miércoles, 29 de marzo de 2017

Les Jeunes Amours de Magritte

Magritte fue un pintor surrealista belga, cuya obra es reconocida prácticamente por todo el mundo gracias a su uso de símbolos como la manzana y el bombín

‘Canto de Amor´, de Magritte (detalle)
Ojeando el otro día una revista una imagen llamó mi atención, era una fotografía de un cuadro que representaba un paisaje de una playa, solo se veía la arena de un amarillo pálido, el mar cuyas olas llegan a la orilla y sobre él, el cielo azul de una tarde soleada. Hasta aquí parece una estampa agradablemente normal, pero sobre ese paisaje encontramos tres enormes manzanas dispuestas formado un triángulo, la de nuestra izquierda es de un rojo intenso, sobre ella en el centro una azul, y a nuestra derecha abajo una de color amarillo.

El cuadro se titula “Les Jeunes Amours” y fue pintado por el belga René Magritte allá por el año 1963. El cuadro me llamó la atención por su aparente sencillez, y su título hizo que me resultara más curioso aún. En la iconografía tradicional, las manzanas son una representación del pecado y la tentación, tal y como nos lo transmite la Biblia; pero aquí parecen emanar tanta inocencia que aunque nos lo recuerden a la vez nos alejan de ese significado.

Cada una de ellas está pintada con uno de los colores primarios (rojo, amarillo, azul) a partir de ellos se puede crear una paleta prácticamente infinita, al igual que las manzanas los colores nos remiten a un posible origen, ¿estamos quizás visitando el paraíso personal del pintor? ¿Es una alusión a su infancia cuando descubrió la pintura? Magritte empezó a formarse cuando solo tenía 12 años.

La obra de René Magritte (21 de noviembre de 1898, Lessines, Hainaut – 15 de agosto de 1967, Bruselas), se enmarca generalmente dentro del surrealismo, pero con sus propias peculiaridades, sus imágenes suelen ser, como esta, poéticas y muchas veces ingeniosas, más que oníricas como las del resto de los integrantes del grupo.

‘Canto de Amor´, de Magritte
Magritte intentaba jugar con el espectador, para ello introducía dentro de su obra imágenes cotidianas combinadas con otras con las que buscaba romper la realidad, distorsionarla para hacer al espectador hacerse más sensitivo a su entorno. La ironía, la subversión y el juego con los valores ópticos son alguna de las características más destacadas de su reconocible obra.

Aquí los colores pueden hacernos evocar experiencias de nuestras propias vivencias, el azul nos remite al cielo y al agua, a lo infinito la frescura y quizás la infancia; el amarillo es el sol, la luz, el color del trigo, del verano y también del intelecto; el rojo es sangre, es energía y pasión… Quizás cada manzana represente un pequeño trozo de nuestro paraíso particular.

Imagen| Flickr

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