tuvieron en su infancia y en sus lugares de origen estrés nutricional, “por lo que es probable que migraran para asegurarse una mejor calidad de vida y un abasto diario de comida”, añade.

Crisis

Linda R. Manzanilla sostiene la teoría de que las élites intermedias que administraban los centros de barrio de Teotihuacán se comportaban como empresarios que competían por desplegar los adornos y materias primas más raras, vistosas, extrañas.

Este comportamiento es contrario a la organización corporativa que se observa en los conjuntos de apartamentos donde viven los teotihuacanos, por lo que considera que dicha organización corporativa yace en el cogobierno de Teotihuacán, es decir, en la cima de la sociedad. La investigadora propone un cogobierno de cuatro señores de los distritos de la ciudad.

Es decir, “en los barrios hubo una organización diversa que ocasionó tensiones fuertes a la organización corporativa, lo que hizo de Teotihuacán una excepción”. La autora sugiere que esta tensión preparó el escenario para el colapso de la cultura de Teotihuacán.

Vía: Agencia SINC