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domingo, 6 de agosto de 2017

Las Beguinas: el primer grupo feminista de la historia

A finales del siglo XII surge en la zona central de la Europa Occidental un movimiento que ha sido considerado el primer grupo feminista de la historia 
 
Recreación de una beguina
A finales del siglo XII surge en la zona central de la Europa Occidental un movimiento que ha sido considerado el primer grupo feminista de la historia; las beguinas, mujeres cristianas que escogieron vivir su religiosidad al margen de las estructuras eclesiásticas y de las imposiciones morales del sistema patriarcal de la Edad Media.

Esta forma de vida espiritual femenina se extendió rápidamente por toda Europa, atrayendo el recelo de una institución eclesiástica que, criticada y acusada de corrupta, es testigo de las transformaciones de una sociedad que crece, se urbaniza y poco a poco se emancipa. Son tiempos de rebelión y de renovación espiritual, ejemplificados en los numerosos movimientos laicos que se suceden y que alzan la voz contra una jerarquía opulenta. Es el caso de los espirituales, el movimiento de los penitentes, los albigenses o las beguinas. Todos ellos laicos y laicas que viven su religiosidad al margen del poder establecido.

Margarita Porete, beguina condenada por herejía y quemada viva el  1310 en la plaza de Grève de París
En el caso de las beguinas la rebelión es doble porque como laicas rompen las reglas marcadas por la autoridad eclesiástica y como mujeres rechazan el papel secundario y sumiso al que están destinadas. Las beguinas reivindican la libertad del alma y el derecho de todos los fieles a vivir su espiritualidad plenamente, sin intermediarios. Estas mujeres establecen vínculos directos con Dios, al que identifican con el Amor, y es a través de esa relación individual, de esa unión perfecta con la divinidad, que se sienten legitimadas para erigirse como mediadoras entre Él y la humanidad.

Pero lo novedoso de este movimiento es la amplia labor práctica que desempeñan estas mujeres procedentes de distintos grupos sociales. Desde mujeres educadas, de familias adineradas, hasta pobres y analfabetas, todas ellas dedicadas en cuerpo y alma a una vida de oración y contemplación, combinada con una intensa actividad social, caritativa e incluso, apostólica. La beguina se instala, la mayoría de las veces sola, o en pequeños grupos independientes cerca de las iglesias o los conventos, los grandes beguinatos, a pesar de ser los más documentados no eran espacios frecuentes.

Los más desfavorecidos de la sociedad eran su prioridad. Ya las primeras beguinas se habían caracterizado por vivir en celdas cerca de las leproserías para cuidar a sus enfermos. La enseñanza a las niñas pobres también era una labor que las mujeres instruidas desempeñaban. Sin embargo, uno de sus principales cometidos era el papel de intermediarias en la muerte. Estas“mulieres sanctae”, que disfrutaban de una importante autoridad moral entre sus vecinos, no solo se ocupaban de amortajar al difunto, sino que también rezaban por la salvación de su alma mientras velaban su cuerpo o ejercían de plañideras.

Estas labores, encaminadas a facilitar el tránsito al Más Allá, les procuraron, no solo una importante función social, sino también un medio de subsistencia. Es numerosa la documentación que muestra los legados testamentarios que estas mujeres recibían por unas tareas que en el contexto medieval eran muy preciadas. La muerte debía ser correcta, siguiendo unos criterios destinados a afrontar con éxito el juicio individual –tratados  como los arsmoriendi lo reflejan- y las beguinas se postularon para ejercer una labor que incluso las justificaba.

Beguina practicando labores asistenciales
Algunos textos  y cartas escritas por las protagonistas son las fuentes utilizadas para  reconstruir sus vidas y sus pensamientos. Ejemplos son las obras conservadas de Matilde de Magdeburg o de Hadewijch de Amberes. Revelaciones, visiones, predicaciones e incluso traducciones de los textos sagrados, son la materia principal que llena sus escritos en lenguas llamadas vulgares, por lo que se convierten en excelentes manuales de saber teológico al alcance de los laicos. Aquí, en sus textos, estará la base de la condena de la iglesia, hasta ese momento, la única gestora de la cultura sagrada.

Otro aspecto de las beguinas preocupaba a las jerarquías; el escaso control al que estaban sometidas.Estas mujeres, que no hacían voto de clausura,ni de pobreza, disfrutaban de una movilidad poco habitual para la época. La libertad de pensamiento, el cuestionamiento de la disciplina eclesiástica y, por supuesto, del matrimonio, eran una clara amenaza para el orden establecido. Un endurecimiento de las estructuras de la Iglesia y de su legislación  no jugó a su favor. La condena definitiva se produjo en el Concilio de Viena el 1311. El papa Clemente V declara el movimiento herético y lo condena bajo pena de excomunión, dando como resultado la progresiva asimilación institucional del movimiento.

Bibliografía

BOTINAS Y MONTERO, E., CABALEIRO Y MANZANEDO, J. y DURÁN VINYETA, M. A., Les Beguines. Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2002 (ISBN 84-8415-440-8).


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