domingo, 8 de noviembre de 2015

El consumo de carne, el cambio climático y las relaciones sociales en la evolución del cerebro

El cambio climático, las advertencias de la OMS sobre el consumo de carne o las nuevas formas de relacionarse socialmente son temas de actualidad, pero también tienen mucho que ver con la evolución del cerebro humano desde hace millones de años

Crecimiento del tamaño del cerebro desde  Australopithecus (500 cc.) hasta  Homo (1350 cc.)
El clima y el tamaño del cerebro

Un nuevo estudio propone que  el enfriamiento global de La Tierra durante los últimos 3.2 millones de años  puede haber facilitado el aumento del tamaño del cerebro. Se podría pensar que en climas fríos un cerebro más grande necesitaría un mayor gasto de energía para su termorregulación.  Sin embargo, los animales suelen mantener el calor en esos ambientes  mediante el crecimiento de sus órganos.

De esta forma, cuando la temperatura ambiental baja, el crecimiento del cerebro  se hace más viable. Un ejemplo lo podemos ver en los neandertales, que  viviendo en ambientes incluso más fríos que nosotros, tenían cerebros todavía más grandes.

En la actualidad asistimos al proceso contrario, un calentamiento climático global, que puede tener unas consecuencias desastrosas para el planeta; pero quizás habría que plantearse si esta nueva teoría sugiere, también, un posible efecto sobre nuestro cerebro.

El consumo de carne en la paleodieta

Entre hace 2.5 y 2 millones de años se produjo un aumento de las temperaturas y sequedad del clima, y los bosques fueron sustituidos por extensas regiones de sabana y zonas desérticas a las que los homínidos  tuvieron que adaptarse. La necesidad de una mayor capacidad operativa ante la hostilidad del nuevo ecosistema, propició un aumento del tamaño de su cerebro; pero para mantenerlo debieron conseguir fuentes de energía suplementarias.

Aiello y Wheeler propusieron, en 1995,  que el aumento del tamaño del cerebro en el Homo fue posible a partir de una reducción del tamaño del intestino. Esta reducción fue posible al aumentar la proporción de nutrientes de fácil asimilación  (la carne es más fácil de digerir  que los vegetales) y gran poder calorífico, o sea, las grasas y proteínas de la carne de los animales. Así, se creaba un excedente de energía que podría  derivarse al crecimiento y mantenimiento del cerebro.

Tras la domesticación del fuego y su uso para cocinar, hace alrededor de 1,7 millones de años, se pudo extraer más energía de los alimentos y se acortó el tiempo de masticación y digestión. Este fue un factor importante en la evolución, ya que  el tamaño del cerebro aumentó de 600cc a 850cc. y  200.000 años más tarde había aumentado a 1150cc.

Sobre el consumo de carne, la OMS recomendaba hace unos días su moderación. Poniéndolo en relación con lo comentado,  hay que tener en cuenta que muchas veces se le da demasiada importancia al componente cárnico en la paleodieta,  ya que normalmente se acompañaba (o sustituía según los disponibilidad de recursos) de una mayor variedad de productos.

Además, en la actualidad consumimos carne en exceso, ya que el total de proteínas que requiere nuestra alimentación no alcanza los 100 gr. diarios. Por lo tanto, consumirla en menor cantidad no supondría un cambio trascendental.

Correlación entre el tamaño del grupo y el tamaño del cerebro

Es evidente que en un grupo grande se tienen más aliados para ayudar en el aprovisionamiento de comida, el control del fuego o en la defensa de un territorio. Estas tareas requieren de un entorno social complejo, en el que un cerebro de mayor tamaño permitirá desarrollarlas con mayor facilidad y mantener mejor las relaciones sociales.

Pero, en un mundo en el que los grupos se han sustituido por redes sociales de enormes dimensiones, con los cambios que esto conlleva en los comportamientos sociales, ¿estará evolucionando nuestro cerebro al mismo ritmo frenético que la sociedad?

Imagen| Utexas