lunes, 6 de noviembre de 2017

En el ejército franquista también hubo etíopes

Junto a los etíopes viajaban diecisiete peregrinos 'para tratar de disimular el verdadero destino de los abisinios', que fue el que Franco y Mussolini quisieron para ellos

Existía un acuerdo internacional de no intervención en la lucha entre republicanos y franquistas
Jupiterianas, como las de cualquier imperialista, fueron las ideas colonizadoras de Mussolini. Se quería meter todo el Cuerno de África en la cartera, nada menos. Pero existían dos problemas que se llamaban Reino Unido y Francia. En realidad, las trabas eran tres, porque a estas dos había que añadir la opinión internacional, en concreto, la de la Sociedad de Naciones.

Pero el italiano deseaba un imperio con el que mostrar el poderío del fascismo y por el que desastillar Italia de las espinas que en el pasado le había clavado el Tratado de Versalles, por una parte, y Abisinia, Etiopía, en forma de derrota estrepitosa, por la otra.

Así es que puso el ojo en África, donde ya tenía algunas posesiones. Eritrea, la primera de todas las colonias en el continente africano, Libia y Somalia. Abisinia, que había herido el orgullo de Italia al ser vencida por el ejército etíope en 1895, quedaba en medio, vacía de autoridad europea y también de armamento militar. Por ello Mussolini la envolvió con un ataque fronterizo desde sus otras dos colonias. Y ganó. A los siete meses, el 9 de mayo de 1936, proclamó Emperador de Etiopía a Víctor Manuel III, que ya era rey de Italia. Emperador, no negus. Para el Duce quedaba el honroso título de Fundador del Imperio italiano mientras la comunidad internacional reprochaba su campaña por pertenecer Abisinia a la Sociedad de Naciones. Y multa al canto, claro. Eso sí, el petróleo siguió siendo para todos menos para los etíopes.

Y España reventó

Es decir, Etiopía se las arreglaba bajo el singo del fascismo. A todo esto, España entró en guerra. Existía un acuerdo internacional de no intervención en la lucha entre republicanos y franquistas. Pero no se cumplió; no se respetó por parte no solo de Italia, sino también de Alemania y Portugal, entre otros. Eran precisamente aquellos países que andaban por Europa con el totalitarismo a flor de piel. Dios los cría y ellos se juntan, dicen.

La prensa de la época está atiborrada de noticias que ponen de manifiesto la ruptura del pacto. No se podía permitir una internacionalización del conflicto español en un momento tan delicado para Europa, que terminó por explotar en 1939.

Mencionamos, por ejemplo y solo por ejemplo, el caso de Tarragona. Con un «¡Odio a los criminales invasores!», La Voz del combatiente se indignaba el 19 de enero de 1939 por la masacre de Santa Coloma de Queralt, Tarragona, donde 250 españoles fueron asesinados por la división Litorio: «Supone el mayor baldón que pueda caer sobre la conciencia internacional, que tolera una intervención que realiza estos crímenes». Solo un botón entre cientos.

O sea que Mussolini tenía mano de obra africana a bajo precio, que es el que da el sometimiento. Por lo tanto, Etiopía, la del petróleo, solo podía agachar la cabeza ante las órdenes del Duce, que, como decimos, acostumbró durante la Guerra Civil a echar más de una mano a Franco.

El 19 de marzo de 1937, El Socialista de Pablo Iglesias se refería a Abisinia como «este país desgraciado» y ABC daba la noticia con el siguiente titular: «Mussolini manda carne de cañón. Como los italianos corren, ahora traerá abisinios». Eran cuatrocientos hombres directos a engrosar las filas del ejército nacional a bordo del Dómine.

Visita de Negus Haile Selassie a Toledo (1971)
El fascismo a vapor

Este vapor, el Dómine, tuvo sus momentos de gloria durante la Guerra Civil española. A las puertas de que los cañones escupiesen, furiosos, contra la tierra de todos, el barco había tenido que salir de Las Palmas sin cargamento de fruta debido a la huelga de los marineros. Así, medio vacío, había tocado tierra en Barcelona seis días después, el 16 de julio de 1936,  dándose de lleno con la misma reivindicación.

También el Dómine fue el que llevó a los primeros falangistas a las Canarias. Una de estas exploraciones acarreó desde el archipiélago hasta Vigo a un buen número de presidentes sindicales y otras personalidades relevantes de la República, entre ellos José Suárez Cabral ‘Joselito’, quien fuese primer secretario político del Partido Comunista en las Canarias: «No los fusilaron porque eran generalmente estimados en las islas y se temía que su muerte provocase una grave reacción», relataba El Sol en abril del 37. Pero murieron. Dice el diario que fueron las letras las que se encargaron de dar la noticia. Y es que fue la mano de los falangistas canarios que se ocuparon de los republicanos en el trayecto —uno «apellidado Larrea, que era uno de los jefecillos de Falange»— la que escribió por carta el malhadado desenlace.

Con España ya tronando, la sección La guerra, al día del diario Nosotros recoge el 28 de julio de 1937 uno de los comunicados del Ministerio de Defensa Nacional. Era sobre el bombardeo al puerto de Gijón: «Los barcos facciosos "Dómine" y "Plus-Ultra" cañonearon el Musel, sin consecuencias, contestando nuestras baterías», contaba.

Pero, ¿cómo terminó en manos franquistas? Lo aclara el relato de un ingeniero norteamericano que estuvo prisionero de los nacionales en Las Palmas. El hombre aseguraba para Ahora el 6 de diciembre de 1937 que la tripulación del Dómine fue hecha prisionera y, por lo tanto, fusilada. Fin.

Ese mismo barco fue en el que los etíopes salieron de Port Said para España a las 15:00 horas del día 16 de marzo de 1937, escalando en Somalia y en Mesaguar. Iban destinados a Ceuta y, de ahí, a los puertos rebeldes en los que hiciesen falta. A socapa, porque, según la prensa, junto a los cuatrocientos africanos viajaban diecisiete peregrinos «para tratar de disimular el verdadero destino de los abisinios».

Imagen| Cabecera, Foto 1

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