domingo, 22 de noviembre de 2015

La mente de un yihadista del autodenominado ‘Estado Islámico’

La civilización islámica se mantiene en el estado emocional del cerebro humano

Miembros del autodenominado Estado Islámico
La religión es uno de los frutos de la mente humana y, a su vez, nuestra mentalidad no es más que un producto del cerebro. Para entender la religión, y en este caso a los fanáticos yahadistas del autodenominado “Estado Islámico”, es necesario tener primero unas nociones básicas de cómo funciona este órgano central del sistema nervioso.

Los Occidentales vivimos en una sociedad en la que prima el uso de la razón sobre la emoción y tomamos a la Ciencia como la gran religión del mundo desarrollado. Sin embargo, convivimos en el mundo con otras sociedades que o bien no han alcanzado aún ese estadio del raciocinio o bien, si han tenido acceso a él, lo abominan porque no les sirve.

Se puede afirmar, sin temor al equivoco, que en la actualidad no predomina la razón sobre la emoción en todos los seres humanos, sino que convivimos con muchas culturas que se mantienen, intencionadamente o no, en un estadio emocional de la mente. Es más, este hecho no debe asustarnos porque, si miramos atrás, en la mayor parte de la existencia humana ha predominado otras formas de pensamiento asentadas en la emoción.

Partes del cerebro humano
Tanto el cerebro como sus pensamientos han ido cambiando desde los tiempos prehistóricos hasta nuestros días. Cuando la Historia, u otras disciplinas auxiliares como la Arqueología, afronta el análisis de alguna sociedad del pasado se debe contemplar no sólo el estudio clásico de los textos o de los restos materiales que nos llegan, sino que también se debe atender a otras disciplinas, como la neurociencia, para poder determinar bajo qué mentalidad predominante se producían esos escritos o esos restos arqueológicos que se analizan. En este caso, para entender el islam, o sus radicalismos, hay que contemplar su estudio desde un estadio emocional del cerebro.

Para entender este concepto mejor, y partiendo de la base de que todos los pensamientos que producimos provienen del cerebro, vamos a examinar brevemente el funcionamiento de este órgano.

El cerebro humano, grosso modo, es un órgano muy complejo del sistema nervioso que, durante millones de años, se ha ido transformando constantemente. En su evolución, el cerebro se ha formado desde abajo hacia arriba, y así se comprueba que las regiones superiores son más modernas que las inferiores, y que las unas derivan de las otras.

El proceso evolutivo se puede explicar siguiendo un esquema muy sencillo. El tallo encefálico, que se encuentra en la parte superior de la médula espinal, forma la región más primitiva del cerebro y, por tanto, se encarga de regular funciones vitales básicas de nuestro cuerpo tales como la respiración. Con el tiempo, el tallo encefálico fue “recubierto” por el sistema límbico (o cerebro emocional), que pasó a ser el centro neural encargado de agregar las emociones a las posibles respuestas del cerebro. Su evolución en el tiempo desarrolló en el hombre las cualidades del aprendizaje y de la memoria. Finalmente, se terminó generando en capas superiores el neocórtex (o cerebro racional) que aportaría la lógica a los pensamientos de los individuos.

Con todo, tomando como referencia a especialistas como Goleman o Rubia, se puede afirmar que los seres humanos tenemos fundamentalmente dos cerebros, uno que siente y otro que razona, y que ambos interactúan para construir la mentalidad y la realidad que percibimos. Pero, ¿cómo se relaciona el cerebro emocional con el cerebro racional?

Balanza de la razón frente a la emoción
Como hemos visto, el cerebro emocional es más antiguo que el racional y, de la misma forma, el segundo es una derivación del primero. La relación que mantienen es evidente, ya que al proceder el uno del otro están en constante interacción. El cerebro emocional produce las emociones y el racional las procesa y las asienta en el pensamiento. Al mismo tiempo, la parte racional es la que reflexiona sobre los sentimientos que emite la parte emocional y permite, por tanto, tener ciertas impresiones fundamentadas sobre las imágenes, los símbolos o las ideas que se perciben. Nos permite, en definitiva, tener sentimientos sobre nuestros propios sentimientos.

