sábado, 3 de septiembre de 2016

Introducción a la Numismática Antigua (I): La moneda Ibérico-Púnica

Nociones básicas para conocer e identificar la moneda Ibérico-Púnica
Hemidracma de Gadir, último tercio del s. III a. C. Anverso: cabeza de Melqart a izquierda con piel de león. Clava sobre hombro derecho. Reverso: atún a derecha; encima: MHLM; debajo: GDR
La Numismática es la disciplina que se encarga del estudio de monedas y medallas, con especial hincapié en las antiguas. Su atractivo es muy alto para propios y extraños, y no sólo los especialistas en la materia o en ciencias relacionadas suelen fijar sus objetivos en ella.

El coleccionismo está a la orden del día y el contrabando, por desgracia, también. Esto entra en conflicto con el valor histórico y numismático que aportan las monedas, ya que muchas de ellas se pierden en el mercado negro o en las subastas sin poder llegar a las manos de estudiosos que aporten su validez patrimonial a la Historia. Sí que es cierto que la acuñación de monedas se hacía en grandes cantidades y normalmente, monedas que circulan en las ventas privadas ya están estudiadas con otros ejemplares hallados previamente, pero, ¿y si no es así? El debate, desde luego, está servido.

Independientemente de la polémica, la Numismática Antigua que más se estudia en España responde a la siguiente división:

Moneda Ibérico-Púnica, cuyas acuñaciones se dieron en la Península entre los años 300 y 202 a. C.

Moneda Republicana, desde el siglo III hasta el 44 a. C.

Moneda Hispano-Latina, entre las muertes de Julio César en el año 44 a. C. y del emperador Claudio en el 54 d. C.

Moneda Imperial, coincidiendo en el tiempo con la Hispano-Latina desde que Augusto fuese nombrado imperator por el Senado en el año 31 a. C. Las reformas que Augusto introdujo en el campo monetario se mantuvieron, con algunas modificaciones, hasta el siglo III d. C.

La moneda Ibérico-Púnica

Las emisiones de este tipo de moneda están asociadas a las cecas que se encuentran en el sur peninsular relacionadas con colonias feno-púnicas, siendo fácil su detección por las leyendas que aparecen en lenguas fenicia, púnica o neo-púnica, a excepción de Baria, que es anepígrafa.

La cronología acertada para estas acuñaciones se sitúa durante la ocupación cartaginesa de la Península Ibérica entre los años 300 y 202 a. C., siendo el límite inferior la derrota del bando cartaginés en la Segunda Guerra Púnica, hecho que les obligó a abandonar la Península o a someterse a la romanización, y por tanto, a cesar las acuñaciones monetarias propias.

En cuanto a las cecas más importantes detectadas de este período destacan Gadir, Malaka, Sexi, Abdera, Baria (todas ellas en el Sur Peninsular) y la isla de Ebussus.

Es complicado establecer unos patrones determinados para estas emisiones, pues sus características aparecen regionalizadas según la ceca de acuñación. Emitían monedas sobre cobre, bronce, oro y plata, aunque estos dos últimos metales fueron más exclusivos y comprendidos en un período de tiempo concreto, 237 – 206 a. C., coincidiendo con la presencia de la familia Barca.

Las primeras cecas en acuñar moneda y por tanto, las que mayor continuidad temporal mantuvieron fueron las de Gadir y Ebussus, siendo característicos sus símbolos de los dioses Melqart o Bes en los anversos e insertando iconografía marina en los reversos; sin embargo las acuñaciones monetales aumentaron con la presencia Bárquida y la Segunda Guerra Púnica para satisfacer los gastos de la contienda en armamento militar, equipación y para pagar a las tropas, apareciendo así nuevos puntos de acuñación que se convirtieron en enclaves importantes para esta tarea: Gadir, Malaka, Sexi, Baria y Abdera.

Finalizado el evento bélico estas cecas no dejaron de emitir, siguiendo en numerosas ocasiones con las características e imágenes propias fenicias o púnicas como la figura del Pegaso, dos atunes como elemento de una vida eminentemente marítima, antorchas, pulpos, moscas, etc. La verdadera modificación sustancial en este tipo de acuñaciones fue el cambio progresivo que sufrió hasta ser definitivamente absorbido por el sistema de pesos romano.

Vía| Tesorillo