lunes, 3 de octubre de 2016

Estado primitivo e igualdad: conceptos sobre el progreso y el buen salvaje

El hombre salvaje es postulado por algunos teóricos como el verdadero estado natural humano, basado en la libertad y la igualdad

Robinson Crusoe y su compañero, el 'salvaje' Viernes
Desde las primeras apariciones de la especie hasta nuestros tiempos, el hombre atravesó diversos estadios hasta alcanzar el grado de civilización. El período del salvajismo, que se inicia desde la misma infancia del ser humano, fue, sin duda, el más extenso. Apenas un mínimo porcentaje atravesó, hasta el momento, en su estado civilizado, y apenas un poco más en su período intermedio, la barbarie. Entendiendo esto es fácil afirmar que, si bien en la actualidad el mundo se encuentra bajo la sombra del régimen capitalista, la humanidad en la noche de los tiempos se desenvolvió dentro de un sistema igualitario.

En el pasado más remoto, aunque pueda parecer inconcebible para los tiempos que corren, existió una sociedad opulenta, capaz de realzar la igualdad desinteresada entre los individuos. Marshall Sahlins, en su libro Economía de la Edad de Piedra, indicó que la sociedad alcanza la opulencia cuando se satisfacen con facilidad todas las necesidades materiales de aquellos que la componen.

Sin embargo, muchos autores han derramado litros de tinta meditando sobre la extrema pobreza que amedrentaba a los salvajes en sus largos e intensos días en el medio natural. Éstos afirman, a su vez, que las comunidades en dicho período a menudo se veían acechadas por la falta de alimento a causa de su falta de interés hacia el porvenir.

Dichas conjeturas intentan poner en jaque la imagen creada por distintos teóricos del buen salvaje. Este concepto, impulsado por humanistas y libertinos y expuesto por Jean-Jacques Rousseau en su discurso titulado Discurso sobre el origen de la desigualdadentre los hombres, supone la supremacía del hombre salvaje y una idea negativa sobre el progreso.

Retrato de Jean-Jacques Rousseau, el pionero en la teoría del buen salvaje
Que por ley natural todos los hombres son iguales entre sí es el postulado máximo del trabajo de Rousseau. Así, la noción del buen salvaje describe a nuestros ancestros como seres ociosos, cuyo goce se basa en el libre albedrío. Ellos no responden a nadie; no pertenecen a nadie ni nadie les pertenece. Errando por el medio natural, no tienen la necesidad de asociarse, y por ende, tampoco requieren de un lenguaje para la comunicación. El simple instinto es suficiente para su desarrollo. Al no tener establecida una noción de propiedad, de justicia y al estar desposeídos de todo sentimiento vanidoso, sus pleitos no degeneran, por lo general, en enfrentamientos sangrientos. Sin embargo, dice Rousseau, el potencial estado de perfeccionamiento es lo que conducirá a este salvaje libre hacia la miseria, poniendo fin a su felicidad y virtud.

Dos opiniones opuestas se desprenden acerca del hombre primitivo y el progreso. Unas veces se lo describe como un ser amoral, desprovisto de historia, solitario y portador de una mísera vida donde el hambre y los peligros rigen su existencia. Esta perspectiva realza la figura del hombre moderno, civilizado, y hace alarde del beneficio que el progreso trajo a los hombres. Por otro lado, se contrapone la mirada de quienes envidian al salvaje por su libertad, ya que según ellos en el medio natural viven sin leyes, sin propiedad, sin compromisos y sin necesidad de satisfacer nada más allá de sus necesidades físicas. La visión del buen salvaje va a realzar la figura del hombre primitivo como estado ideal del ser humano, concibiendo al progreso como una degeneración del estado natural.

Malthus le otorga al progreso humano un carácter burgués, indicando que del mismo sólo se ven beneficiados los que triunfan en la lucha por la subsistencia, es decir, los ricos. A su vez, en sus estudios demográficos, desprende una concepción negativa de la humanidad, en la cual reina la supervivencia del más apto. Para Rousseau esto es consecuencia de la opresión social, que reivindica el dominio de los poderosos sobre los más débiles.