Las sociedades humanas han sufrido una continua evolución en sus sistemas cerebrales y han pasado por estadios en los que han predominado, desde las épocas más arcaicas hasta la actualidad, las mentalidades mágica, mítica o racional. Sin embargo, ¿es posible que se pueda delimitar con precisión el predominio de unos u otros sistemas mentales en cada sociedad?

Es posible demarcar los sistemas mentales aunque, a mi parecer, se debe considerar que el predominio de uno no supone la anulación de los otros, sino que pueden ser complementarios, ya que las partes más antiguas del cerebro se encuentran inhibidas, pero siguen formando parte de la estructura mental. Con esto quiero decir que la preeminencia de lo emocional sobre lo racional se percibe en la historia desde las épocas más arcaicas de la humanidad hasta la modernidad, aunque de manera muy diferente según cada etapa histórica.

En esta fase emocional de la historia se ha evolucionado, como vemos, desde la percepción mágica del mundo hasta la mítica o la religiosa. En efecto, el cerebro humano no es sólo un “órgano razonador”, sino que también se muestra como un aparato emocional en el que se originan confabulaciones y fantasías como la magia, los mitos, la religión o el arte. Este aparato emocional, en el caso concreto del islamismo radical, si además es manipulado, puede generar mentes perturbadas que se mueven sólo por la emoción, desechando completamente cualquier tipo de raciocinio.

Siguiendo con nuestro análisis, los mitos, que en su origen pudieron florecer de un pensamiento mágico más primitivo, en la Antigüedad más lejana pudieron estimular la aparición de la consciencia dualista de la emoción-razón propia de la mentalidad moderna. Aunque las emociones permanecen como una referencia constante durante el lento proceso evolutivo de la humanidad, la llegada de la civilización marca un punto de inflexión tanto en el proceso histórico como mental.

La aparición de los primeros códigos éticos y leyes encorsetarán a los seres humanos, pero no sólo política o socialmente sino también mentalmente. Este hecho, siguiendo a Goleman, se puede entender como uno de los primeros intentos de refrenar la antigua vida emocional en favor a la racional. No obstante, esa mentalidad religiosa prevalece en muchas sociedades actuales como la islámica y, más aún, en ámbitos más radicales.

En las poblaciones occidentalizadas, ¿cuándo comienza el predominio del cerebro racional sobre el emocional? No hay un acuerdo entre los especialistas en este asunto concreto, pero quizás la hipótesis más asentada es la que especifica que el predominio de la mentalidad racional sobre la emocional llegó con la Ilustración.

La Ilustración fue, además de una época histórica, un movimiento cultural e intelectual europeo, entre los siglos XVII y XVIII, en el que se pretendió disipar las tinieblas de la mentalidad mítico-religiosa mediante el resplandor de las luces de la razón. Desde entonces, hasta nuestros días, la civilización Occidental mantiene agazapadas las facultades espirituales bajo la sombra que le proporciona la Ciencia omnipresente. El vigor alcanzado por lo científico eclipsa a lo emocional y, por tanto, a lo espiritual. No se ha dado este paso, como se pude apreciar, en algunas civilizaciones como la islámica, en las que se presencia un inmovilismo de lo emocional. Sólo hay que ver que se pretende crear, desde las facciones más radicales, un “Estado Islámico” o, incluso, un Califato Universal de las proporciones del Imperio de los tiempos medievales.

Para concluir, es necesario precisar que en la actualidad no se debe valorar como mejor, ni peor, la preeminencia de la mentalidad racional, o científica, sobre la emocional, o religiosa. Se trata simplemente de dos formas diferentes de entender el mundo. Por eso, a mi modo de ver, no se puede abominar de la civilización islámica por mantenerse en una etapa emocional o religiosa de la mente, ya que realmente es la que ha prevalecido durante casi toda la existencia de la humanidad. Aunque este aspecto, claro está, no justifica el terrorismo yihadista como forma de defensa de esta mentalidad porque, entre otras cosas, el autodenominado “Estado Islámico” se mueve por otros factores que no son simplemente religiosos y que aquí no vamos a entrar a valorar.

Bibliografía

GOLEMAN, D. Inteligencia emocional. Barcelona, Kairós, 2011.

RUBIA, F. J., El cerebro nos engaña. Madrid, Booket, 2010.