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jueves, 5 de octubre de 2017

La derrota de Kublai Kan

Este esperpéntico suceso militar dio origen a la expresión 'kamikaze'

Recreación del rostro de Kublai Kan
Por todos es conocida la palabra “kamikaze”, pero pocos saben su auténtico origen. En la Segunda Guerra Mundial, fue utilizada para referirse a los pilotos japoneses que se estrellaban a propósito contra las posiciones del enemigo. Pero en realidad el país nipón ya había hecho uso de su significado cuasi divino algunos siglos antes del conflicto bélico. La figura del mongol y emperador chino Kublai Kan está relacionada con ella.

Un reverenciado personaje

Kublai Kan era el nieto del conocido Gengis Kan. Asumió los títulos de Gran Kan y Emperador de China en 1260. A pesar de su origen, decidió darle importancia a China, de modo que reinstauró algunas instituciones que se habían perdido tras instaurarse el imperio a manos de su abuelo a principios del siglo XIII. Además, recuperó los ritos confucianos y las ceremonias religiosas propias de China. Como prueba de buena fe, trasladó la capital desde Mongolia hasta Tai-Tu (cerca del actual Pekín). Es más, él habitualmente utilizaba vestimentas típicas chinas.

Pero una cosa era caer bien y otra muy distinta dejarse avasallar. Se ocupó de dividir al imperio en cuatro categorías jerárquicas por razones étnicas: mongoles en la parte superior, los asiáticos del oeste y del centro, después los chinos del norte y los yurchen (conocidos como manchúes a partir del siglo XVII) y finalmente los chinos del sur. Además, los puestos de importancia en el Gobierno y las administraciones solían ostentarlas personas de origen no chino.

También cosechó importantes victorias militares. Una de ellas fue la conquista de la Dinastía Sung, al sur de China. Sus tropas ocuparían la capital, Lin-an, en 1276. En esta contienda, fue crucial el papel del poderío naval, puesto que la caballería no podía avanzar en condiciones en el terreno boscoso del sur del país.

La leyenda fraguada en la victoria japonesa

Un imperio necesita financiación, eso ya nos lo dejaron claro los romanos. Y está claro que una de las mejores formas de conseguirlo es establecer tributos. Esto fue lo que intentó Kublai Kan con Japón, pero se encontró con una inamovible negativa por parte de los nipones. Para forzarles, en 1274 y 1281, respectivamente, envió una flota que acabó en la isla de Kyushu (la isla al sur del país). Pero ni el destino ni las divinidades iban a permitir al emperador salirse con la suya.

Los japoneses no tenían armas avanzadas, y los soldados de Kublai sí. De modo que cuando las embarcaciones partieron desde Corea rumbo a la batalla nadie esperaba que la situación se saldara sin una victoria por parte de nuestro personaje. El problema era que tanto en 1274 como en 1281 las condiciones meteorológicas no eran favorables ni por asomo. En ambas ocasiones Kublai Kan se vio derrotado, primero, por unos japoneses que no permitieron que sus soldados tocaran tierra y, segundo, por dos gigantescos tifones que hundieron la mayor parte de su flota. Los pocos supervivientes que no fueron capturados regresaron a casa humillados.

Así, los que por poco fueron invadidos en dos ocasiones, bautizaron a aquél suceso meteorológico como “kamikaze”, que significa “viento divino”.

Muchos barcos mongoles fueron destruidos por gigantescos tifones
¿Qué pruebas tenemos de la veracidad de dicha leyenda?

Si algo nos ha enseñado los poemas de Homero, es que el proceso histórico puede confundirse fácilmente con la ficción del folclore popular. Es por ello que los profesionales de la Historia se encargan de hallar vestigios que prueben la veracidad de los sucesos que puedes consultar en los manuales de las bibliotecas. En el caso que nos ocupa, ha habido suerte.

En 2015 un grupo de arqueólogos pertenecientes a la Universidad de Ryukyu confirmaba que una embarcación hundida en las costas de Kyushu correspondía a la flota del desaventurado emperador. Se encontraron indicios suficientes para afirmar que fue devastada por un tifón, y que además otras tres embarcaciones hundidas en los alrededores podrían haber tenido el mismo origen y desenlace fatal.

Bibliografía

HOLCOMBE, C., Una historia de Asia Oriental: de los orígenes de la civilización al siglo XXI. México, Fondo de Cultura Económica, 2016.

Vía| History, The Guardian, El Mundo, ver bibliografía

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