domingo, 17 de julio de 2016

El running y la leyenda de Maratón

En la batalla de Maratón, que fue decisiva para la conclusión de la Primera Guerra Médica, los atenienses dieron una grave estocada a los persas en el año 490 a. C.
 
Pintura de Filípides de Luc-Olivier Merson, 1869
En los últimos años se ha puesto de moda practicar atletismo o, como algunos lo llaman, hacer running. Los motivos quizás sean que es un deporte relativamente económico, tiene una libertad horaria bastante amplia, da la sensación de realizar deporte al aire libre y proporciona unos resultados bastante rápidos en la mejora de la salud física.

Es posible que la gran meta de la mayoría de estos atletas sea la de recorrer algún día los 42’195 kilómetros de una maratón. A parte de la sensación de satisfacción que da el completar esa distancia, ¿por qué es tan emblemática esta prueba atlética? La respuesta se puede encontrar en la antigua leyenda que dio lugar a la carrera, es decir, en el mito de la gesta del soldado griego Filípides.

En la batalla de Maratón, que fue decisiva para la conclusión de la Primera Guerra Médica, los atenienses dieron una grave estocada a los persas en el año 490 a. C. Los acometimientos se desarrollaron en las tierras y en la playa de la ciudad de Maratón, ubicada a unos 42 kilómetros de Atenas, en la costa este de Ática. En el campo de batalla se enfrentaron los ejércitos del rey persa Darío I, que pretendía conquistar Atenas por su participación en la revuelta jónica, y de la ciudad-estado de Atenas y sus aliados, que salieron victoriosos.

Esta batalla, aunque no fue decisiva, preocupó mucho a los persas porque era la primera vez que fracasaban militarmente en campo abierto contra los griegos. La victoria dio tanta seguridad a los griegos en sí mismos, que consiguieron resistir tres siglos más a los embates persas.

Entre tanto, en Atenas, las mujeres esperaban ansiosas saber el desenlace de la batalla. Los persas habían jurado que tras vencer a los griegos se dirigirían a la ciudad para saquearla y sacrificar a las niñas. Según lo acordado, si las mujeres atenienses no recibían la noticia de la victoria griega antes de un día, a la puesta del Sol, serían ellas mismas las que ejecutarían a sus hijos y después se suicidarían.

El triunfo costó más tiempo del esperado así que, para evitar una desgracia mayor, el general griego Milcíades el Joven envió un mensajero para que informara a las féminas atenienses de la victoria. El elegido fue, y aquí se mezcla la historia con la  leyenda, el soldado Filípides, que después de estar un día entero luchando tuvo que recorrer la distancia que separaba Maratón de Atenas para informar del éxito. Corrió tanto para llegar lo antes posible que, en su destino, sólo pudo pronunciar la palabra νίκη o victoria antes de morir de agotamiento.

En la versión que ofrece el historiador Heródoto, Filípides recorrió los 225 kilómetros que separan Atenas de Esparta en dos días para pedir refuerzos. Los persas se estaban acercando peligrosamente a Maratón y la amenaza era cada vez mayor. Sin embargo, los espartanos rehusaron ayudar a los atenienses alegando que se encontraban en el período de sus fiestas religiosas.

Aunque no hay evidencias de que en la antigüedad existiera una competición similar al maratón moderno, los fundadores del C.O.I. tomaron la distancia de los 42’195 kilómetros para la carrera. Sin embargo, en homenaje a esta gesta, también se celebra una carrera anual denominada Espartatlón o Spartathlon, en la que se recorre la mayor distancia que separa a Atenas de Esparta.

Curiosamente, Heródoto escribió sobre Filípides unos 30 ó 40 años después de los hechos, por lo que es bastante probable que se trate de una figura histórica. No obstante, el primer relato conocido que habla de una carrera de Maratón a Atenas lo escribió Plutarco, que vivió entre los años 46 y 120 d. C., en su ensayo histórico De gloria Atheniensium, donde atribuye la hazaña a un mensajero llamado Thersippus o Eukles, pero no Filípides. Luciano, un siglo después, vuelve a atribuir la carrera a Filípides.

En conclusión, en los cinco siglos que separan a Heródoto de Plutarco, es posible que esta historia se haya alterado y que algún autor inventara la leyenda de la carrera de Maratón a Atenas. Según parece, Filípides nunca recorrió la distancia de los 42 kilómetros que estas dos ciudades, aunque posiblemente sí la de 246 kilómetros entre Atenas y Esparta.

Imagen| Filípides