viernes, 30 de octubre de 2015

Alma caravaggesca en una mujer

La primera fémina que ingresó en la Academia del Dibujo de Florencia, con un estilo próximo a Caravaggio

Judith decapitando a Holofernes 
Artemisia Gentileschi no fue sino otra mujer que pasó desapercibida en la Historia del Arte como también sus homólogas Mary Cassatt (1844-1926), Camille Claudel (1864-1943), Georgia O’ Keeffe (1887-1986) y Frida Kahlo (1907-1954) entre otras.

Su biografía digna de película, todo un drama, ha sido recogida por Agnès Merlet en la película Artemisia de 1997. Nacida en Roma en 1587 en el seno de una familia de artistas, cuyo padre, Orazio Gentileschi, fue pintor y su preceptor. Del estilo de su padre derivó su propia pintura pero con unos matices personales que no podemos dejar escapar. Pintora primeriza, que desde muy joven se interesó por el dibujo y la pintura en algunos cuadros, y que a los diecisiete años va a firmar su primer cuadro, Susana y los viejos.

Dos años más tarde, llegará el episodio más desagradable, cuando es violada por el preceptor que le asigna su padre, Agostino Tassi. Sin duda alguna es algo que le marcará en su vida como pintora, tanto en su pintura, temática como técnica, como en su forma de afrontar el día a día.

Judith decapitando a Holofernes
Algunos años más tarde le llegaría la estabilidad emocional y artística a su vida, cuando conoce a su marida y se traslada a Florencia con él en 1614. Allí alcanzó un éxito pleno, convirtiéndose en la primera mujer en acceder a la Academia del Dibujo de Florencia. Ascenso artístico notable que le provocó que se moviera en los círculos más selectos del arte de la Florencia de la época, y científicos, ya que según podemos saber, mantuvo unas muy buenas relaciones con Galileo Galilei. No todo fue tan bien como parece ya que en 1621 debe volver a Roma ya que tuvo problemas con los acreedores y su marido.

En los años finales de su vida la encontraremos en Nápoles, una ciudad próspera, en busca de nuevas oportunidades. En 1638 viajará a Londres a la corte de Carlos I de Inglaterra, donde coincidirá con su padre Orazio, donde volverán a trabajar juntos. Orazio fallecerá de manera repentina y una vez que su hija termine los encargos volverá a Nápoles, donde poco a poco irá pasando al anonimato y, tras su muerte, caerá en el olvido.

En cuanto a su estilo podríamos decir que si bien sigue cerca a Caravaggio, esta artista tiene un mérito incontestable por todos los rasgos personales, tanto temáticos como formales, que añade a las obras. Mujer barroca, compleja en cuanto a su temática ya que representó tanto lo religioso como lo mitológico, y siempre influido por ese hecho que marcó su vida. Pintura llena de contrastes de sombras y luces, algo que atrapa de Caravaggio. Fuerza expresiva que toma también de su maestro, perfeccionismo y naturalismo, propio de un bodegón de Caravaggio o de una escena báquica del mismo. El interés de esta artista radica en su posible actitud feminista defendible si tenemos en cuenta el episodio tan desagradable sufrido.