lunes, 22 de agosto de 2016

¿Una ópera para el Eccehomo de Borja?

Ya hace cuatro años, desde agosto de 2012, de una de las ‘restauraciones’ más famosas de la historia actual, una Ópera basada en esta historia nos acerca de nuevo al acontecimiento

Cartel de la ópera “Behold The Man”
Estamos hablando del Eccehomo, una intervención que realizó la vecina Cecilia Giménez sobre una pintura mural realizada por Elías Martínez en 1930, ubicada en el Santuario de Nuestra Señora de la Misericordia de Borja (Zaragoza).

La historia sobre esta “intervención” es conocida por todo el mundo, ya que fue noticia en numerosos medios de comunicación internacionales. En aquel momento hubo defensores y detractores, y sin duda los seguirá habiendo, de esta “nueva” obra que suscita tanto interés, o más, que el original.

Eccehomo, antes y después de la 'restauración'
Este tema cobra vigencia de nuevo por la representación, el próximo año, de la que será la opera del Eccehomo. Se va a presentar, este mes de agosto, los primeros 45 minutos de la ópera, de las dos horas que durará la obra completa, en el mismo lugar donde está ubicada la pintura.

Se llama “Behold The Man” (he aquí el hombre), del  compositor y del libretista Andrew Flack. “Cuando vi la historia en los periódicos reconocí una cara seria, aquella mujer estaba triste, estaba aterrorizada por haber hecho un error en una pintura que tanto adoraba”, explica en una entrevista a la agencia EFE, Andrew Flack, por el estreno mundial de parte de la obra.

El único personaje real de esta obra es Cecilia, que en la ópera es una mujer católica que le cuenta a su hermana que, en sueños, le dijo Dios que tenía que restaurar la obra del Eccehomo de la iglesia del pueblo. Es una obra escrita en tono de humor que será representada por cantantes españoles.

Actores y actrices de la ópera “Behold The Man”
“Luego, también está el fantasma del pintor que ejecutó el fresco. El artista Martínez. Este personaje quiere que le restauren el fresco. En cambio, nadie lo repara. Es de alguna manera rechazado. Se está descomponiendo. Es alguien que es muy amable. Y cuando Cecilia lo empieza a restaurar, se enfada mucho por el hecho de que su fresco se vaya a restaurar por la persona equivocada. Esto es el fin del primer acto”, indica A. Flack al periódico la Razón.

Desde hace algún tiempo, vemos como la utilización de esta fallida restauración ha sido utilizada en numerosos elementos de tipo merchandising, sacándole partido a algo que no debería de ser un ejemplo para la sociedad. Si bien, es cierto que a partir de este hecho se han promovido proyectos tan interesantes como la apertura del centro de interpretación del Eccehomo, como elemento sustentador para el Santuario de la Misericordia donde se encuentra la obra y para la fundación que acoge una residencia para ancianos sin recursos.

No se trata de criminalizar este hecho, sino de aprender de él, de cuantos bienes están en el olvido, e intentar que acciones como esta no se consideren, sino que se priorice el llamar a los especialistas para poder, por lo menos, detener el deterioro de los bienes.

Nadie duda de la buena acción de Cecilia, pero hay que entender, por parte de toda la sociedad, que la intervención en Bienes Culturales debe ser realizada por los profesionales cualificados, así se respetaría mucho más nuestro Patrimonio.

En el conocimiento de los materiales y las técnicas de ejecución está el buen resultado que un restaurador tendría en una intervención. Hay que conocer con qué fue realizado, cómo, dónde, por qué y hasta por quién para poder realizar una propuesta de intervención en esas obras. Es un trabajo difícil, laborioso y que, ante todo, tiene que partir del respeto al elemento que se tiene delante, ya sea un lienzo, una escultura, un edificio u otro tipo de bien cualquiera.

Quizás en el acercamiento a la sociedad de un trabajo como es la conservación y restauración de Bines Culturales no haría que viéramos con “buenos ojos” este tipo de “intervenciones” en nuestro patrimonio que, al fin y al cabo, es de todos.

Imágenes|  La Razón, El País