miércoles, 3 de febrero de 2016

La primera gran masacre documentada entre Homo sapiens y el origen de la guerra

El hallazgo, encontrado al sudoeste del lago Turkana en el 2012, desvela sus detalles y sus posibles significados a través de la revista Nature, desmitificando el pacifismo de las sociedades de bandas

Esqueleto masculino encontrado en Nataruk
Como parte del Proyecto IN-AFRICA, a fecha de 2012 un equipo de paleoantropólogos encontró en las orillas del lago Turkana (Kenia) multitud de fragmentos de esqueletos humanos, si bien no ha sido hasta apenas unos días que la revista Nature ha publicado los detalles del hallazgo.

Conocida la zona como el yacimiento de Nataruk, los investigadores encontraron unos huesos fechados en hace 10.000 que correspondían a un total de veintisiete personas, parcialmente enterrados en la grava: veinte adultos, seis niños pequeños y un adolescente de entre 12 y 14 años. Doce de estos esqueletos conservaban la misma posición en la que habían muerto, y sólo dos de ellos no mostraban signo alguno de violencia, siendo la excepción de un caso que se cree como el acto de guerra más antiguo conocido.

Atendiendo a la cronología y a la ubicación del yacimiento, éstos Homo sapiens vivían de la caza y la recolección resultando una sociedad nómada organizada en bandas, de aquellas que tanto han sido idealizadas por su particular pacifismo y su ausencia de jefaturas o jerarquías.

No obstante, resulta claro que éstos cadáveres narran un conflicto entre estas sociedades de bandas, conservando muchos de ellos aún las puntas líticas de flechas, lanzas demás armas en sus cráneos, caderas y tórax. Gran parte de ellos murieron en el acto, si bien otros quedaron inmovilizados viendo sus rodillas y manos fracturadas hasta fallecer, y así ninguno recibió sepultura; todos y cada uno de ellos murieron en el lugar donde había tenido lugar tal carnicería, sin distinción por su edad o género.

Los cazadores y recolectores del Paleolítico bien han sido idealizados por los investigadores por aquel mito del ‘buen salvaje’, aunque en las sociedades de bandas de hoy día –como los bosquimanos de África– no son extrañas las bajas constantes a causa de la violencia. La comparación entre ambos, las paleolíticas y las actuales, podría ser posible si acaso se hallasen restos prehistóricos que permitiesen aclarar tal dilema.

Marta Mirazón Lahr, experta en Biología Evolutiva por la Universidad de Cambridge, argumenta que aún tratándose de un ataque premeditado y de gran brutalidad, no nos ha de extrañar el conflicto en este tipo de sociedades. De este modo, defiende, el riesgo de violencia radica en un contexto en el que dada una alta densidad de su población había motivos para entrar en conflicto por los recursos, desde víveres hasta mujeres y niños.

Ese sería en tal caso el motivo de conflictos y guerras, y no tanto la dicotomía entre sociedades nómadas y sedentarias; todo ello aconteciendo según  la densidad de los grupos y las condiciones ambientales. La evolución, según concluye, es un proceso de competición y supervivencia, y en este sentido el Homo sapiens no es ni mucho menos una excepción.

Vía| El País
Imagen| Theatlantic