Pese a los extensos postulados que parecen ir en contra del salvaje, adjudicándole una vida penosa y un nivel inferior de criterios e inteligencia, el desarrollo de la sociedad parece demostrar que el camino tomado por nuestros ancestros condujo a la especie humana hacia la debacle espiritual. La complejización del sistema social provocó grandes miserias y convirtió al hombre en esclavo de otro, en un ser tímido y servil. Como relata Rousseau, «el ciudadano suda, se agita, se atormenta sin cesar, trabaja hasta la muerte, obsequia a los grandes que odia y a los ricos que aborrece». Queda establecido así un manto de desigualdad inexorable.

El hombre social pierde su libre albedrío al abandonar su estado natural y se pone él mismo el grillete que lo opresará durante toda su vida. El investigador José Luis Camacho se refiere a esta problemática, aludiendo: «[…] estoy seguro de que usted no desearía madrugar por la mañana, desplazarse a su trabajo y dedicar ocho horas, como poco, a una labor más o menos ingrata. Estoy convencido de que no desearía tener que comer rápido, pagar sus numerosas deudas o créditos, cortar el césped de su casa o planchar las camisas. Constantemente usted hace cosas que van en contra de su libre albedrío».

La noción de una temporalidad, a su vez, se introdujo como método de control, atentando contra la ociosidad y la libertad. Con respecto al estado ocioso del salvaje, el autor español asegura que «hace 100.000 años, aproximadamente, el hombre le dedicaba, a lo sumo, tres o cuatro horas al día a hacer cosas que no quería hacer», hasta que «alguien inventó el reloj y lo colocó en nuestra muñeca como quien coloca un grillete a un esclavo. Así consiguió que nuestra vida estuviese siempre bajo presión. Nos marcó unos plazos, horarios o tempos para cada acto […]».

El progreso en relación a una presunta pérdida de libertad ha sido objeto de las más diversas observaciones. Sin embargo, la evolución del hombre a través de los distintos estadios hasta alcanzar la civilización dejó un déficit notorio respecto a las máximas de libertad e igualdad de los individuos, hasta tal punto que incluso los más fervientes adeptos a la idea del predominio del hombre civilizado no pueden negar estos fallos en el sistema.

Imagen| Wikipedia

2 comentarios :

Ito dijo...

Muy interesante el planteo y el tema en si mismo, pero en mi humilde entender se lo desarrullô sesgadamente si se tiene en cuenta la riqueza de aportes teôricos y experimentales derivados de las grandes revoluciones francesa, bolchevique, china, cubana y en medio de ello el trabajo de Federico Engels referido al origen de la familia la propiedad y el estado.

Entre otras cuestiones, habria que resignificar conceptos como "natural", " libertad" e "igualdad" y dado su caräcter relativo intentar la reconstrucciôn subjetiva de los tiempos paleolìticos para saber como y cuanto pudo o no estar presente en una existencia que reciën comenzaba a interrogar sobre el ser. En fin muy bueno y oportuno el planteamiento del tema y para plantearnos varias dudas mas acerca de nosotros mismos.

Ito dijo...

Muy interesante el planteo y el tema en si mismo, pero en mi humilde entender se lo desarrullô sesgadamente si se tiene en cuenta la riqueza de aportes teôricos y experimentales derivados de las grandes revoluciones francesa, bolchevique, china, cubana y en medio de ello el trabajo de Federico Engels referido al origen de la familia la propiedad y el estado.

Entre otras cuestiones, habria que resignificar conceptos como "natural", " libertad" e "igualdad" y dado su caräcter relativo intentar la reconstrucciôn subjetiva de los tiempos paleolìticos para saber como y cuanto pudo o no estar presente en una existencia que reciën comenzaba a interrogar sobre el ser. En fin muy bueno y oportuno el planteamiento del tema y para plantearnos varias dudas mas acerca de nosotros mismos.