martes, 1 de marzo de 2016

Los constructores de megalitos en la Unesco

El Sitio de los Dólmenes de Antequera, en Málaga, puede ser inscrito en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco

Dolmen de Menga, Antequera
Hace algunos días leíamos en Diario Sur que la Junta de Andalucía ha elaborado un expediente para conseguir que el Sitio de los Dólmenes de Antequera, en Málaga, se inscriba en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco.

El expediente, que no se resolverá hasta 2016, se ha ofrecido en tres volúmenes. En el primero, como establece la Unesco, se explican detalladamente los cinco bienes presentados, es decir, el tholos de El Romeral, los dólmenes de Menga y Viera, y los parajes naturales de El Torcal y La Peña de los Enamorados. En el segundo se presenta un anexo y se expone la relevancia del megalitismo como una de las grandes manifestaciones culturales de la Humanidad. En el tercero se entrega una documentación digital en ocho discos.

Lo cierto es que llama la atención cómo estos monumentos, construidos entre el Neolítico y la Edad del Bronce, se han mantenido casi inalterados por el tiempo. Todavía hoy nos preguntamos cómo se pudieron levantar estas enormes estructuras en aquel tiempo. Pero, sobre todo, son sugestivas las numerosas tipologías que se engloban dentro del término megalito, que varían según las zonas o la funcionalidad.

En la fachada atlántica, por un lado, destacan hasta siete formas megalíticas diferentes. El menhir, del bretón piedra larga, que es un monolito vertical como el de Spellenstein en Rentrisch (Alemania), de 5 metros de altura. El alineamiento, que es una hilera de menhires, como el que se encuentra en Carnac, en Francia. El crómlech o círculo de menhires, como el de Avebury, en Inglaterra. El dolmen, que es una cámara funeraria abierta, como el de Los Mellizos de Valencia de Alcántara, en Extremadura. La galería dolménica o pasillo adintelado cubierto por un túmulo, como los denominados “dólmenes” de Menga y Viera en Antequera, Málaga. El sepulcro de corredor o pasillo adintelado acabado en una cámara funeraria cerrada con falsa cúpula, cubierto también por un túmulo, como el de Los Millares (Almería) o como el tholos de El Romeral de Antequera (Málaga). Y, por último, el henge o círculo ritual, que es un crómlech dolménico como el de Stonehenge, en Inglaterra.

En el Mediterráneo, por otro lado, también encontramos una forma diferente de megalitismo. En las Islas Baleares se encuentran unas estructuras ciclópeas entre las que vamos a destacar tres que se encuentran en Menorca. El talayot, que es una torre vigía aislada o integrada en un recinto amurallado, como el de Torello en Mahón. La taula, que se constituye por una piedra vertical coronada por otra horizontal, en forma de T, para prácticas ceremoniales, como la de Torralba d’en Salert en Alaior. Y la naveta, por último, que es una construcción longitudinal, con fachada frontal plana y ábside semicircular, de uso habitacional o sepulcral, como la Naveta dels Tudons que se conserva en Ciudadela.

Con suerte, la Unesco reconocerá la importancia del fenómeno megalítico en Europa e inscribirá, en 2016, los sitios de Antequera en su Lista de Patrimonio Mundial.

Imagen| Blasting News