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domingo, 17 de diciembre de 2017

El secuestro, martirio y crucifixión del Santo Niño de la Guardia

Los vecinos del pueblo toledano de La Guardia salen en procesión, hacia una pequeña ermita excavada en piedra caliza a unos tres kilómetros, para honrar y recordar a la figura del Santo Niño. ¿De dónde procede esa tradición? 
 
El secuestro, martirio y crucifixión del Santo Niño de la Guardia
Cada 25 de septiembre, los vecinos del pueblo toledano de La Guardia salen en procesión, hacia una pequeña ermita excavada en piedra caliza, situada apenas tres kilómetros, para honrar y recordar a la figura del Santo Niño, también conocido por San Cristobalito. Esta pequeña talla rememora la figura del niño de siete años supuestamente raptado, torturado y crucificado el Viernes Santo de 1491, a manos de un grupo de judíos y judeoconversos, de Toledo, Tembleque y Quintanar de la Orden, como venganza a una serie de ajusticiamientos de judíos llevada a cabo por el Tribunal de la Inquisición en Toledo.

La ermita se erige sobre la cueva donde, según la confesión de uno de los procesados por el Tribunal de la Inquisición, el niño fue sometido a torturas para luego ser crucificado “en unos palos cruzados”. Esta confesión fue obtenida bajo tormento de Yusef Franco, quien fue posteriormente quemado vivo en Ávila el 16 de noviembre de 1491, tras un proceso ordenado por Fray Tomás de Torquemada. Pocos meses después, el 31 de marzo de 1492, los Reyes Católicos, a través del Edicto de Granada, ordenaban la expulsión de los judíos de los reinos hispánicos.

Para muchos historiadores el asesinato del Niño de la Guardia fue el detonante de la expulsión de los judíos, pero ¿qué pasó realmente? ¿Fue asesinado el Niño de la Guardia? Y si esto ocurrió realmente, ¿quién fue el culpable?

Son muchas aún hoy los interrogantes que se ciernen sobre el proceso judicial llevado a cabo por el Tribunal de la Inquisición. Los datos disponibles comienzan relatando una desaparición de un niño en una la procesión en Toledo, posiblemente en la de la Asunción o la del Corpus. La identidad real del niño no está clara y se le han asignado diversos orígenes (Aragón, Jaén  o Toledo). Otro dato confuso  es el nombre del infante, que un primer momento se llamaba Juan, pero con el paso del tiempo acabó siendo conocido por Cristóbal, nombre con claras referencias cristológicas. Pero el dato sin duda más relevante que hace dudar de la veracidad de los hechos es que el cuerpo del pequeño nunca apareció. La desaparición del cadáver se  justificó con la milagrosa elevación a los cielos del cuerpo del niño después de ser torturado y crucificado. La justificación de la elección de La Guardia (conocida como la Jerusalén de la Mancha), como lugar de ejecución también resulta un tanto forzada, ya que, siempre según las confesiones obtenidas bajo tortura, el lugar de sacrificio fue elegido por su similitud paisajística con la Palestina de Cristo.

Con la información disponible a día de hoy, es lógico tener serias dudas sobre la veracidad del crimen sin cuerpo de La Guardia. Muchos historiadores ven la alargada mano del Santo Tribunal de la Inquisición, que habría aprovechado el clima antisemita provocado por la existencia de una extendida rumorología sobre numerosos casos de desaparición de niños, profanaciones de hostias consagradas  y envenenamiento de pozos, llevados a cabo por parte de la población judías; para crear, sostener y culminar un proceso judicial diseñado a la medida del crucial momento histórico que se vivía. Todo proceso inquisitorial necesitaba de unos culpables y no era difícil encontrarlos entre los judíos conversos acusados de ritos judaizantes.

El crimen del Niño de la Guardia no es un caso aislado dentro de una larga lista de acusaciones de libelo de sangre contra los judíos en toda Europa, sin embargo no puede obviarse la importancia histórica que este caso pudo tener como elemento desencadenante en la expulsión de los judíos de territorio español.

Vía| RTVE

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