lunes, 3 de octubre de 2016

¿Cuál es el misterio que encierra el Cuadrado Negro de Malévich?

«Dos negros peleando en una cueva» y un borrador cubofuturista, o un chiste y, quizás, un proyecto que no cumplió sus exigencias

El chiste hace referencia a la obra satírica del escritor Alphonse Allais
A Malevich no le gustaba la figuración y nada que tuviese que ver con rostros angelicales o paisajes detallados al extremo. Por eso encabezó la vanguardia del suprematismo, que enarbolaba la bandera de la geometría y de la ausencia de todo, de la sencillez, y que se resumía en representaciones de cuadrados y círculos pintados, en sus comienzos, con un solo color. Nada que ver con El Bosco, por ejemplo, o con los impresionantes paisajes de Trost.

Analizando digitalmente el Cuadrado Negro de Malévich, los expertos moscovitas se toparon, sin quererlo, con una ocurrencia del pintor que hasta entonces aparecía liada entre los brochazos oscuros de la obra. El chascarrillo, propio de círculos íntimos y de pies de plomo, decía: «dos negros peleando en una cueva».

No es nuevo. El chiste hace referencia a la obra satírica del escritor Alphonse Allais, uno de los fundadores del cabaret parisino Le Chat Noir. No es de extrañar teniendo en cuenta que Allais revolvió las formas de estar del París del siglo XIX con un humor negro que se convirtió en la guillotina de todo y de todos. De hecho, en la publicación de Allais se incluían otras mofas dirigidas a este tipo de obras vanguardistas: un rectángulo blanco, por ejemplo, que el humorista titulaba La primera comunión de niñas anémicas en la nieve, u otro rojo al que puso por nombre Cardenales apopléticos recogiendo tomates en la orilla del Mar Rojo.

Y había más: el futuro tras el Cuadrado de Malévich

El afilador de cuchillos
Junto a los «dos negros peleando en una cueva», los restauradores de la galería Tretyakov descubrieron el borrador de un dibujo cubofuturista. Aunque poco hay que explicar sobre esta vanguardia cuyo nombre no deja lugar a la imaginación, diremos que se trata de pinturas en las que las formas cúbicas intentan transmitir dinamismo. El afilador de cuchillos define muy bien esa sensación de velocidad: no es un instante, Malévich pretende representar una escena e intenta que el espectador vea entre sus cubos la rotación de la piedra. 

Aunque se dice que también fue Malévich quien bautizó el cubofuturismo, se conoce que no le debió gustar mucho porque se divorció de él en cuando se topó en su mente con el suprematismo. De su humor, negro como su Cuadrado, podrían emanar ríos de tinta.

Imagen| Wikipedia