domingo, 24 de julio de 2016

Los legionarios en el Alto Imperio Romano

En Roma, a medida que el ejército se hizo profesional, el Estado comenzó a proporcionar ropa, armadura y armas a las tropas

Representación del cuerpo legionario 
El Alto Imperio Romano (27 a.C.-284 d.C.) es un periodo que comprende desde el momento en que, ayudado por los éxitos militares de Agripa, Octavio recibió el título de Augusto (27 a.C.), hasta la llegada al poder de Diocleciano (284 a.C.). A medida que el ejército se hizo profesional el Estado comenzó a proporcionar ropa, armadura y armas a las tropas, motivo por el que los legionarios gozaron de un variado y completo equipamiento compuesto de una serie de elementos.

El vestido habitual romano siguió siendo una versión de la túnica civil hasta comienzos del siglo III d.C. Esta túnica militar era un poco más larga que la utilizada por los civiles, llegando hasta la mitad de las pantorrillas. Pero lo habitual era ajustarla con un cinturón, por lo que colgaba por encima de las rodillas. Algunas túnicas tenían mangas, normalmente bastante cortas. Es probable que los soldados poseyeran varias túnicas con distintas funciones.

Los soldados comunes empleaban dos modelos básicos de capa. La principal era el sagum, que era de mayor calidad y la solían vestir los oficiales importantes, y la secundaria era la paenula.

Las túnicas requerían un cinturón, el cual era un símbolo importante para marcar la identidad del soldado en cuestión. A principios del siglo I d.C. se utilizaban dos cinturones que se llevaban cruzados: uno para colgar una espada y otro para colgar una daga. Pero a finales del siglo I d.C. la moda cambió y se comenzó a llevar un cinturón más ancho del que colgaban tanto la espada como la daga. Además, durante los siglos I y II d.C. el cinturón solía llevar un delantal sujeto al frente.

Otro elemento importante del equipamiento del legionario eran las botas. Las plantas de las botas militares (caligae) tenían acopladas unas pesadas tapas metálicas. Aunque la apariencia abierta de las caligae hace que se parezcan a unas sandalias, su elaboración era bastante más robusta, pues se construían en tres partes y las correas se podían ajustar y apretar a voluntad. Estas botas eran utilizadas normalmente con calcetines. A partir del siglo II d.C. comenzaron a generalizarse otros tipos de calzados más cerrados.

También cabe destacar que bajo las túnicas se utilizaban calzones, y sobre todo entre la caballería, pantalones largos así como calcetines y diversos tipos de medias. Tampoco debemos de olvidar que la indumentaria se adaptaba a las condiciones climáticas de cada zona. La moda cambió a partir del siglo II d.C., momento en el que la túnica de manga larga se generalizó definitivamente. Además, era común que las mangas se ajustaran a las muñecas así como que los pantalones pasaron a ser ajustados.

Muchas veces se asume que todos los soldados vestían túnicas del mismo color. Pero es posible que emplearan varios colores y variadas túnicas para diversas clases de vestimenta dependiendo de la situación. Con esto, se sabe que los soldados vistieron túnicas blancas o casi blancas, pero también rojas, aunque de menor calidad. Las túnicas sin teñir también estuvieron a la orden del día entre la población civil (blanco, gris o marrón claro). Las capas solieron ser de un color pardo apagado, casi amarillo.

Por su parte, los yelmos también fueron una parte importante del equipamiento legionario. De esta forma, en el último siglo de la República los yelmos más utilizados eran los derivados de modelos originales gálicos. En un principio, el más común fue el montefortino, que con el tiempo aumentó el tamaño de la protección de la nuca. El yelmo montefortino se vio sustituido progresivamente por el yelmo coolus en el siglo I a.C., el cual incorporó un refuerzo en la mitad frontal del yelmo poco tiempo después. Ambos modelos contaban con protecciones más anchas en los laterales de la cara.

Con el tiempo, las protecciones de la nunca dejaron de proyectarse hacia el exterior y se elaboraron más bajas y anchas, mientras que se comenzó a proteger los hombros. Hasta el siglo III d.C. los yelmos de la infantería no contaron con una protección en la cara y los oídos. Además, varias filas de estrías reforzaban la parte trasera del casco. El principal objetivo era la protección de la parte superior de la cabeza.

Nos encontramos con dos tipos básicos de manufactura a la hora de elaborar los yelmos: la forja, que implicaba la bastida del metal sobre un molde hasta conseguir el aspecto deseado; y el torno, donde la forma se alcanzaba mediante un molde que daba vueltas. Pero debemos de tener en cuenta que el metal de los yelmos torneados era menos resistente que el de los yelmos forjados.

Los centuriones se diferenciaban de los demás soldados por usar una amplia cresta transversal en su yelmo. Por su parte, los portaestandartes vestían pieles de animales sobre sus yelmos, al igual que determinadas unidades auxiliares. En tiempos de César era común que los soldados montasen crestas o plumas en sus cascos durante la batalla.

