lunes, 3 de julio de 2017

La tontería que le entró a un ruso para proclamarse rey de Andorra

El avispado Skósyrev, tunante y amigo de la estafa, salió del Consejo General como Boris I de Andorra. Ahí es nada

Skósyrev mostró al Síndico su proyecto regio, constitución incluida
El marzo de 1917 era febrero en Rusia. Entonces el vaso que retenía la paciencia de la sociedad estaba a punto de derramarse. La guerra no podía más; la población no quería aguantar más. Por las vastas estepas del país, muchos de sus caminantes, que llevaban el cuello demasiado enyugado, miraban con el ceño fruncido a un ejército que estaba a punto de ser el hazmerreir de Europa. También observaban con desdén a su emperatriz, Alejandra, mientras parecía hacerle ojitos a Alemania bajo el revoloteo, ya fantasmagórico, del flamante y falocéntrico Rasputín.

Rusia tenía hambre desde hacía ya demasiados meses. El 8 de ese mes de marzo, que era el 23 del febrero ruso, el país fue invadido por sus hombres y sus mujeres que, hastiados de tanto padecer, reclamaban con fervor el fin de la guerra. Aunque no por las calles, uno de esos hombres era Borís Skósyrev —también Boris Skossyreff—, un carismático soldado del zar que salió de Rusia una vez estalló la Revolución social de 1917.

A mí, el rey

Esa costumbre soldadesca de Skósyrev que le acompañó en su exilio a Reino Unido —donde se cuenta que sirvió en la Armada británica— le abandonó en 1925. El año trajo un cambio de residencia, esta vez a los Países Bajos. Allí, por cuestiones de visados, Skósyrev se casó con una bordadora. Pero la cosa no funcionó y tuvo que salir por patas hacia Palma de Mallorca «huyendo de su arresto por la policía francesa». En la isla, el gusto por las monedas le animó a ganarse el amorío de una acaudalada americana, Florence Marmon, con la que partió para Andorra cuando las autoridades españolas también le invitaron a abandonar el país.

En el pequeño país norteño, el ruso quiso ver un trono. De este modo y cual Cristóbal Colón, Skósyrev mostró al Síndico su proyecto regio, constitución incluida. A pesar de las promesas de buenaventura inversionista y estrellato económico, este no cuajó, así que el ruso decidió hacer lo mismo con la otra mitad del poder que dominaba Andorra. Ahí tuvo más suerte. Con Juan de Orleans en el bolsillo, el Síndico no tuvo más remedio que acudir al Consejo General, de donde el 7 de julio de 1934, Skósyrev salió como Boris I de Andorra. Ahí es nada.

Pero España y el obispo de la Seo no toleraron tal reinado y, 14 días después de su nombramiento, cinco agentes de la Guardia Civil, cinco, invadieron el país andorrano para encarcelar al rey impostor hasta su expulsión a Portugal, donde permanecería hasta 1938.

La fama de Borís

Algunos de los delirios caprichosos de Skósyrev fueron recogidos el 25 de julio de 1934 por los diarios de la época. En Mundo gráfico se escribía que Boris «se negó a viajar en tercera, y dijo que se pagaría él mismo el viaje, para lo cual esperaba recibir fondos», y, en la misma fecha, el madrileño La Libertad aseguraba que el «pretendiente al trono de Andorra» había declarado primero sobre la Ley de Vagos y Maleantes ante el juez de guardia, y, después, ya desde los calabozos del Palacio de Justicia de la capital, frente a los periodistas. Estos últimos se afanaron en preguntar a Boris sobre las 200 pesetas que había recibido desde la Seo, a lo que el reo contestó que eran «para comprar algunos objetos que necesitaba».

Pero como las desgracias no vienen solas, una vez que obtuvo la libertad en Portugal, Skósyrev fue enviado desde la Francia de Vichy a un campo de concentración junto con otros tantos republicanos españoles. Nada más se supo de él, así es que, presumiblemente, la historia acepta que fue allí donde el ruso que soñó con un cetro perdió para siempre su vida.

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