miércoles, 18 de octubre de 2017

Iruene o Iruenes

En las cimas volcánicas de Cumbre Vieja, La Palma, se ubicaba la morada del mal

En las cimas volcánicas de Cumbre Vieja, La Palma, se ubicaba la morada del mal
"El perro negro, símbolo de muerte y mal augurio, protagonista de las noches más oscuras sembraba temor y terror en aquellos rincones más recónditos que nos podamos imaginar" (Teresa García).
  
Iruene: "El perro negro, símbolo del mal"

Las creencias siempre se han asociado a la religión, como conceptos e ideas vinculadas a un grupo social, aunque carezcan de fundamento racional. Aún así, desde la antigüedad, han formado parte como eje central de la mayoría de las culturas ancestrales, llegando incluso a trascender en el tiempo, y llegar hasta nuestro presente y actual “sociedad moderna”.

Isla de la Palma, Canarias (mitos y creencias)

En las cimas volcánicas de Cumbre Vieja, La Palma, se ubicaba la morada del mal: demonios, espíritus,... en forma de perro negro y lanudo aterrorizaban a los pastores que veían como sus rebaños iban desapareciendo a causa de éstos, incluso se cree que los hombres pudieron llegar a ser víctimas de estos ataques. Si a ello le sumamos el factor común con otras islas, con las que compartíanel ser regionesvolcánicas y activas, el lugar se convertía en el escenario perfecto para dar lugar a este tipo de mitos y creencias.

Perros salvajes, asilvestrados e intentando alimentarse es, aparentemente, lo que este mito esconde tras de sí. 


Toda leyenda tiene su base histórica y real, siempre adornada por el miedo y las creencias, y en la antigüedad, era habitual el culpar a los "espíritus del mal" de las terribles causas y consecuencias del infortunio.

Situarnos en el pasado y por un momento imaginarnos que nosotros estamos ahí, luchando por nuestra existencia e ignorando que en otros lugares comparten este mismo temor, es un escenario que nos hace razonar y comprender el porqué de estas creencias que actualmente nos parecen absurdas.

Canarias y sus leyendas nos muestran parte de la vida cotidiana de nuestros aborígenes ya que éstas formaban parte esencial del núcleo de costumbres y modo de vida y orden.

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