martes, 8 de marzo de 2016

Los orígenes del cristianismo hispano, entre la historia y la leyenda

En Hispania, por falta de documentación, surgieron una serie de leyendas, como la de los siete varones apostólicos

Patena con la representación de Cristo en Majestad, de la Basílica de Cástulo (siglo IV)
Los primeros pasos del Cristianismo en la península Ibérica, a falta de datos históricos, se completan con leyendas, adornos e idealizaciones al servicio de los intereses contemporáneos.

En cuanto a lo que el origen del Cristianismo en Hispania se refiere, las fuentes históricas más antiguas que nos proporcionan información se remontan al siglo III, momento en que la religión cristiana ya tiene cierta madurez. Del proceso de cristianización y de los cristianos anteriores no consta ningún dato relevante, lo que nos lleva a pensar que se propagó de forma anónima o que ninguna figura importante de la época apoyó esta fe, lo que habría provocado que fuera recordado y conmemorado.

Por esta falta de documentación, y por la necesidad de reforzar el cristianismo en tiempos de la invasión musulmana para hacerle frente de forma más contundente, surgieron una serie de leyendas, como la de los siete varones apostólicos, según la cual a mediados del siglo I siete hombres -Cecilio, Hesiquio, Segundo, Eufrasio, Indalecio, Tesifonte y Torcuato-  fueron enviados desde Roma por Pedro y Pablo para evangelizar la península Ibérica. Éstos llegaron a Acci, la actual Guadix en Granada, y encontraron a la población celebrando una festividad en honor a Júpiter recibiéndoles con tal hostilidad que tuvieron que huir cruzando por un puente. Cuando los lugareños salieron en persecución tras ellos y llegaron al puente, éste se derrumbó y los accitanos se ahogaron. Tras ver esto, una matrona llamada Luparia les recibió y construyó una iglesia para que pudieran llevar a cabo su culto y cada uno de ellos se encaminó a evangelizar una zona de la actual Andalucía. Todos ellos murieron como mártires y en cada uno de los sepulcros se sucedieron prodigios.

Aunque algunos historiadores consideran verosímil la figura de esos siete hombres que fueron enviados a evangelizar la península, el primer documento histórico fidedigno que nos proporciona información sobre el cristianismo en España es la carta 67 de Cipriano de Cartago, obispo de esta ciudad. En ella, que es una respuesta a otra carta recibida por los obispos de León-Astorga y Mérida, se refleja la situación del cristianismo en Hispania en esa época y sus características. A través de esta carta, fechada entre el 305 y el 325 d.C., El obispo Cipriano convoca un sínodo por la actitud inmoral de algunos obispos de Hispania. Las comunidades cristianas están, por entonces, unidas todavía a prácticas paganas y la sociedad, aun declarada cristiana oficialmente, sigue manteniendo el respeto a las deidades politeístas inculcado bajo la cultura Romana antes de la oficial conversión al Cristianismo.

El otro gran documento histórico es el Concilio de Elvira, convocado en Iliberri, cerca de Granada, a comienzos del siglo IV d. C. En él quedan recogidos diferentes cánones, un total de 81, en los que se comienzan a perfilar las diferentes limitaciones de lo que se considera moral e inmoral dentro de la fe cristiana. En él se establece la posibilidad de contraer matrimonio, todavía visto como un acto privado legislativo para que los bienes pasaran a los descendientes y no a los familiares y no como un sacramento de la iglesia, o de tener una concubina o pareja de hecho pero nunca ambas; la obligación al celibato para todo el clero o la separación de las comunidades judías. También se prohíben en él el culto imperial y las carreras de cuadrigas en un intento de alejar la fe cristiana al paganismo que todavía impregnaba a toda la sociedad hispanorromana.

Tras la caída del imperio romano, los visigodos -pueblo de origen germánico- conquistan el territorio de Hispania y con ellos llega una nueva religión: el arrianismo. Esta división entre arrianos y cristianos tendrá fin tras la conversión de Recaredo I, en el 589, unificando, así, a visigodos e hispanorromanos bajo el catolicismo.

Autora| Maya Jiménez Vado
Imagen| El País