Todos los yelmos contaban con forros internos que garantizaban un ajuste y acolchado más óptimo, que garantizaba una mejor amortiguación de los golpes que pudieran recibir, pues era vital que el soldado no se viera aturdido o herido al recibir un golpe.

Con el transcurso de los años, los diseños de los cascos y yelmos fueron cambiando. Así, en las primeras décadas del siglo II d.C., aunque siguieron usándose algunos cascos del modelo imperial, se generalizó un nuevo tipo de yelmo de infantería, cuyo diseño estaba basado en los yelmos de la caballería. Este nuevo diseño contaba con protección para las orejas, las cuales quedaban cubiertas casi al completo, y la protección de la nuca tendió a caer hacia abajo. De esta forma, los cascos más comunes fueron el de tipo cresta o intercisa o los spangenhelme, que serían utilizados mayormente por soldados rasos, debido a su bajo coste.

La armadura corporal fue otro de los elementos vitales del equipamiento de los soldados. Existían diversos tipos, que iban de las más sencillas y baratas a las más complejas y caras. De esta forma, la gran mayoría de los soldados del siglo I a.C. se equiparon con la cota de malla (lorica hamata). Esta se componía de diversos anillos enlazados que proporcionaban una gran protección al soldado. Estos anillos podían estar elaborados con alguna aleación de cobre, aunque lo normal era que se fabricaran en hierro. Cada anillo estaba unido a otros cuatro mediante remachado o soldado. Era común que estuviesen dobladas sobre los hombros y que llegasen hasta las caderas. Estas mallas eran flexibles y se adaptaban de forma ajustada al cuerpo de cada soldado. Su peso era de unos 10-15 kilos aproximadamente. Pero aunque proporcionaban una buena protección, podían ser penetradas por un fuerte ataque o por una flecha lanzada desde corta distancia.

Otro tipo de armadura corporal fue la armadura de escamas, la lorica squamata. Esta era utilizada normalmente por los legionarios. Al contrario que la malla, la cual era fácil de mantener y reparar, la armadura de escamas sufría daños con más facilidad. Las escamas solían ser de una aleación de cobre o de hierro, y el tamaño de cada escama era distinto en cada armadura. Las escamas se unían en filas mediante alambres y cosiéndose a una tela de fondo. Eran bastante finas y la superficie lisa y pulida que formaba la armadura ayudaba a deslizar los golpes recibidos.

Por último, nos encontramos con la armadura de placas (lorica), que es el tipo de armadura que comúnmente se asocia a los romanos. Pero su uso se hizo menos frecuente a partir del siglo III d.C., y finalmente el modelo fue abandonado. La armadura estaba formada por una serie de placas de hierro articuladas mediantes bandas de cuero situadas por debajo. La protección de los hombros era especialmente poderosa. Desviaba o contenía la mayor parte de los ataques con flechas y lanzas. Su peso aproximativo era de unos 9 kilogramos, pero su forma era menos cómoda. Además, su elaboración requería una gran habilidad técnica en el proceso de manufactura.

Armadura de placas (lorica)
Todos los tipos de armadura exigían vestir algún tipo de prenda acolchada por encima de la túnica, el llamado subaemalis. En ocasiones también se utilizaba una prenda impermeable de cuero que se podía vestir o bien entre el thoramachus y la coraza o bien por encima de la armadura.

Otro de los elementos defensivos vitales en el equipamiento de un legionario romano era el escudo, conocido como scutum. Este sufrió pocas transformaciones entre mediados de la etapa republicana y principios del siglo III d.C. era un escudo largo que cubría todo el cuerpo, de forma semicilíndrica y construido en madera. Antes de la reforma de Mario lo legionarios transportaban un escudo ovalado, con sus extremos y sus lados curvos.

Pero esto fue cambiando progresivamente y a principios del siglo I d.C. la mayoría de legionarios empleaban escudos rectangulares. Estos eran un poco más cortos y con una anchura similar a los anteriores. La mayor parte tenían extremos planos, con lados curvos o rectos, y con un grosor de unos 5 centímetros. En el medio del escudo había un espacio rectangular destinado a alojar el umbo del escudo. Además, el envés del escudo se reforzaba con un marco de tiras de maderas encoladas o sujetas con clavijas. La banda para el agarre se colocaba en sentido horizontal. Tanto la parte frontal como la parte de atrás estaban cubiertas de una fina capa de cuero. La cubierta solía ser de bronce, y el escudo se protegía de las inclemencias del tiempo mediante fundas elaboradas con cuero. El frontal del escudo se decoraba con las insignias de cada unidad.

Scutum
Pero los soldados de finales del siglo I y principios del siglo II d.C. se vieron en la necesidad de aumentar su protección. Por esto, al escudo, el yelmo y la coraza se unieron las grebas para proteger las piernas y protecciones de brazo o brazaletes en sus antebrazos derechos, que se formaban con segmentos metálicos con un arnés de cuero como sostén.

