lunes, 13 de marzo de 2017

Atlantropa: Cómo crear un nuevo continente en el Mediterráneo

Y sin el Mediterráneo, porque Sörgel construiría una presa en el Estrecho de Gibraltar para desecar el mar y poner fin así a la crisis de los años 20
Más de 600 mil nuevos kilómetros cuadrados conformarían un nuevo continente, Atlantropa
Aunque habían dejado atrás los desastres propios de una Gran Guerra, los años 20 arrastraron las consecuencias de aquel conflicto: desempleo, una población masiva en determinadas zonas y el fantasma de la crisis energética pululando por Europa. Algo nos suena casi un siglo después.

Hubo un tiempo en el que por el Estrecho de Gibraltar no pasaba ni gota de agua desde el Atlántico. Hace poco más de 5,3 millones de años, el Mediterráneo se evaporó sin remedio al no recibir aporte ni del Atlántico ni de los ríos que lo drenaban. Fue la Crisis salina del Messinense.

Las carestías agudizan el ingenio

La de los años 20, entre otras, afiló el de Herman Sörgel, un arquitecto alemán desencantado con las soluciones planteadas desde la esfera política que decidió elaborar un proyecto propio para terminar de raíz con los males que se extendían por el Viejo Continente. Nació así la Atlantropa, una idea que pasaba por reproducir de forma artificial la Crisis salina del Messinense, es decir, rebajar el nivel del Mediterráneo para ganar así terreno cultivable y lo que viniese.

Lo primero, una presa en el Estrecho de Gibraltar que debiese alcanzar los 15 kilómetros de largo y en torno a los 300 de alto. El freno del cauce del Atlántico produciría un descenso del nivel del mar de hasta 200 metros, según la zona, recuperándose más de 600 mil kilómetros cuadrados de terreno. España tiene algo más de 500 mil.

Para Sörgel y sus seguidores todo eran ventajas. La tierra pondría freno al paro y al hambre, la presa del Estrecho, cuya construcción emplearía a miles de personas, mejoraría la situación energética al producir 50 mil megavatios de electricidad. Por último, el megaproyecto de Sörgel también haría desaparecer el fantasma de la guerra: cuando todos dependen de algo, y ese algo es fundamental, parece más fácil controlar la insurrección, al menos de momento. Es la magia de estar interconexionados, dejando aparte, claro está, la práctica y la Historia. 

Lo que pasase con los africanos ya no era cosa suya. Lo que importaba en Atlantropa era ganar también terreno al Sahara levantando otra presa en el río Congo para crear allí un embalse de reserva. África parecía ser para Sörgel un justo sacrificio por cuanto el blanco, blanco era.

Así es que estos más de 600 mil nuevos kilómetros cuadrados conformarían un nuevo continente, Atlantropa, con todos los ingredientes necesarios, incluidas nuevas ciudades y una capital. Aquí, las discrepancias: ¿Cartago, Basilea, algún territorio nuevo?

Aunque fueron muchos los partidarios del proyecto del arquitecto alemán, y a pesar de que Sörgel acudió incluso a Hitler, olvidó que parte de su equipo era judío y que el nacionalsocialismo jugaba solo. Por eso, Atlantropa quedó esperando hasta hoy en el Deutsches Museum, Munich.

Imagen| Ireneu