miércoles, 17 de agosto de 2016

Auguste Mariette y el templo de las zarpas de la Gran Esfinge

Auguste Mariette excavó el templo que, por las tempestades de arena, estuvo enterrado durante mucho tiempo entre las zarpas de la Esfinge

Templo de las zarpas de la Gran Esfinge
Auguste Ferdinand François Mariette nació en Boulogne el 11 de febrero de 1821. En su juventud, ejerció como profesor de francés y dibujo en Stratford, en Inglaterra; posteriormente fue diseñador en Coventry; y, finalmente, trabajó como profesor del Colegio de Boulogne, en 1841. En esta ciudad fue donde se apasionó por la egiptología al visitar la galería egipcia del Museo de Boulogne y al encargarse de clasificar las notas que recogió Nestor L'Hôte en su viaje a Egipto, durante una misión franco-toscana.

En los años cuarenta, decidió aprender escritura jeroglífica y la lengua copta y, después de renunciar a su ejercicio como profesor, entró como empleado en el Museo del Louvre, aceptando un trabajo ingrato y mal remunerado. Pero seguro que le valió la pena porque, en 1850, financiado por el Louvre, fue enviado a Egipto con la finalidad de buscar y adquirir para la colección nacional todo manuscrito interesante en lenguas copta, siria, árabe y etíope.

No obstante, no tardó en abandonar esta empresa para dedicarse a lo que realmente le apasionaba, a la exploración y excavación de los antiguos monumentos de Egipto.

En esta nueva tarea, los resultados no se hicieron esperar mucho. Auguste Mariette se encargó de desenterrar algunas esfinges, así como la fabulosa estatua del Escriba, en 1850, una de las principales esculturas que se pueden observar en el departamento egipcio del Louvre. Posteriormente, descubrió y excavó el Serapeum de Menfis, donde estaban enterrados los toros sagrados de Apis y donde pasó los cuatro años siguientes excavando y enviando sus hallazgos al Museo del Louvre, del que llegó a ser nombrado superintendente adjunto a su regreso.

En 1857, volvió de nuevo al país del Nilo donde, poco después, fue nombrado conservador de los monumentos egipcios y se tuvo que trasladar con su familia a El Cairo para continuar con su actividad.

Entre los muchos yacimientos que exploró detenidamente, en los años siguientes, se cuentan Menfis, las pirámides de Saqqara, Medinet Habu y Deir-el-Bahari. Sin embargo, quizás por lo curioso del hallazgo, lo que más puede llamar nuestra atención es que excavó el templo que, por las tempestades de arena, estuvo enterrado durante mucho tiempo entre las zarpas de la Esfinge.

Como sería de esperar, por su inestimable contribución a la arqueología de este país, los egipcios reconocieron su labor y le concedieron, sucesivamente, los títulos de bey y bajá. Asimismo, en Francia, fue nombrado miembro de la Academia de Inscripciones y Bellas Letras en 1878.

Auguste Mariette, en el año 1881, murió y fue enterrado en El Cairo a causa de una grave enfermedad producida por la diabetes. En su memoria, muy agradecidos, las autoridades egipcias le erigieron una estatua en los jardines del Museo Egipcio de El Cairo.

Vía| CERAM, C. W. El mundo de la arqueología. Ed. Destino, Barcelona, 1969
Imagen| Wikipedia