viernes, 8 de julio de 2016

La Orden del Temple: unidos por la fe y condenados por el papa

Felipe IV  y Clemente V aunaron fuerzas para acabar con la Orden del Temple

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y Templo de Salomón
Acusados de sodomía, herejía e idolatría, Clemente V condenó a la hoguera a los dirigentes templarios envuelto por la sed de absolutismo del rey francés Felipe IV y, a las puertas de la muerte, uno de ellos vaticinó las muertes tanto del Papa como del Rey: "no tardará en venir una inmensa calamidad para aquellos que nos han condenado sin respetar la auténtica justicia".

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, más conocida como la Orden del Temple, fue una importante orden militar religiosa que acumuló tanta riqueza y poder que llegó a ser el eje vertebrador de todo lo conseguido en las cruzadas y el principal prestamista de algunas de las Coronas de Europa. Entre ellas se contaba la de Francia, cuyo rey Felipe IV el Hermoso, ahogado por las deudas y cegado por una indomable sed de absolutismo se fijó el objetivo de acabar con la Orden consiguiendo así aliviar su situación económica, fuertemente endeudada con la Orden, y política, alzándose como único gran poder en el reino.

Para todo esto, urdió en secreto el apresamiento de todos los caballeros templarios y la ocupación y confiscación de sus casas y bienes. Esta orden, dada en Maubuisson el 14 de septiembre de 1307, se llevó a cabo el 13 de Octubre de ese mismo año, unas horas después de que el rey de Francia, en una muestra absoluta de cinismo, eligiera al maestre mayor de la Orden, Jacobo de Molay, como acompañante en las honras fúnebres celebradas el 12 de Octubre por la muerte de la esposa de su hermano Carlos de Valois, Doña Catalina de Courtenay.

Pillados por sorpresa, al caer el alba del día 13 de Octubre, los hombres del rey cercaron las casas de los templarios y los capturaron salvándose tan sólo una docena que se encontraba fuera del país en ese momento. Toman, también, la Torre del Temple, donde se encontraba el maestre mayor y tras su arresto por Guillermo de Nogaret el rey Felipe se persona en ella para hacerse con las joyas y bienes que allí se custodiaban.

Los templarios fueron llevados presos e interrogados pudiéndose dar dos opciones: que los templarios confesaran los cargos de herejía y sodomía que se les atribuían o que los negaran y fueran condenados y puestos a disposición de los inquisidores que, bajo tortura, les arrancarían la confesión para posteriormente condenarlos.

De todo cuanto acontecía el papa Clemente V no tenía idea alguna por lo que totalmente irritado convoca un concilio de urgencia el 15 de Octubre. Al tratarse los templarios de religiosos sólo podían ser ajusticiados por el fuero eclesiástico, por lo que el papa, ante la inoperancia del concilio, decidió escribir una misiva al rey de Francia acusándole por la intervención a los templarios y las torturas llevadas a cabo. Sin embargo, Felipe IV, lejos de retractarse, siguió adelante con la persecución templaria y las torturas seguían estando a la orden del día. Tan brutales eran, que al menos 36 templarios murieron en la ciudad de París en el proceso interrogatorio ante los tormentos a los que fueron sometidos por resistirse a confesar.

Jacobo de Molay condenado a la hoguera por Felipe IV
Por medio de estos duros interrogatorios, el rey consigue la confesión del maestre general, Jacobo de Molay, y de otros tres altos cargos de la Orden. Ante esto, el papa cede parcialmente a las pretensiones del rey francés y dictamina la bula Pastoralis Preeminentae el 22 de Noviembre de 1307, por la que ordena a todos los monarcas cristianos la detención de los templarios y el secuestro de sus bienes hasta que la Santa Sede decidiera su destino. Así, el proceso de persecución que comienza Felipe IV se extiende a toda la cristiandad. Lejos de cumplirse la intención del pontífice, que trataba con esta bula ponerse a la cabeza del movimiento, alimentó la avaricia de los monarcas que veían en la bula una oportunidad única de hacerse con la gran cantidad de bienes de la Orden.

Pero Felipe el Hermoso no cederá ante el papa y se negará a dejar a los templarios arrestados a disposición del papa, por lo que éste le quita la jurisdicción en sus territorios. Como medida de presión el rey consigue reunir a 72 templarios que delante del pontífice dan por ciertos los cargos que pesaban contra la Orden, por lo que el papa le devuelve la jurisdicción al rey el 5 de julio de 1308.

A partir de este momento, la acción del rey francés se recrudece, condenando a la hoguera a los primeros presos que hasta el momento de su muerte se afanan en negar todas las acusaciones que pesaban contra ellos y la Orden del Temple.

A pesar de que el papa Clemente V no creía en la veracidad de los abominables delitos que el rey Felipe IV se afanaba en volcar sobre los templarios, superado por la sed de absolutismo y riqueza del rey y bajo sus presiones y chantajes, convocó el Concilio de Vienne en el que se confirmaban estas acusaciones y promulgó la bula Ad Providam por la que se confirma la disolución de la orden.

Según este fragmento de la bula Ad Providam, "...hace poco, Nos, hemos suprimido definitivamente y perpetuamente la Orden de la Caballería del Templo de Jerusalén a causa de los abominables, incluso impronunciables, hechos de su Maestre, hermanos y otras personas de la Orden en todas partes del mundo... Con la aprobación del sacro concilio, Nos, abolimos la constitución de la Orden, su hábito y nombre, no sin amargura en el corazón. Nos, hicimos esto no mediante sentencia definitiva, pues esto sería ilegal en conformidad con las inquisiciones y procesos seguidos, sino mediante orden o provisión apostólica".

Autor| Maya Jiménez
Imagen| Taringa