miércoles, 4 de enero de 2017

Iconografía cristiana: la adoración de los Reyes en el arte

El episodio solo aparece en el evangelio de San Mateo, sin especificar el número de magos

La Adoración de los Reyes Magos, Museo del Prado, de Rubens
La aparición de una estrella en Oriente fue interpretada por unos reyes ‘Magos’ como el anuncio del nacimiento del libertador de Israel. Decidieron seguirla hasta Jerusalén, dónde preguntaron por el rey de los judíos que acababa de nacer, causando gran preocupación al rey Herodes. Éste les hizo llamar y después de dirigirlos a Belén les pidió que cuando encontraran al Niño se lo hiciesen saber.

Guiados de nuevo por la estrella, que había desaparecido en Jerusalén, encontraron el lugar donde pudieron adorar a Jesús y le entregaron oro, incienso y mirra (Epifanía). Al regresar no pasaron por esa ciudad porque en sueños Dios les ordenó no volver a hablar con Herodes.

El episodio solo aparecía en el evangelio de San Mateo, sin especificar el número de magos, y fue ampliado por los textos apócrifos. En el arte de las catacumbas, a partir del siglo XII, se consagró el número de tres reyes asociado a los tres mundos conocidos entonces, a la Trinidad y a las tres edades del hombre. Sus vestimentas evolucionaron en el arte, adaptándose a las modas y orientalizándose más tarde al gusto de Rubens. Asimismo, las ofrendas se realizan en objetos de orfebrería.

Durante los primeros siglos estos personajes sólo eran magos. El término griego magoi se aplicaba en aquellos tiempos a ocultistas, astrólogos o a los augures sacerdotales de la religión zoroástrica. Precisamente en el apócrifo Evangelio Árabe de la Infancia se habla de las profecías de Zoroastro (Zaratustra) sobre el nacimiento de un Mesías nacido de una virgen. El desprestigio del concepto de mago fue creciendo en aquellos tiempos. La magia estaba prohibida en los textos bíblicos, lo que hizo que se cambiara el concepto de mago por el de Reyes de Oriente.

En la cuestión de los nombres de los Reyes Magos tampoco hay unanimidad. Los griegos los llamaban Apellicon, Amerim y Serakin; los sirios Kagpha, Badalilma y Badadakharida; y los etíopes Ator, Sater y Paratoras. Los nombres con los que los conocemos en España, aparecieron por vez primera en el siglo VI en un mosaico bizantino encontrado en Rávena (Italia) con la leyenda: “Veneradísimos, Balthassar, Melchior y Gaspar”.

La iglesia identificó a los Reyes Magos con los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet que, según el Antiguo Testamento, representaban a las razas humanas que poblaban el mundo: los europeos, los asiáticos y los africanos.

De todas las escenas narrativas, la anunciación, la cabalgata, el encuentro con Herodes, sin dudas, fue la Adoración del Niño la más representada. La iconografía se tomó del arte bizantino, con la Virgen en majestad presentando a Jesús a los reyes, que avanzan en procesión, se arrodillan, entregan las ofrendas o besan sus pies, en composiciones teatrales con personajes secundarios y ángeles. Son muchos los artistas  que en sus obras plasmaron la adoración de los reyes, como el Bosco, el Greco, Velázquez, Rubens, Giotto, Botticelli, Andrea della Robbia, Durero y Fra Angélico.

Imagen| Wikipedia

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