martes, 10 de mayo de 2016

Murillo, un pintor del Barroco muy conocido fuera de España

Tras su vuelta a Sevilla, Murillo se ocupó de la fundación de una academia de dibujo

'Sagrada Familia del pajarito', hacia 1649-1650
Bartolomé Esteban Murillo, nacido en Sevilla en año 1617, fue uno de los pintores españoles del Barroco mejor conocido y más apreciado fuera de su país.

En su formación, se cree que empezó con un pariente de su madre en el taller de Juan del Castillo, que fue un pintor discreto y amante de la expresividad de los rostros. Después de un tiempo, se marchó a Madrid donde aprende de Velázquez.

Murillo contrae matrimonio con Beatriz Cabrera, de una familia de plateros, con quien tuvo nueve hijos. En el mismo año de su casamiento recibe uno de los más importantes encargos hasta esta fecha, once lienzos para el claustro pequeño del convento de San Francisco de Sevilla, en los que trabajó de 1645 a 1648.

A la llegada de la peste, de 1649, no se conocen nuevos encargos de aquella envergadura, pero sí un elevado número de imágenes de devoción: varias versiones de la Virgen con el Niño o de la llamada Virgen del Rosario, la Adoración de los pastores y la Sagrada Familia del pajarito, todas ellas ahora en el Museo del Prado. En este momento también realiza las obras profanas del Niño espulgándose o Joven mendigo del Museo del Louvre. En  1658, vuelve a Madrid pero se desconocen los motivos de este viaje y lo que hiciera durante su estancia en la ciudad.

A su vuelta a Sevilla se ocupó de la fundación de una academia de dibujo, cuya primera sesión tuvo lugar el 2 de enero de 1660 en la casa lonja. El objetivo de esta escuela era permitir tanto a los maestros de pintura y escultura como a los jóvenes aprendices que se perfeccionasen en el dibujo anatómico del desnudo, para lo que la academia facilitaría su práctica con modelos vivos.

En ese mismo año, realiza una de la obras más significativas y admiradas por él, el Nacimiento de la Virgen del Museo del Louvre, pintado para sobrepuerta de la Capilla de la Concepción Grande de la catedral sevillana. Hacia 1664 pinta para el convento de San Agustín una pintura que representa a San Agustín contemplando a la Virgen y a Cristo crucificado.

Tras la serie de obras del Hospital de la Caridad, con temas  paganos y religiosos, Murillo no recibió nuevos encargos de esa envergadura. Un nuevo ciclo de malas cosechas llevó a la hambruna de 1678 y dos años después un terremoto causó serios daños. Con todo, a Murillo no le faltó el trabajo gracias a la protección de sus viejos amigos, como el canónigo Justino de Neve y los comerciantes extranjeros establecidos en Sevilla, que le encargaron tanto obras de devoción para sus oratorios privados como escenas de género. Murillo fallece el 3 de abril del 1682, dejando una serie de cuadros aún por terminar. Entre ellos, cuatro lienzos pequeños que le había encargado Nicolás de Omazur y el gran lienzo de los Desposorios místicos de santa Catalina para el altar mayor de los capuchinos de Cádiz, del que pudo pintar sólo el dibujo sobre el lienzo e iniciar la aplicación del color en las tres figuras principales, siendo completado por su mejor discípulo Francisco Meneses Osorio.

Imagen| Wikipedia