martes, 23 de junio de 2015

Tres aras funerarias dejaron huella de los esclavos que tuvo Lucus Augusti

Una peluquera, un liberto africano y un esposo enamorado, entre los más oprimidos

Restos de una inscripción romana encontrada en Lugo el año 2000. AEP

Philtates era peluquera pero, a su vez, era la esclava de una familia aristócrata. Vivió en el siglo III y pasó a la eternidad a través de una inscripción en piedra en el ara votiva que atestiguaba su enterramiento y que ahora se encuentra, junto con otras dos más, también de esclavos, entre los fondos del Museo Provincial.

Lugo, como territorio perteneciente al Imperio Romano, no se libraba de tener esclavos y de ello quedó constancia en distintas aras funerarias votivas. Además de la dedicada a Philtates, también se encontraron otras dos, epigrafiadas, que hacen referencia a sendos esclavos liberados (libertos): Saturnino, un africano que quiso rendir culto a dioses africanos y romanos y un esposo enamorado, casado presumiblemente con una mujer libre -algo insólito- que quiso, de esta forma, rendir homenaje a su «castísima» esposa, Casia Anipatra.


«En Lugo, se encontró mucha epigrafía que describe el tipo de esclavos y libertos que residían en Gallaecia en el Alto y el Bajo Imperio. De todas formas, en el noroeste de Hispania se encontraron menos epígrafes romanos que en el sur o en el Mediterráneo», afirma Clara María Ramos Taboada, licenciada en Historia, que impartió este miércoles una charla sobre esclavitud y manumisión (tema sobre el que está haciendo también una tesis), dentro de las Xornadas Culturais del Arde Lucus, organizadas por el Concello y la Cohors Lucensium.


La ‘ornatrix’ (peluquera) Philtates pasó a la historia con el ara votiva funeraria que le dedicó o bien su pareja u otros compañeros esclavos. En esa ara, estos piden protección para la mujer.

“Uno de los libertos se casó con una mujer libre, lo que es insólito, y eso se supo por los estudios onomásticos realizados”

«Sospechamos que esta esclava podría proceder de los Alpes porque se hizo un rastreo del nombre de la familia con la que estaba, la casa de Augusto Taurino, y este nombre se registró en esa zona. Entonces, tanto ella como la familia vendrían de ahí», explica Clara María Ramos.

La segunda de las aras votivas protagonizada por un esclavo que vivió en Lucus Augusti fue estudiada por historiadores de distintas partes del mundo dado su gran interés. En este caso, se trata de una dedicación que hace un liberto imperial de origen africano (también según el estudio onomástico) a los dioses.

«En el ara, aparece una dedicatoria a unos dioses africanos -que fueron asimilados por los romanos-, a Mérida Augusta divinizada, a dioses romanos como Júpiter, Juno y Venus y a los númeres de los emperadores (su esencia, por así decirlo)», cuenta Clara María Ramos.

El tercer esclavo lucense consiguió también la libertad y le dedicó, en el siglo III, un ara a su esposa, Casia Anipatra.

«Este hombre llevaba veinticuatro años casado con esta mujer, a la que apreciaba mucho porque se refiere a ella como «castísima esposa». Los libertos se solían casar entre ellos pero, en este caso, también por los estudios onomásticos realizados, se llegó a la conclusión de que ella parecía libre. Lo que, sin duda, es algo muy insólito en la Roma imperial», afirma esta licenciada en Historia.

La muralla, un trabajo ‘superior’ fue obra de los soldados y no de los siervos

No todo el trabajo lo hacían los esclavos. La obra de más envergadura legada por los romanos a Lugo, la muralla, fue realizada por soldados y no por esclavos, como se podría pensar desde la perspectiva del siglo XXI. La explicación a esta teoría es que un trabajo de tal calibre solo puede ser hecho por gente especializada, aunque sea costoso y difícil de realizar. Por eso, la muralla fue territorio vetado para los esclavos de Lucus Augusti. «Las obras públicas eran mayoritariamente levantadas por el Ejército. Entre otras cosas, porque no se podía equiparar la labor de los esclavos con la de los militares. No estaría bien visto que los esclavos hiciesen el trabajo de los soldados», afirma la licenciada en Historia Clara María Ramos.

Otra paradoja sobre las condiciones de vida de los esclavos es que, pese a lo que pueda parecer, los esclavos gozaban de más bienestar económico que las personas libres. «Esto era porque gozaban de una seguridad material: tenían garantizado el alimento y un lugar de descanso. A veces, vivían mejor que los libres porque los amos tenían obligación de sostenerlos», dice Clara Ramos.

Manumisión. El instrumento que permitía que un esclavo pasase a ser ciudadano se llamaba manumisión. Esto se conseguía tras pagar él mismo su libertad a través de su amo, que ponía el precio para venderlo a un tercero, que lo dejaba libre. «El amo seguía teniendo derechos sobre la herencia del esclavo. Era liberado pero dependiente. En la República, hubo revueltas por las manumisiones en masa que se dieron para conseguir mejoras económicas para los amos y Augusto tuvo que poner límites», cuenta Clara Ramos.

Vía: Sabela Corbelle / El Progreso