lunes, 8 de mayo de 2017

¿Qué era lo que asesinó a más de 100 súbditos de Luis XV?

Un animal, un asesino en serie, la ira de Dios, toda una retahíla de teorías que han ido alimentando la historia de la Bestia de Gévaudan

La Bestia de Gévaudan parecía actuar más por diversión que por necesidad 
Independientemente del mito y la fantasía que los años y la imaginación hayan podido añadir a esta figura, existió en la Francia del siglo XVIII, un animal, con matices —ya veremos por qué—, que volvió loco al pueblo francés gobernado por Luis XV. Tantos y tan brutales fueron los asesinatos que el rey se tuvo que personar para tomar cartas en el asunto. ¿Cómo no iba a hacerlo? Gévaudan era un hervidero de espanto, terror y fobia, y eso repercutía en el buen funcionamiento de las arcas reales, que debían estar hasta arriba del todo. Por no hablar de los chismorreos que circulaban por las cortes europeas mofándose del gran ejército que no era capaz de terminar con un solo animal.

Una especie poco común

La Bestia terminó, según investigadores, con la vida de más de un centenar de personas en una longitud que rebasaba por muy poco los 80 kilómetros. El pueblo francés sabía muy bien cómo era un lobo; estaba harto de verlo rondando el ganado. El de Gévaudan, sin embargo, era una especie poco común, un individuo que solía actuar en solitario, más por diversión que por necesidad, y que lucía una larga cola de grandes dimensiones. Entre sus placeres, el decapitar el cuerpo desnudo de sus víctimas y recorrer largos caminos en poco tiempo rozando de sobra lo sobrenatural.

Pero esto no es posible, ni en 1764 ni ahora. Ningún animal arranca la cabeza de un hombre y tampoco, al menos uno de estas características, tiene la capacidad de desdoblarse para estar en dos sitios a la vez. Así es que porque el hombre tiende a exportar fuera de su ámbito todo aquello para lo que no encuentra una explicación que le satisfaga, muchos hablaron de castigo divino. Ese fue el caso del entonces obispo de Mende, Gabriel Florent de Choiseul Beaupré, para quien la bestia era un animal celestial enviado por Dios para castigar al hombre por sus pecados.

Más que una bestia

Este desdoblamiento de la Bestia cuenta con una explicación racional, que es la que obliga a poner la frase en plural: las bestias.

Al final, dos fueron asesinadas. La primera, embalsamada, fue presentada al rey Luis XV por su arcabuz real, François Antoine, quien aseguró en repetidas ocasiones que el animal que llevaba cargado a sus espaldas no era más que un lobo grande.

Pero un mes más tarde, se reanudaron los ataques en la región francesa. Recién salido de la Guerra de los Siete Años, Luis XV, sobrepasado, hizo como que no oía los rumores y continuó porfiando que la Bestia de Gévaudan había sido muerta por su arcabuz. Así que el burgo tuvo que apañárselas como pudo. Un año después, Jean Chastel mataba de nuevo a la Bestia de Gévaudan, que era también disecada con la intención de presentársela de nuevo al rey. Pero el calor hizo que el cadáver del animal no estuviese en buenas condiciones para ser presenciado por la autoridad, y Luis XV se negó a recibir a la comitiva. En esta segunda ocasión también se aseguró que era un lobo.

O, quizás, un asesino en serie

El desmembramiento corporal ha sido explicado por la tradición como un acto asistido por un humano, en concreto, por aquel que dio muerte a la Bestia, Jean Chastel. Parece que, según teorías, el hombre habría sido un asesino en serie en los dominios de Luis XV, ayudado, para sus macabros fines, por un can/lobo de larga cola adiestrado para tal efecto.

Esta teoría se apoya, además de en la obviedad —el encarcelamiento de la familia Chastel durante cuatro días coincidió también con la ausencia de actividad de la Bestia—, en el comportamiento del animal. Familiaridad con el hombre, ataques en solitario y por gusto, decapitación de víctimas desnudas sometidas, además, a abusos sexuales, invulnerabilidad a las heridas de bala. Toda una serie de sinsentidos poco propios de un lobo o de un perro.

De ahí que, por ejemplo, se hiciera responsable de las muertes a una hiena extranjera fuera de su autoctonía oriental. También hubo quien acusó al vecino de hombre lobo y quien, bajo el amparo de la religión, disculpó al animal diciendo que las muertas eran mujeres descarriadas de mentes libidinosas. El imaginario colectivo tiene tantas explicaciones como ideas.

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