miércoles, 27 de septiembre de 2017

Vincent Van Gogh, ¿fue un pintor esquizofrénico?

Van Gogh fue un pintor inconformista y rebelde, que no se doblegó a la realización dócil de un estilo artístico acorde con su época

"Autorretrato" de Vincent Van Gogh
Cuando observamos los cuadros del genial artista holandés Vincent Van Gogh, lo primero que salta a la vista es que fue un pintor inconformista, rebelde, que no se doblegó a la realización, dócil, de un estilo artístico acorde con la época que le toco vivir, sino que pintó y trabajó a su manera.

Van Gogh fue un artista que amó la Naturaleza, llegando incluso a afirmar que el arte era el hombre añadido a la Naturaleza y esta afirmación se evidencia, con absoluta claridad, en todo su obra pictórica. Él rechazó las abstracciones en las que ponía sus miras el simbolismo y la realidad fue su única fuente de inspiración y constante modelo. En la Naturaleza encontraba Van Gogh los modelos y los significados. Ahora bien; los interpretaba de un modo personal, haciendo aparecer en el lienzo sus propias emociones, porque buscaba expresar sentimientos que son ininteligibles para los demás, tal como él mismo escribió, una vez, en una carta a su querido hermano Theo.

Van Gogh partía de la Naturaleza y volvía a ella, utilizando, en primer lugar, el color, si bien hacía uso de éste de una forma arbitraria, al ser vehículo de sensaciones, y como un medio para expresar su propia subjetividad y lograr la deseada comunicación con otras personas de su entorno. Sabido es la amistad que le unió con el pintor Paul Gauguin, si bien esa relación estuvo lastrada, desde los inicios, por el carácter impetuoso y vehemente de ambos artistas.

Van Gogh estudió detenidamente la obra de los artistas puntillistas e impresionistas. Asimismo, mantuvo un interés constante e intenso por las estampas japonesas. Pero él ansiaba un colorido más luminoso, más vivo y exultante, por lo que se estableció en el sur de Francia. Más tarde, en el manicomio de Saint Rémy, la larga y triste soledad allí vivida le hizo atenuar su paleta y sustituyó los rojos, amarillos y azules vivos por pálidos tonos violetas, verde claro y ocre. La pincelada, para nuestro artista, se convirtió en un medio de expresar emociones y sensaciones.

¿Era Van Gogh esquizofrénico?

Cabe plantearse una interesante cuestión: ¿era Van Gogh esquizofrénico? Fue Karl Jaspers, en el año 1.922, quien planteó un posible diagnóstico de esquizofrenia. Walter Riese hizo renacer la idea de existencia en el artista de estados crepusculares, siendo apoyado, en sus conclusiones, por el psiquiatra español Juan Antonio Vallejo Nágera, al sostener que, en la obra “La noche estrellada”, era evidente que el pintor sufría de crisis psicomotoras.

Otras teorías también se han mantenido a lo largo de los estudios e investigaciones que se han realizado sobre el artista holandés. Así, se ha afirmado, asimismo, que, al igual que Goya, Van Gogh estaba intoxicado de plomo y que, en consecuencia, padecía saturnismo. Se pensaba que el plomo que el pintor empleaba a diario, particularmente bajo la forma de carbonato, fue ingresando en su organismo de forma progresiva, ejerciendo un efecto acumulativo sobre su organismo, efecto que comenzaría a manifestarse en 1.883, con síntomas de cansancio y de ánimo depresivo.

Sí es evidente que padecía estados de confusión, porque él mismo narra esta penosa circunstancia a su hermano Theo en algunas de sus cartas.

También ha habido autores que han sostenido que el artista sufría una neuropatía periférica de origen plúmbico, lo cual, habría dado lugar a una debilidad muscular en las manos, así como a la simplificación de los dibujos de su última etapa y el hecho de dejar inconclusas algunas obras. Todo ello unido a las modificaciones grafológicas presentes en sus últimas cartas.

La sintomatología del artista, en todo caso, fue multiforme y cambiante. Así, en los inicios de las fases agudas, se producían estados de excitación afectiva que aparecían y desaparecían rápidamente en instantes o ráfagas, a los que se unían pensamientos delirantes religiosos y filosóficos, alucinaciones acústicas bajo la forma de voces, alucinaciones ópticas y, quizás, temores de haberse envenenado. También sufría de perturbaciones del sueño, pero el síntoma conductor que aparecía continuamente era la angustia, que, a su vez, se manifestaba en los estados de agotamiento tras la remisión de estos síntomas y como temor ante una posible recaída. Pero, a un tiempo, hay indicios inequívocos del polo contrario, o sea, de felicidad y entusiasmo, quizás excesivo, demasiado eufórico.

No cabe duda que Van Gogh fue un artista enfermo, pero no hay que pensar, en realidad, que su patología le marcara hasta el extremo de ser genial pictóricamente debido a su padecimiento. No existe, desde mi punto de vista, una correlación entre genialidad y patología. Su manera de pintar no es consecuencia, al menos de forma exclusiva y excluyente, de su enfermedad. Lo que sí existe, evidentemente, es una cierta correlación entre pinceladas furiosas y vehementes y estado de excitación o euforia manifiesta.

Nosotros decimos “genio y figura hasta la sepultura” y, desde luego, no cabe dudar de la impronta genial de este artista que fue capaz de crear un mundo propio, sin parangón, dentro del marco de la pintura de fines del Siglo XIX.

Bibliografía

SOTO FEBRER, F. J. y ROMERO COLOMA A. M., Mundo de Van Gogh a través de su pintura y su enfermedad. Málaga, CAL-Málaga S.L., 2013.

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