lunes, 24 de abril de 2017

Isabel I, su doble siniestro y el terror psicológico

Aunque Isabel I viese otra mujer de aspecto cadavérico idéntica a ella acostada sobre su cama, todo tiene una explicación
 
El doppelgänger hace referencia a la parte reprimida de la personalidad
Por ser hija de rey, Isabel I tenía todas las papeletas para caer de plano sobre los libros de texto. Más aún desde que este, Enrique VIII, mandase cortar la cabeza de su madre, Ana Bolena, por la brujería y el adulterio que implica el no dar hijos varones. Además, Isabel reinó gracias a la causalidad del destino, es decir, porque la muerte y la infertilidad llegaron hasta sus dos predecesores legítimos en el trono, Eduardo VI y  María Tudor, sus hermanastros.

Doppelgänger o tu doble siniestro

Es esta palabra de difícil pronunciación la que define al doble andante que, se supone, todos tenemos. Para unos, una sombra o reflejo en el espejo cuyo movimiento no obedece a las leyes de la lógica; para otros, un verdadero doble de carne y hueso. En cualquier caso, el doppelgänger tiene el carácter peyorativo propio de la malicia y de la perversidad, y representa el lado más oscuro de la persona. Tanto que verlo es augurio de muerte.

Y fue por merced de Isabel I por lo que el romanticismo tradicional del doble siniestro se vio incrementado. No porque fuese una estudiosa del tema, sino porque la historia cuenta que ella misma experimentó el doppelgänger en sus propias carnes. Ocurrió en el Palacio de Richmon. Allí, Isabel vio otra mujer de aspecto cadavérico idéntica a ella acostada sobre su cama, lo que hizo que se negase en rotundo a volver a utilizar su lecho. El culmen del capítulo llegó cuando Isabel moría pocos días después.

Todo tiene explicación

Lo novelesco del tema pone los pies en el suelo si se encuadra dentro de la Psiquiatría. El caso del doppelgänger se explica en este campo como esa parte reprimida de la personalidad que todos tenemos, y que desembocaría en el terror psicológico que supone quedarse sin identidad al ver otra persona idéntica a uno mismo, un intruso que nos mostraría nuestra verdadera cara.

Pero como los dragones y el kitsune, por citar un par, el doble siniestro forma parte del imaginario mítico del ser humano. Una tradición ideada que representa los miedos psicológicos del hombre y que, sin embargo, ha supuesto ser un fabuloso recurso que ha dado para cientos en todos los artes mayores: desde Poe y  Dostoyevski hasta el rompedor cine expresionista alemán representado por Murnau o por El gabinete de Wiene.

Imagen| List Verse

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