Las armas ofensivas formaban otro punto vital en el equipamiento de los soldados. En primer lugar, nos encontramos con el pilum o lanza arrojadiza, que fue utilizado por la mayoría de los legionarios hasta que su uso decayó en el siglo III d.C. su diseño no sufrió muchas variaciones desde la época republicana. Existían dos sistemas para enmangar la cabeza de hierro en la vara de madera. Algunas cabezas terminaban en un casquillo. La mayoría contaban con una ancha espiga rectangular que se encajaba en una acanaladura en la madera y era finalmente sujetada con dos remaches. El alcance efectivo de un pilum era de unos 15 metros. El arma estaba pensada para matar o herir, atravesando el escudo y la armadura del enemigo.

Los soldados también disponían de diferentes lanzas y jabalinas, que no requerían excesivos entrenamientos. Su tamaño y forma son muy variables. Las utilizadas en el combate cuerpo a cuerpo podían medir hasta no más de tres metros, mientras que las utilizadas como armas arrojadizas eran de menor tamaño, aproximadamente de algo más de un metro.

Otra arma destacable fue el gladius. A principios del siglo I a.C. el tipo de espada dominante era el maguncia, el cual su hoja se estrechaba ligeramente en el centro, con una punta muy larga. Su longitud era de entre 40 y 55 centímetros en la parte superior y entre 48 y 60 milímetros antes de la punta. El mango de hueso se modelaba con diversas formas y estaba protegido por una guarda y un pomo de madera, el cual servía también de contrapeso. Este arma se destinaba a ataques frontales, pinchando o clavando su larga punta para atravesar la armadura del enemigo. También era eficaz como arma cortante. Pero a lo largo del siglo I d.C. el modelo maguncia se sustituye por el modelo pompeyano, que era un arma de hoja recta con una punta mucho más corta, ya que las hojas medían entre 42 y 50 centímetros. Era un arma de gran equilibrio y efectividad que se podía utilizar tanto para cortar como para clavar. Todos los tipos de gladius se llevaban sobre la cadera derecha, excepto los centuriones y otros oficiales importantes que llevaban sus espadas en el lado izquierdo.

Gladius
También se utilizaba el pugio, que era una daga corta con una longitud entre 25 y 35 centímetros. Sus fundas estaban casi siempre decoradas con suntuosidad y se llevaban en el lado opuesto de la espada. Su utilización fue decayendo desde su mayor apogeo durante la mayor parte del Principado hasta ser menos comunes en el siglo II d.C.

Además de todo este completo equipamiento, el ejército romano poseía toda una serie de estandartes. El águila (Aquila) era uno de ellos. Mario otorgó a cada legión un águila de plata, pero durante el Principado el alto del estandarte era de oro o bañado en oro, siendo un objeto de amplia reverencia. Poseía una decoración simple, incluso el mástil era prácticamente desnudo.

Otro de los principales estandartes fue el signum (pl. signa), donde cada centuria siguió teniendo un portaestandarte (signifer). Los signa estaban coronados por una punta de lanza ornamental o una mano alzada. Sus astas eran decoradas con cruces, guirnaldas y entre dos y seis grandes discos.

Las diferentes unidades de la armada también llevaban un cierto número de banderas, el vexillum (pl. vesilla). Tradicionalmente, una bandera o vexillum, normalmente roja, marcaba la posición del comandante en el campo de batalla. Las banderas romanas se colgaban de una barra cruzada en lo alto del mástil principal. Además, todas las unidades llevaban una serie de imágenes del emperador y su familia cercana, montados en mástiles y guardados junto con los estandartes, las conocidas como imagines.

A principios del siglo II d.C. surgió un tipo nuevo de estandarte utilizado por algunas unidades de caballería para los delfines, el conocido como draco. Este era una cabeza de animal en bronce con la boca abierta. En su cuello se colocaba un tubo de colores relleno que al moverse producía un sonoro sonido silbante.

Pero el equipamiento de los soldados romanos no se resumía tan solo en elementos militares, pues sabemos que los legionarios que se encontraban inmersos en una campaña tenían que cargar con otro tipo de materiales además de sus armas y armaduras como sus comidas, herramientas y posesiones personales. La piqueta romana o dolabra era una herramienta utilizada para hendir la tierra para socavar un muro enemigo. Las estacas de empalizada se tratan de dos estacas que cada soldado debía transportar y colocar en lo alto del parapeto de tierra para formar una empalizada. Además, los soldados implicados en proyectos especializados debían transportar algunas curiosas herramientas, como por ejemplo un instrumento topográfico romano o groma.

En definitiva, como hemos podido observar el equipamiento de los legionarios del Alto Imperio Romano fue muy variado y completo compuesto de una serie de variados elementos (ropa, armadura, armas, estandartes, herramientas…), que convirtieron a los legionarios romanos en un preparado y peligroso cuerpo militar.

Vía| GOLDSWORTHY, A.; El ejército romano, Madrid, Akal, 2005
GOLDSWORTHY, A; Grandes generales del ejército romano: campañas, estrategias y tácticas, Barcelona, Ariel, 2005