martes, 26 de enero de 2016

La importancia de los muertos y la memoria histórica

La importancia de los muertos y la memoria histórica en España, dignificación y poder

Antígona intenta enterrar y dignificar a Polinices
La importancia de la muerte y los muertos para el ser humano se remonta miles de años atrás. Así lo atestiguan varios enterramientos de carácter mágico-religioso en distintos lugares del mundo. Podemos hablar de sepulturas propiamente dichas a partir del Musteriense (70.000 - 50.000 a. C.) y es en el Paleolítico cuando parece generalizarse la práctica de la inhumación (Eliade, 2015). La existencia de los propios enterramientos, si bien no necesariamente demuestra la creencia en la vida después de la muerte como muchos afirman, sí que demuestra la creencia de que la muerte de un ser humano ha de ser acompañada de un ritual de dignificación. Ejemplos concretos de enterramientos mágico-religiosos son Teshik Tash (Uzbekistán) y Chapelle-aux-Saints (Corrèze).

También es ilustrativo pensar sobre expresiones como "sólo queremos que descanse en paz", cuando familiares de desaparecidos afirman que únicamente quieren encontrar el cuerpo para que este pueda descansar al ser debidamente enterrado. Si pensamos sobre esto de una manera absolutamente lógica, no existe evidencia alguna que demuestre o justifique la creencia de que una persona "descansará en paz" si es enterrada según el rito funerario propio de su cultura de origen y, sin embargo, todos creemos en la importancia del tratamiento adecuado de los restos del fallecido y seguimos enterrando a nuestros muertos. Ahora bien, ¿qué tiene esto que ver con la memoria histórica de España?

Con la aprobación en el año 2007 de la Ley de Memoria Histórica, se sirvió la polémica. Tan polémica fue que en 2011, al no destinarse fondos para su aplicación quedó, de facto, derogada. Las críticas principales a esta Ley se resumen en lo siguiente: Fomenta el guerralcivismo y abre heridas ya cerradas. En cuanto a esto último, tanto las asociaciones de memoria histórica como los familiares de los represaliados, afirmaron en más de una ocasión, que esas heridas no habían podido ser cerradas precisamente por saber que había personas "tiradas como perros en fosas" (Ferrándiz, 2009). La Ley de Memoria Histórica, anclada en el marco conceptual de los Derechos Humanos (en el que el concepto de "dignidad del ser humano" es esencial (Cassese, 1991), pretendía dar cobertura, entre otras cosas, a los procesos de exhumación y a las investigaciones sobre este período histórico.

Pero volviendo a la cuestión de los enterramientos, parece que incluso la literatura es ejemplo del vínculo simbólico que establecemos entre el enterramiento y la dignidad. Así, en Antígona, encontramos un fragmento en el que Creonte sentencia al ya fallecido Polinices a permanecer sin tumba ni rito funerario alguno con el objetivo de privarle de la dignidad. Si trasladamos esto al contexto español la deducción es clara: Los llamados "subterrados", han sido privados del rito de dignificación que un ser humano merece, especialmente cuando ha muerto las circunstancias que estas personas murieron (ejecuciones extrajudiciales, paseos, sacas...). No obstante, y aunque coincidan en el fondo reivindicativo, dentro de los colectivos de la memoria existe desacuerdo en lo que concierne a las fosas, ya que hay colectivos que defienden que estas deberían permanecer intactas para mantener su potencial didáctico, mientras que otros priorizan la necesidad de dignificar a las personas que permanecen en ellas y entienden que ello implica necesariamente exhumar los restos (Ferrándiz, 2014).

Es en este desacuerdo entre los colectivos de la memoria en el que se puede apreciar que las fosas y los muertos de la Guerra Civil y el franquismo toman una importancia más que reseñable. En realidad, si concedemos lo que expertos en la cuestión afirman, las fosas y sus muertos tuvieron importancia desde el principio ya que fueron parte esencial de lo que se ha calificado como "pedagogías de la sangre" (Ferrándiz, 2009). De esta manera, las fosas pasan de ser "enterramientos clandestinos" a ser "parcelas de poder" en disputa y sus muertos pasan a tener una "vida política" mucho más prolongada de la que muchos de los que ahora vivimos jamás tendremos.

Bibliografía

Sófocles (1981) Tragedias. Madrid: Editorial Gredos

Cassese, A. (1991) Los Derechos Humanos en el mundo contemporáneo. Barcelona: Editorial Ariel S.A.

Eliade, M. (2015) Historia de las creencias y las ideas religiosas I: De la Edad de Piedra a los misterios de Eleusis. Barcelona: Ed. Paidós.

Ferrándiz, F. (2014) El pasado bajo tierra: Exhumaciones contemporáneas de la Guerra Civil. Grupo Editorial Siglo XXI. Barcelona: Anthropos.

Ferrándiz, F. (2009) "Fosas comunes, paisajes del terror" en Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, vol. LXIV, nº1, pp.61-94, enero-junio.

Leizaola, A. (2006) "La Antropología a pie de fosa. Diálogo con Francisco Etxeberría y Francisco Ferrándiz sobre la memoria de la Guerra Civil." en Ankulegi, 10, 33-46.

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