lunes, 1 de agosto de 2016

Kowloon, la que fue la ciudad enjambre más poblada del mundo

Un hormiguero de edificios levantados en tropel unos encima de otros sin ningún orden ni concierto. Esa fue Kowloon, en China

En 1947, en la ciudad amurallada de Kowloon vivían 650.000 habitantes por Km2
Grecia y Roma lo hicieron, dibujaron los sistemas urbanísticos para planificar sus ciudades, para poner orden en la entrada de luz y de aire y, por consiguiente, para ordenar la vida de las personas. En lo militar, el asunto de la planificación urbanística tuvo su punto artístico. Fuertes militares levantados como las utópicas ciudades italianas que se enclavaban en las zonas fronterizas, o no. Por mencionar, el Real Fuerte de la Concepción, pero ese ya es otro tema.

500 personas en 2,5 hectáreas. No está mal

La ciudad amurallada de Kowloon, en China, como no podía ser de otra forma, se pensó como fuerte militar. Sus características formales así lo muestran: más de 2,5 hectáreas recogidas dentro de una especie de rectángulo amurallado. Lo que viene siendo un fuerte militar de los de toda la vida. La ciudad fue levantada en el siglo X y evolucionó al libre albedrío anárquico hasta que en 1889 fue cedida al Imperio Británico.

Normalmente, cuando uno anda guerreando y se anexiona nuevos territorios, suele preocuparse de sus conquistas. Uno adapta la tierra a los usos y costumbres propios y pone a su frente alguna cabeza visible para que coja las riendas de las nuevas posesiones. Pero en Kowloon no existió esa voluntad. Los británicos a penas pusieron un pie dentro de la ciudad amurallada, excepto para construir una residencia de ancianos y unas oficinas municipales; nada más.

El resto se dejó de la mano de dios. Y así estuvo hasta que en 1933 el gobierno anunciara su intención de meter la pala dentro de Kowloon. Algo tenían que hacer con sus habitantes, claro, así es que las 500 personas que allí vivían marcharon, instadas por el gobierno, a iniciar una nueva vida en Hong Kong.

Como sardinas en lata

Pero Japón batalló en la Segunda Guerra Mundial y ya se sabe cómo terminó aquella contienda. En nuestro caso, Kowloon fue destruida por los japoneses en 1947, y después recuperada por las autoridades chinas. Sin embargo, la reconquista no salió como se esperaba y la ciudad de las penumbras perdió la identidad belicista con la que fue parida para transformarse en una moderna lucha por la supervivencia burguesa.

No hubo en ella patrióticos soldados bregando en pro de la revolución, y tampoco gloriosas construcciones como aquellos fuertes militares estrellados y fronterizos. Al contrario, Kowloon fue ocupada por gentes que nada tenían que ver con las alabardas y con las cotas de malla, y sí con meretrices, papeles de arroz y otros quebrantos de la ley.

Total, que en algo más de dos años en la ciudad amuralla se habían construido más de 2.500 chabolas de madera. La barbaridad llega cuando comparamos la actual densidad de la ciudad más poblada del mundo, Tokio, con el Kowloon de aquella época: en 1947, en la ciudad amurallada vivían 650.000 habitantes por Km2; en el Tokio del siglo XXI, son 14.000 habitantes los que ocupan ese kilómetro, que ya está bien.

Y Kowloon fue evolucionando a lo loco y sin seguir ninguna lógica urbanística, fuese cual fuese, que gustos en la arquitectura hay millones, como en todo. Pero en la ciudad amurallada, método no existía. Mucho tenía que envidiar a Çatal Hüyük, por ejemplo. Aún sin calles y con las puertas en los tejados, la antigua ciudad de la Turquía anatólia le sacaba años de ventaja.

Así es que en esa evolución, en Kowloon llegaron a vivir 33.000 personas en 26.000 m2 de edificios levantados en tropel, unos encima de otros sin ningún orden y concierto. Y como, a pesar de todo, ciudad era, en la amurallada se abrieron supermercados, peluquerías y toda suerte de negocios que intentaron hacer la vida más llevadera. También dentistas. Esos proliferaron en aquel conglomerado de penumbras y chapas por encima de cualquier otro comercio.

Hasta siempre, Kowloon

Y pasó lo que tenía que pasar. El barullo de carnes y huesos mezclado con hojalata y herrumbre despareció para siempre en el año 1994. Un año de demoliciones que desembocó en otro realojo —con gusto o a la fuerza— de los habitantes de la ciudad amurallada de Kowloon. Hoy, ese aglutinado de desórdenes ha dejado paso a un parque típico de las ciudades contemporáneas que lleva el nombre con el que nació, Parque de la Ciudad Amurallada de Kowloon.

Imagen| Flickr