martes, 28 de marzo de 2017

Un análisis forense de la tortura y la muerte de Jesús de Nazaret

Pueden extraerse conclusiones forenses sobre la tortura y muerte de Jesús de Nazaret analizando la documentación de la época y las improntas de la Sábana Santa de Turín, cuyo valor histórico todavía nadie ha desmentido 
 
Los resultados forenses de la tortura y muerte de Jesús de Nazaret
El forense José Cabrera, en la obra que se cita abajo en la bibliografía, describe las lesiones sufridas por Jesús de Nazaret desde el momento de su detención hasta su muerte en la cruz, analizando tanto la documentación de la época como las improntas que muestra la Sábana Santa de Turín.

Cabrera asegura que se puede analizar la tortura y la muerte de Jesús de Nazaret desde un triple enfoque: forense, criminológico y judicial. Aun sin contar con su cuerpo, es posible efectuar un "análisis forense retrospectivo" basado en los testimonios y la documentación de la época. Así pueden valer los relatos tanto de los Evangelios canónicos como de otros textos apócrifos, que no son falsos sino no pertenecientes a la ortodoxia de la Iglesia y descartados en el Concilio de Nicea. También es interesante analizar, para este fin, las improntas que muestra la Sábana Santa, cuyo valor hasta ahora “nadie ha desmentido”, según este autor.

La documentación histórica romana establece que desde la detención hasta la muerte en la cruz de Jesús transcurren veinticuatro horas y que, una vez crucificado, permanece vivo solo dos horas, cuando algunos crucificados duran incluso varios días. Esto es señal, según Cabrera, de la intensidad de las torturas previas de las que es sometido el procesado.

Las heridas de Jesús

Las punciones en todo el cuero cabelludo señalan que lo que lleva Jesús en la cabeza no es una corona sino que se trata de un casco tupido de espinas. Según Cabrera, los legionarios romanos no las tienen que buscar, sino que las tienen cerca porque son los utilizados para prender el fuego, al igual que en algunas zonas de España se utilizan sarmientos.

La nariz parece estar fracturada por un golpe y el hombro derecho desollado por el peso del patibulum o palo corto de la cruz, cuyo peso es de entre 40 y 50 kilos. Hay que tener en cuenta que el reo no transporta toda la cruz, sino que el palo largo permanece clavado en el suelo, a la espera del crucificado.

Los latigazos los recibe Jesús de un flagelum
Asimismo, los latigazos los recibe de un flagelum, que es un látigo romano que parte de un palo o asidero y cuyas colas terminan en bolas de plomo. La ley prohíbe golpear con este látigo en la cabeza o en otros órganos vitales. Se pretende provocar sufrimiento, pero no la muerte del individuo. De este modo, según Cabrera, Jesús recibe hasta 300 impactos de estas bolas de plomo, el triple de lo permitido en la ley judía. Así que puede que lleve varias costillas fracturadas en el momento de acarrear el patibulum, fruto de los golpes.

Al parecer, también se le desuellan ambas rodillas hasta la rótula por el efecto de las caídas y el peso del palo de la cruz.

Los clavos le atraviesan las muñecas, pasando entre los huesos, mientras que para los pies, superpuestos, se emplea un solo clavo que entra por los empeines, donde el pie es más ancho. Para Cabrera, lo habitual es atar a los crucificados, ya que los clavos, que son muy caros, se reservan para ocasiones especiales.

El centurión de la guarnición romana, antes de abandonar el lugar del sacrificio, tiene la misión de asegurarse de que el crucificado está muerto para garantizar que nadie lo descuelga con vida. Así, en el caso de Jesús, el soldado le atraviesa el corazón clavando una lanza de abajo a arriba y de derecha a izquierda.

Y de la herida, según los Evangelios, brota agua y sangre. Según el forense, el agua puede que sea el suero que rodea el corazón cuando la agonía se prolonga durante horas.

Cabrera, del mismo modo, efectúa un análisis criminológico de los elementos que acompañan las torturas y otro análisis judicial de los saltos que se dan en el proceso entre las dos leyes vigentes en Israel, la romana y la judía, con la idea de perjudicar al reo.

Pilatos, al final, en su opinión, no tiene ningún elemento objetivo para condenar a Jesús, así que lo hace por razones políticas.

Por último, hay que recordar que no es hasta el siglo XX, con el papa Pío XII, cuando un el cirujano Pierre Barbet, por primera vez, describe estas lesiones y los sufrimientos que conllevan desde el punto de vista científico. Además, se sabe que el papa llora al admitir que “no lo sabíamos, nadie nos lo había contado así”.

Bibliografía

CABRERA FORNEIRO, J., CSI: Jesús de Nazaret, el crimen más injusto. Neverland Ediciones, Madrid, 2014.


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Imagen| ABC

2 comentarios :

Ciencia, Misterio y más. dijo...

Tremendo José Antonio, no sé si fue realmente así pero desde luego sobrecoge. Muchas gracias por el artículo, lo comparto.

conscripto 88 dijo...

Nada comprobado...