domingo, 2 de abril de 2017

Yehojanán, el crucificado de Jerusalén

Le clavaron cada uno de los pies con un largo clavo que atravesó primero una tablilla de olivo, luego el talón y, por fin, la madera del palo

Recreación de cómo pudo haber sido crucificado Jesús de Nazaret,
a raíz de los restos hallados de Yehojanán
En junio de 1968, el arqueólogo Vassilio Tzaferis descubre en Giv'at haMitvar (al nordeste de Jerusalén) una tumba del siglo I excavada en la roca. Uno de los osarios contenía los huesos de un varón de entre veinte y treinta años, llamado Yehojanán, que murió crucificado.

Sus brazos no habían sido clavados, sino atados al travesaño horizontal. Sus pies habían sido separados a uno y otro lado del palo vertical para ser clavados no de frente, sino de lado. Le clavaron cada uno de los pies con un largo clavo que atravesó primero una tablilla de olivo, para que no sacara el pie, luego el talón y, por fin, la madera del palo.

Restos hallados de Yehojanán
Curiosamente, uno de los clavos se torció al ser fijado en la madera nudosa de la cruz y no pudo ser retirado del pie del cadáver. En el osario se han encontrado todavía unidos el talón, el clavo y la tablilla de olivo.

El cadáver de Yehojanán, llamado entre los arqueólogos el “crucificado de Giv'at ha-Mitvar”, arroja una luz siniestra sobre el suplicio que pudo haber padecido Jesús de Nazaret.

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Imagen| Wikipedia

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