sábado, 2 de julio de 2016

El infierno en vida de la pena de bombas

Los diques de carenado del arsenal de Cartagena constituyeron una de las obras de ingeniería naval más importantes de la Europa del siglo XVIII

El Arsenal de Cartagena en 1799, cartografiado por Juan José Ordovás
Los diques de carenado del arsenal de Cartagena constituyeron una de las obras de ingeniería naval más importantes de la Europa del siglo XVIII. La importancia que se dio a su desarrollo la manifestó en 1755 el ministro Arriaga al intendente Barrero, al precisar que eran el “primer objeto de cuanto se trabaja en los departamentos”.

Las ventajas de estos diques fueron evidentes, pues en aquella época era indispensable carenar un navío cada 4 ó 6 años de servicio, razón por lo que la vida útil de estos buques apenas superaba las dos décadas, en tanto que la reparación en posición vertical en los nuevos diques posibilitaba que un navío durara varias décadas más.

El trabajo más agotador en estos diques y que requería una gran cantidad de hombres, consistió en el “vaivén” de las bombas de achique de agua, operación imprescindible cada vez que un barco entraba en el dique, pues había que vaciarlo y mantenerlo seco de las filtraciones.

Al ser el desagüe un trabajo continuo, sin descanso alguno en tanto estuviera el buque en el interior del dique, se hizo necesaria la construcción de un foso donde se colocaron las bombas de cadena necesarias, donde los trabajadores debían cumplir turnos de cuatro horas para conseguir que las máquinas produjeran el trasiego constante de agua de unos pozos a otros. Todo ello,  sin salir a la superficie hasta tanto el carenado se hubiera realizado completamente.

En consideración a su dureza, el trabajo forzado en las bombas de achique de agua de los diques de carenado acabó considerándose un destino penal independiente en 1771, concediendo estímulos alimenticios y económicosque sin embargo, apenas compensaron el agotador trabajo y el lamentable estado ambiental de unas pozas habitualmente encharcadas, en las que debían dormir los bombeadores cada vez que un buque entraba en un dique para ser carenado. Además, estas condiciones se endurecían mucho más por el maltrato de que hacían gala los guardianes, siempre con un látigo o un palo a mano para fustigar a los menos activos y obedientes.

Del infierno que hubieron de sufrir los condenados a bombas hasta que fueron suprimidas en 1787, da idea el hecho de que de los 323 condenados asentados entre el 29 de abril de 1773 y el 22 de octubre de 1775, falleció el 26,63 % de ellos, porcentaje muy por encima del experimentado en la época de galeras.

Vía| MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel. Los forzados de Marina en la España del siglo XVIII (1700-1775), Almería, 2011
Imagen| Wikipedia