jueves, 23 de marzo de 2017

‘La rebelión de las masas’, un ensayo demasiado actual

El ensayo de Ortega y Gasset que marcó el siglo XX, con puntos en los que se esté de acuerdo o en desacuerdo, es una obra que no ha pasado de moda y aplicable a nuestros días 
 
‘La rebelión de las masas’, un ensayo demasiado actual
La rebelión de las masas, ensayo más importante del filósofo español Ortega y Gasset, disecciona el tiempo en el que vivió el autor y permite entender el nuestro. En esta obra se entremezclan asuntos políticos, sociales, morales y filosóficos marcados por el advenimiento del hombre masa.

El hombre masa u hombre medio, caracterizado por opinar sobre todo y pensar que todo le es debido, sustituye a esas minorías auténticas que huyen de la trivialidad. Al final, se acaban imponiendo las opiniones (que no ideas) del hombre masa con ese derecho de la vulgaridad. La imposición de lo vulgar provoca que ser diferente sea indecente, donde quien no piense como todo el mundo corre el riesgo de ser arrollado por la masa.

“La rebelión de las masas”, como llama Ortega a este fenómeno, es el germen de que el mundo sufra una desmoralización que se manifiesta en Europa, continente que no sabe si sigue mandando en el planeta. La duda europea sobre si continúa ejerciendo el poder sume en un caos al resto del mundo, pues no sabe si sigue mandado por ésta.

1. “Me llama poderosamente la atención…”

En el primer capítulo titulado El hecho de las aglomeraciones llama la atención el modo con el cual la muchedumbre abraza el conocimiento: a través de la sorpresa.

“El que se sorprende y extraña, comienza a entender”, comenta el autor. La siguiente reflexión recuerda a esa bendita curiosidad como fuente del saber que menciona Unamuno en su obra Contra esto y aquello, a esa capacidad de asombrarse que nunca debe de perderse. La sorpresa y el asombro ante algo que es desconocido recuerdan a ese afán de los pensadores griegos por acercarse a la Verdad, aunque ellos mismos no querían alcanzarla en su totalidad bajo la creencia de que esa Verdad Absoluta nada más la poseían los dioses.  Stanley, según cita Unamuno en su obra ya mencionada, dice que “los griegos fueron los verdaderos filósofos, los verdaderos amantes del saber o, mejor dicho, amantes de la caza del saber, ya que trataban de correr tras ella para no alcanzarla nunca.

Gotthold E. Lessing, escritor alemán del siglo XVIII, para cerrar este primer parecer, se refería así para describir la caza del saber griego: “Si Dios tuviera encerrada en su mano derecha toda la verdad y en su izquierda el único impulso que mueve a ella, y me dijera: “¡Elige!”, yo caería, aun en el supuesto de que me equivocase siempre y eternamente, en su mano izquierda, y le diría: “¡Dámela, Padre! ¡La verdad pura es únicamente para ti!”.

En segundo lugar, cabe destacar la explicación que propone Ortega sobre la violencia como único modo de intervención de las masas, que fomentará movimientos políticos como el sindicalismo y el fascismo. Esta explicación es válida para intentar comprender el auge en algunos países del mundo del conocido  como “populismo” y de los partidos políticos o personajes considerados como extrema derecha.

El mundo actual sigue sumido en la rebelión de las masas donde se resaltan la vulgaridad intelectual y el jaque a la verdad mediante opiniones. Estos factores anulan los principios de cultura, conduciendo a la barbarie, que a su vez desemboca en fanatismo.

El fanatismo creado por la barbarie son el caldo de cultivo para estos movimientos políticos que imponen sus opiniones sin dar razones y sin tener razón (el autor del ensayo lo define como “la razón de la sinrazón”.  Estas tendencias políticas incitan a la convivencia bárbara, en las que tarde o temprano se acaba desatando la violencia (la “acción directa”).

 Y puede ser una “casualidad o la acción del enemigo” como decía James Bond, pero el filósofo coloca a América como el paraíso de las masas donde ellas triunfan y, por tanto, también sale victoriosa la violencia, que se  implanta como la única “ratio”, la única doctrina. En una especie de profecía, este apartado sirve en la actualidad más que nunca, donde el binomio Trump y Estados Unidos se ha convertido en la metáfora de “un loco gobernando el manicomio”.

En último lugar, el filósofo español, tras analizar esa llegada a la dirección de la vida pública de las masas y extrapolar el fenómeno a un ámbito global, es interesante la solución que plantea: construir una gran nación con el grupo de pueblos continentales.

Ortega y Gasset sugiere la creación de Europa como un gran Estado nacional, donde exista un proyecto iniciativo de colaboración exento de nacionalismos que sigan aumentando la decadencia de Europa. Es inevitable que el lector conecte esta proposición con la creación de la actual Unión Europea como si de un antecedente a ésta se tratara. Esta unión de diversos países del continente europeo tuvo lugar para intentar evitar que se produjera otra catástrofe producto de la constante tensión entre países. Por tanto, ¿se fijaron personajes como  Schuman o Monneten la resolución final de La rebelión de las masas para concebir la Unión Europea? O dicho de otro modo: ¿podría ser considerado a Ortega y Gasset como “padre indirecto” de la Unión Europea?

2. “A riesgo de ser vulgar…”

A riesgo de enarbolar la bandera de la vulgaridad, toca buscar pequeños resquicios de una obra tan magna que invita cuanto menos a la reflexión del autor. Son pocos los “renuncios” que tiene Ortega y Gasset en La rebelión de las masas, y esos ínfimos detalles se basan en  opiniones y no en ideas, pues no se han aceptado las reglas del juego que impone la verdad.

El autor mantiene ser “anti-algo” es anterior a ese “algo”. Es difícil de comprender esta idea, ya que para estar en contra de alguna situación o fenómeno, primero debe existir esa situación o fenómeno. Es un orden ilógico donde se intenta situar antes el efecto que la causa.

No se puede ser, por ejemplo, anticomunista sin que el comunismo haya surgido. Tampoco se puede ser antitaurino sin que una plaza de toros abarrotada de público albergue lo que para los amantes del toreo es una “representación artística del combate entre el Hombre y la Bestia”.

También manifiesta que el español medio se ha adaptado al encanallamiento y a los tópicos que de él se cuentan. Si bien existe una mayoría que, de forma increíble, sigue  considerándose como heredera de la picaresca del aquel Lázaro del Tormes, aún resiste una “minoría absoluta” que no solo conoce la abulia y el marasmo de nuestros días, sino que intenta encontrar ese nuevo orden que con su implantación tergiverse a ese sistema tradicional. Entre ese español masa hay individuos que son conscientes de la enfermedad que sume a su país e intentan hallar el remedio para erradicarla. Aunque sea una minoría diferente e indecente, la claridad de sus cabezas permiten que vean el caos para poderse enfrentar a él. La visión de esos pocos individuos que se encuentran camuflados en la muchedumbre española se definen por las obligaciones y exigencias de revertir lo que acontece; por tanto, equivalen a esforzados o excelentes que contradicen a ese derecho de la vulgaridad que se ha incrustado en la vida del ciudadano debido a esa “rebelión de las masas” advertida por Ortega. Rebelión que tiene sus reverberaciones en el mundo actual…

Imagen| Irreverendos

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